ROSARIO de las Semanas 20200903

#RosarioFrayNelson para el Jueves:
Contemplamos los Misterios de la vida pública del Señor

Usamos esta versión de las oraciones.

  1. En el primer misterio de la vida pública contemplamos a Jesús, que es bautizado por Juan en el Jordán y recibe la unción del Espíritu Santo.
  2. En el segundo misterio de la vida pública contemplamos que el diablo tienta a Jesús en el desierto pero al final tiene que retirarse derrotado.
  3. En el tercer misterio de la vida pública contemplamos las bodas en Caná de Galilea, donde Cristo dio su primera señal como Mesías.
  4. En el cuarto misterio de la vida pública contemplamos a Jesús, que predica la Buena Nueva a los pobres.
  5. En el quinto misterio de la vida pública contemplamos a Jesús, que llama a algunos discípulos para que estén con él y sean sus apóstoles.
  6. En el sexto misterio de la vida pública contemplamos la transfiguración del Señor, verdadero anuncio de su pasión y de su pascua.
  7. En el séptimo misterio de la vida pública contemplamos la institución de la Eucaristía y el mandamiento de amar como Jesús nos ha amado.

[REPRODUCCIÓN PERMITIDA – Este es un ejercicio privado de devoción “ad experimentum” en proceso de aprobación oficial. Puede divulgarse en las redes sociales, blogs, emisoras de radio, y otros medios siempre que al mismo tiempo se haga la presente advertencia.]

Importante documento de la Conferencia Episcopal Polaca sobre orientación sexual

“La Conferencia Episcopal Polaca ha difundido al finalizar este mes de agosto un documento de 27 páginas sobre asuntos “LGTB+”, anunciándolo también con una nota de prensa en la que destacan que hay que respetar a las personas con sentimientos homosexuales, pero a la vez es necesario discrepar de la ideología de género y poder discrepar de las posturas incompatibles con las enseñanzas católicas sobre sexualidad, familia y derechos de los niños, por ejemplo…”

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LA BIBLIA – Día 246 de 365

Fr. Nelson Medina, O.P. lee contigo el texto completo de la Sagrada Escritura – Día 246 de 365

Job 1–3
Sabiduría 6,12-16
Lucas 18,18-43

Lo que se ha publicado de esta serie de lectura de la Biblia.

Formación católica todos los días: amigos@fraynelson.com

Predicación y más oración: http://fraynelson.com/blog

Seguimos el texto publicado en la página web del Vaticano.

Cuando los jesuitas fueron expulsados de las reducciones

La expulsión de los jesuitas

En general, el mundo hispano-criollo, encomenderos, comerciantes, clero secular, desde el principio, vió con hostilidad las reducciones, en las que ni siquiera se podía entrar sin autorización. Hubo, sin duda, autoridades representantes de la Corona y algunos obispos que las apreciaron y apoyaron mucho. Pero, en todo caso, abundaron sobre ellas las calumnias y falsedades, que llegaron hasta Europa, y alimentaron también la Leyenda negra.

Algunas de las persecuciones sufridas por las reducciones guaraníes merecen ser recordadas. Entre 1640 y 1661 las reducciones fueron duramente hostilizadas por Bernardino de Cárdenas, obispo de la Asunción, y luego de Popayán. Y entre los gobernadores, conviene recordar como enemigo acérrimo de los jesuitas y de las reducciones a don José de Antequera, que finalmente murió ajusticiado (1731). Pocos años después, cuando se alzó una Comuna revolucionaria en Asunción, el ejército guaraní colaboró decisivamente con las fuerzas reales en el sometimiento de la ciudad (1735), cosa que no aumentó, ciertamente, la simpatía de los criollos hacia las reducciones. Tantas fueron, en fin, las acusaciones contra los jesuitas y las reducciones, que en Madrid se ordenó una investigación a fondo. Y el resultado, completamente elogioso, fue la Cédula grande de Felipe V (1743).

Pero se avecinaban tormentas aún más graves. En 1750, el Tratado de Límites entre España y Portugal implicaba la cesión a los portugueses de siete reducciones. 30.000 guaraníes rechazaron en absoluto el dominio lusitano, entre otras razones porque en Portugal estaba legalizada la esclavitud. Se levantaron en armas en 1753 y fueron diezmados. Con esa ocasión, los jesuitas quedaron tachados de instigadores. El Tratado, sin embargo, fue revocado en 1759.

El golpe definitivo vino en 1767, cuando Carlos III expulsó a los jesuitas de España y de todos sus dominios. La operación policíaca fue encomendada por el conde de Aranda al marqués de Bucareli, nombrado para ello gobernador de Buenos Aires. Como ya vimos al referir esta expulsión en México (278), las terminantes instrucciones disponían la muerte del gobernador si después de cierta fecha quedase en su circunscripción algún jesuita, incluso enfermo o moribundo. Escuadrones de caballería, el 22 de julio, dieron cumplimiento a la orden -«Yo, el Rey»- (Decreto, +Tentación 185).

En esos años, políticamente ignominiosos, España mereció perder América, que era ya una inmensa parte de sí misma. Qué lejos quedaba la época en que Reyes católicos, asistidos por Consejos honrados de juristas y teólogos, se afanaban por servir a la verdad en la justicia. Por lo que a las reducciones se refiere, ha de decirse que mientras la política española inspiró sus decisiones en el Evangelio, ellas siempre encontraron en la Corona ayuda y defensa. Pero en la misma Corona encontraron su ruina cuando ésta tuvo por consejera a la Ilustración, representada en las enciclopédicas personas del conde de Aranda y de don José Moñino. Éste fue recompensado con el título de conde de Floridablanca por haber conseguido el gran triunfo político de arrancar en 1773 al papa Clemente XIV no ya la expulsión de los jesuitas del Reino de España, sino su completa extinción (Breve Dominus ac Redemptor).

A causa de ese decreto, 68 misioneros hubieron de abandonar para siempre a los 93.181 indios que vivían en 32 reducciones: 13 en el Paraná, 17 en el Uruguay y 2 en el Taruma. La expulsión de los jesuitas suprimió bruscamente de la América hispana la preciosa acción misionera de 2.700 religiosos, ocasionando daños gravísimos en la Iglesia. Todos los padres debían ser desembarcados en Cádiz, pero 420 murieron en la travesía, a causa de los malos tratos sufridos en la prisión y de las privaciones que soportaron en el barco. Reposan en el Atlántico, en el corazón de Dios y en la memoria agradecida de la Santa Iglesia Católica.

Los jesuitas sobrevivientes sufrieron en Europa el grave síndrome de abstinencia de América, que muchos padecemos.


El autor de esta obra es el sacerdote español José Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aquí la obra se publica íntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse aquí.