ROSARIO de las Semanas 20201112

#RosarioFrayNelson para el Jueves:
Contemplamos los Misterios de la vida pública del Señor

Usamos esta versión de las oraciones.

  1. En el primer misterio de la vida pública contemplamos a Jesús, que es bautizado por Juan en el Jordán y recibe la unción del Espíritu Santo.
  2. En el segundo misterio de la vida pública contemplamos que el diablo tienta a Jesús en el desierto pero al final tiene que retirarse derrotado.
  3. En el tercer misterio de la vida pública contemplamos las bodas en Caná de Galilea, donde Cristo dio su primera señal como Mesías.
  4. En el cuarto misterio de la vida pública contemplamos a Jesús, que predica la Buena Nueva a los pobres.
  5. En el quinto misterio de la vida pública contemplamos a Jesús, que llama a algunos discípulos para que estén con él y sean sus apóstoles.
  6. En el sexto misterio de la vida pública contemplamos la transfiguración del Señor, verdadero anuncio de su pasión y de su pascua.
  7. En el séptimo misterio de la vida pública contemplamos la institución de la Eucaristía y el mandamiento de amar como Jesús nos ha amado.

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LA GRACIA 2020/11/13 Lo esencial del amor y de la fe cristiana

Lo esencial del amor está en la obediencia a los mandamientos de Dios y lo esencial de la fe está en la Encarnación porque sin ella no sería posible la cruz, de ella depende nuestra redención.

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LA BIBLIA – Día 316 de 365

Fr. Nelson Medina, O.P. lee contigo el texto completo de la Sagrada Escritura – Día 316 de 365

Lamentaciones 3
Eclesiástico 24,18-34
Juan 13

Lo que se ha publicado de esta serie de lectura de la Biblia.

Formación católica todos los días: amigos@fraynelson.com

Predicación y más oración: http://fraynelson.com/blog

Seguimos el texto publicado en la página web del Vaticano.

Primeras poblaciones al sur del Brasil

El sur

Las primeras poblaciones brasileñas meridionales fueron, en la misma costa, San Vicente y, no lejos de ella, sobre una colina, Sao Paulo. Esta pequeña población, situada en la frontera, que sólo a fines del XVI llegó a los 2.000 habitantes blancos, dio origen a innumerables expediciones de exploración y conquista, unas veces buscando piedras y metales preciosos, otras para ganar tierras, pero casi siempre y principalmente para capturar esclavos indios.

Las bandeiras paulistas, formadas por unos pocos blancos, y un mayor número de mestizos e indios, a partir sobre todo de la segunda mitad del XVI, arrasaron con extrema audacia y ferocidad la población indígena, comenzando por los carijó y otras tribus próximas a Sao Paulo.

Sus primeras incursiones fueron por el río Tieté contra los tamoio y contra los bilreiros o coroados. En 1590, Jorge Correia, capitán mayor de Sao Paulo, con Jerónimo Leitao, iniciaron expediciones por el sur hasta Paranaguá y después por el río Tieté, destruyendo cientos de poblados indígenas, y matando o reduciendo a esclavitud unos 30.000 indios. Otra expedición de 1602, guiada por Nicolau Barreto, después de causar muchos estragos, regresó con 3.000 temiminó apresados.

Aún más graves fueron las incursiones paulistas contra las reducciones. Los jesuitas españoles, dirigidos por el padre Ruiz de Montoya, a partir de 1610, habían establecido en veinte años 15 reducciones de indios en la zona de Guayra, junto a los ríos Paranapánema, Tibagi e Ivaí, es decir, a medio camino entre la Asunción española y el Sao Paulo portugués. Y esto constituía para los bandeirantes paulistas una tentación demasiado grande.

Ataques conducidos por Manoel Preto, se produjeron en 1616, 1619 y 1613-1624. En 1628, una enorme bandeira guiada por el terrible Antonio Rapôso Tavares, y otras incursiones de 1630 y 1631, consumaron el desastre: miles y miles de indios cristianos neófitos eran muertos o esclavizados por otros hermanos cristianos. Las ciudades hispanas de Vila Rica y Ciudad Real fueron despobladas para siempre, y los jesuitas, con unos 10.000 indios que todavía quedaban de las reducciones, hubieron de emigrar en cientos de canoas hacia el sur, por el Paraná. Posteriormente fundaron reducciones a orillas del Ijuí y del Ibicuí, tributarios del Uruguay, e incluso se extendieron en 1633 por el Jacuí, que desemboca al este en la Laguna de los Patos.

Pero hasta allí llegó en 1636 Antonio Rapôso, el mayor de los bandeirantes, al frente de una formidable expedición autorizada por el gobernador de San Vicente, y otra gran bandeira incursionó también en los años siguientes. Fue entonces cuando los indios de las reducciones jesuitas, ya armados con autorización de la Corona, frenaron en 1641 a los paulistas, infligiéndoles una gran derrota, que ya describimos en otro lugar (476). De este modo quedó fijada por entonces la frontera meridional entre las posesiones españolas y portuguesas.

Por otra parte, las aldeias misionales organizadas en la zona de Sao Paulo por los jesuitas alcanzaron una considerable prosperidad, pero los problemas con los blancos, que exigían de los indios reducidos un trabajo durante una parte del año, fueron continuos. Y tantas eran las protestas de los jesuitas, que de 1640 a 1653 fueron expulsados de Sao Paulo, y también de Río, de manera que la mayor parte de la población indígena, tan laboriosamente reunida, volvió a dispersarse.


El autor de esta obra es el sacerdote español José Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aquí la obra se publica íntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse aquí.