LA GRACIA 2021/11/23 Las bases para edificar nuestras vidas

Para edificar nuestra vida debemos hacerlo sobre bases sólidas, con nuestra mirada puesta en el Señor teniendo capacidad de discernimiento y rectitud de la voluntad.

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Una voluntad formada para AMAR

Persevera, voluntariamente y con amor -aunque estés seco-, en tu vida de piedad. Y no te importe si te sorprendes contando los minutos o los días que faltan para acabar esa norma de piedad o ese trabajo, con el turbio regocijo que pone, en semejante operación, el chico mal estudiante, que sueña con que se termine el curso… Persevera -insisto- con eficaz y actual voluntad, sin dejar ni un instante de querer hacer y aprovechar esos medios de piedad.

Vive la fe, alegre, pegado a Jesucristo. -Amale de verdad -¡de verdad, de verdad!-, y serás protagonista de la gran Aventura del Amor, porque estarás cada día más enamorado.

Dile despacio al Maestro: ¡Señor, sólo quiero servirte! ¡Sólo quiero cumplir mis deberes, y amarte con alma enamorada! Hazme sentir tu paso firme a mi lado. Sé Tú mi único apoyo. -Díselo despacio…, ¡y díselo de veras!

Más pensamientos de San Josemaría.

Respuesta a algunos argumentos contra el libre albedrío

“Jonathan Edwards (1703 – 1758) es uno de los máximos referentes teológicos del calvinismo norteamericano. Su obra tal vez más famosa es “Una investigación acerca de las nociones modernas prevalentes sobre la libertad de la voluntad, que se supone que es esencial a la agencia moral, la virtud y el vicio, las recompensas y el castigo, el elogio y la inculpación”, de 1754. En la obra Edwards polemiza con el “arminianismo”, que es una escisión del calvinismo basada justamente en que Jacobo Arminio, teólogo calvinista holandés, defendía el libre albedrío contra Calvino y sus seguidores. Nuestra intención es analizar aquí los argumentos de Edwards contra lo que entendemos que es la concepción común y universal de “libre albedrío”…”

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¿Es la voluntad el sujeto de la caridad?

Como ya hemos visto (1 q.80 a.2), hay dos apetitos: el sensitivo y el intelectivo, llamado voluntad. El objeto de uno y otro es el bien, aunque de manera diferente. El objeto del apetito sensitivo es, efectivamente, el bien captado por el sentido; mas el objeto del apetito intelectivo o voluntad es el bien bajo la razón común de bien, tal como lo puede captar el entendimiento. Ahora bien, el objeto de la caridad no es un bien sensible, sino el bien divino conocido sólo por el entendimiento. Por eso, el sujeto de la caridad no es el apetito sensitivo, sino el intelectivo o voluntad. (S. Th., II-II, q.24, a.1, resp.)


[Estos fragmentos han sido tomados de la Suma Teológica de Santo Tomás, en la segunda sección de la segunda parte. Pueden leerse en orden los fragmentos publicados haciendo clic aquí.]

Razones para obrar en la adversidad

“Afortunadamente, han quedado muy atrás aquellos moralismos austeros de otros tiempos, con esa exagerada exaltación del sacrificio y con desproporcionados sentimientos de culpa. Ahora, sin embargo, habría que preguntarse: ¿es posible vivir rectamente sin sacrificio y sin una adecuada noción de culpa?”

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¿Se puede decir que la esperanza tiene su casa propia en la voluntad?

Como hemos demostrado (1 q.8 a.2), los hábitos se conocen por sus actos. Ahora bien, el de la esperanza es un movimiento de la parte apetitiva, ya que su objeto es el bien. Mas dado que en el hombre hay dos apetitos, el sensitivo, que se divide en irascible y concupiscible, y el intelectivo, llamado voluntad, del que hemos tratado en otra parte (1 q.80 a.2; q.82 a.5), a los movimientos que se dan en el apetito inferior con pasión, corresponden en el superior otros semejantes que se dan sin ella, como hemos expuesto (1 q.82 a.5 ad 1; 1-2 q.22 a.3 ad 3). Pero el acto de la virtud de la esperanza no puede pertenecer al apetito sensitivo, ya que el bien, que es el objeto principal de esta virtud, no es bien sensible, sino divino. Por eso la esperanza tiene como sujeto el apetito superior, no el inferior, al cual corresponde el irascible. (S. Th., II-II, q.18, a.1, resp.)


[Estos fragmentos han sido tomados de la Suma Teológica de Santo Tomás, en la segunda sección de la segunda parte. Pueden leerse en orden los fragmentos publicados haciendo clic aquí.]

Sobre la voluntad de Dios y la voluntad humana

En el Padrenuestro pedimos a Dios que haga su voluntad. ¿Significa ello la anulación de nuestro ser y querer? Así han querido entenderlo los enemigos de la fe, que ven la relación entre Dos y el hombre a la manera de un balancín, de modo que afirmar a Dios sería negar al hombre, y lo contrario. La realidad son embargo es mucho más compleja porque es compleja la voluntad del hombre. Cumplir el querer divino puede ser contradicción y mortificación en un cierto plano superficial pero es a la vez afirmación y gozo en otro sentido más profundo y permanente.

Voluntad generosa al servicio de Dios

Al extinguirse las llamaradas del primer entusiasmo, el avance a oscuras se torna penoso. -Pero ese progreso, que cuesta, es el más firme. Y luego, cuando menos lo esperes, cesará la oscuridad y volverán el entusiasmo y el fuego. ¡Persevera!

Dios nos quiere a sus hijos como fuerzas de ofensiva. -No podemos quedarnos a la expectativa: lo nuestro es luchar, allá donde nos encontremos, como un ejército en orden de batalla.

No te falta el trato agradable de conversador inteligente… Pero también eres muy apático. -“Si no me buscan…”, te excusas. -Si no cambias -puntualizo- y no vas al encuentro de quienes te esperan, nunca podrás ser un apóstol eficaz.

Más pensamientos de San Josemaría.

Trabajo fuerte en la voluntad

Es bueno que te coman el alma esas impaciencias. -Pero no tengas prisas; Dios quiere y cuenta con tu decisión de prepararte seriamente, durante los años o meses necesarios. -No le faltaba razón a aquel emperador: “el tiempo y yo contra otros dos”.

¿Que si has de mantenerte silencioso e inactivo?… -Ante la agresión injusta a la ley justa, ¡no!

Cada día te vas “chiflando” más… -Se nota en esa seguridad y en ese aplomo formidable, que te da el saberte trabajando por Cristo. -Ya lo ha proclamado la Escritura Santa: «vir fidelis, multum laudabitur» -el varón fiel, de todos merece alabanzas.

Nunca te habías sentido más absolutamente libre que ahora, que tu libertad está tejida de amor y de desprendimiento, de seguridad y de inseguridad: porque nada fías de ti y todo de Dios.

Más pensamientos de San Josemaría.

Fuerte es el que levanta sin caerse

¿Qué perfección cristiana pretendes alcanzar, si haces siempre tu capricho, “lo que te gusta”…? Todos tus defectos, no combatidos, darán un lógico fruto constante de malas obras. Y tu voluntad -que no estará templada en una lucha perseverante- no te servirá de nada, cuando llegue una ocasión difícil.

“Conozco a algunas y a algunos que no tienen fuerzas ni para pedir socorro”, me dices disgustado y apenado. -No pases de largo; tu voluntad de salvarte y de salvarles puede ser el punto de partida de su conversión. Además, si recapacitas, advertirás que también a ti te tendieron la mano.

Más pensamientos de San Josemaría.

Un gran ideal en muy breves palabras

La oración colecta del día resume bien el camino de la vida cristiana y el propósito de un buen retiro espiritual: que podamos cumplir libremente la voluntad de Dios.

Cristo rompe las cadenas, 2 de 4: las cadenas de la voluntad

[Predicación en la Asociación Católica “Jesús en ti confío” de Bucaramanga. Junio de 2016.]

Tema 2 de 4: Las cadenas de la voluntad

Sensualidad – vicio – adicción
Duelo – tristeza – depresión
Miedo – ansiedad – fobias, paranoias
Venganza – ira – odio
Mediocridad – pereza – apatía
Soledad – vacío – egoísmo
Soberbia – orgullo – desprecio