conversion

Misericordia y conversión

Admira esta paradoja amable de la condición de cristiano: nuestra propia miseria es la que nos lleva a refugiarnos en Dios… y con El lo podemos todo. Cuando hayas caído, o te encuentres agobiado por la carga de tus miserias, repite con segura esperanza: Señor, mira que estoy enfermo; Señor, Tú, que por amor has muerto en la Cruz por mí, ven a curarme. Confía, insisto: persevera llamando a su… Leer más »Misericordia y conversión

Diálogo íntimo con el Señor

En la vida del cristiano, “todo” tiene que ser para Dios: también las debilidades personales, ¡rectificadas!, que el Señor comprende y perdona. ¿Qué te he hecho, Jesús, para que así me quieras? Ofenderte… y amarte. -Amarte: a esto va a reducirse mi vida. Más pensamientos de San Josemaría.

Nuestras miserias y sus misericordias

No te asustes, ni te desanimes, al descubrir que tienes errores…, ¡y qué errores! -Lucha para arrancarlos. Y, mientras luches, convéncete de que es bueno que sientas todas esas debilidades, porque, si no, serías un soberbio: y la soberbia aparta de Dios. Pásmate ante la bondad de Dios, porque Cristo quiere vivir en ti…, también cuando percibes todo el peso de la pobre miseria, de esta pobre carne, de esta… Leer más »Nuestras miserias y sus misericordias

Muévete a conversión

¡Cuánta villanía en mi conducta, y cuánta infidelidad a la gracia! -Madre mía, Refugio de pecadores, ruega por mí; que nunca más entorpezca la obra de Dios en mi alma. ¡Tan cerca de Cristo, tantos años, y… tan pecador! -La intimidad de Jesús contigo, ¿no te arranca sollozos? Más pensamientos de San Josemaría.

Volver a Dios

Escribes, y copio: “«Domine, tu scis quia amo te!» -¡Señor, Tú sabes que te amo!: cuántas veces, Jesús, repito y vuelvo a repetir, como una letanía agridulce, esas palabras de tu Cefas: porque sé que te amo, pero ¡estoy tan poco seguro de mí!, que no me atrevo a decírtelo claro. ¡Hay tantas negaciones en mi vida perversa! «Tu scis, Domine!» -¡Tú sabes que te amo! -Que mis obras, Jesús,… Leer más »Volver a Dios

Conversión posible a la vista

Algunos hacen sólo lo que está en las manos de unas pobres criaturas, y pierden el tiempo. Se repite a la letra la experiencia de Pedro: «Præceptor, per totam noctem laborantes nihil cepimus!» -Maestro, hemos trabajado toda la noche, y no hemos pescado nada. Si trabajan por su cuenta, sin unidad con la Iglesia, sin la Iglesia, ¿qué eficacia tendrá ese apostolado?: ¡ninguna! -Han de persuadirse de que, ¡por su… Leer más »Conversión posible a la vista

Tiempo de conversión

Todo lo espero de Ti, Jesús mío: ¡conviérteme! Cuando aquel sacerdote, nuestro amigo, firmaba “el pecador”, lo hacía convencido de escribir la verdad. -¡Dios mío, purifícame también a mí! Si has cometido un error, pequeño o grande, ¡vuelve corriendo a Dios! -Saborea las palabras del salmo: «cor contritum et humiliatum, Deus, non despicies» -el Señor jamás despreciará ni se desentenderá de un corazón contrito y humillado. Dale vueltas, en tu… Leer más »Tiempo de conversión

Sin excusas

¡No me seas comodón! No esperes el año nuevo para tomar resoluciones: todos los días son buenos para las decisiones buenas. «Hodie, nunc!» -¡Hoy, ahora! Suelen ser unos pobres derrotistas los que esperan el año nuevo para comenzar…, porque, además, luego… ¡no comienzan! De acuerdo, has obrado mal por debilidad. -Pero no entiendo cómo no reaccionas con clara conciencia: no puedes hacer cosas malas, y decir -o pensar- que son… Leer más »Sin excusas