Antídoto necesario

Cuanto más potente el veneno, más urgente y más potente ha de ser el antídoto.

Las divisiones profundas y cada vez más agresivas se han convertido en un terrible veneno para nuestra sociedad. Y la solución no es poner un calmante llamado “tolerancia.” La tolerancia se revienta ante el terrorismo, ante el abuso, ante la manipulación, ante el engaño, ante la injusticia repetida.

El antídoto más urgente es entender qué hay de cierto, qué hay de razonable, qué hay de justo en las peticiones de los diversos grupos. El antídoto se llama: abrirse a la verdad.

Sin ese antídoto, lo demás es ley de la jungla, imposición del más fuerte, carrera de trampas y mentiras.

Lo difícil de abrirse a la verdad es admitir qué hay de correcto en aquel que no piensa como yo, aquel que no comparte mis gusto o ni siquiera mis principios.

Pero es el único antídoto posible. Y hay que tomarlo pronto.

Historia de un milagro en Boston

“Desde que la hija del neurólogo Fernando Dangond Castro se sanó de un agresivo tipo de cáncer, el médico colombiano se replanteó sus conceptos sobre la vida y la muerte, sobre la ciencia y sobre Dios. El riguroso profesor de Harvard, y director médico en Estados Unidos de la farmacéutica Merck, ahora es un devoto creyente del poder de los milagros…”

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LA GRACIA del Domingo 4 de Febrero de 2018

DOMINGO V DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO B

El sufrimiento es un motivo de encuentro con Jesús porque Él se acerca para sanar las heridas de este mundo lleno de dolor, dándole sentido a cada vida.

[REPRODUCCIÓN PERMITIDA – Ayúdanos a divulgar este archivo de audio en las redes sociales, blogs, emisoras de radio, y otros medios.]

ROSARIO de las Semanas 20180202

#RosarioFrayNelson para el Viernes:
Contemplamos los Misterios de la Dolorosa Pasión

Usamos esta versión de las oraciones.

  1. En el primer misterio de la Dolorosa Pasión contemplamos a Jesús, que vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron.
  2. En el segundo misterio de la Dolorosa Pasión contemplamos la agonía de Jesús en el huerto de Getsemaní intercediendo por nosotros los pecadores.
  3. En el tercer misterio de la Dolorosa Pasión contemplamos a Jesús, juzgado por el sanedrín, y luego por la autoridad romana, y así condenado a muerte.
  4. En el cuarto misterio de la Dolorosa Pasión contemplamos la flagelación de Nuestro Señor Jesucristo, porque sus heridas nos han curado.
  5. En el quinto misterio de la Dolorosa Pasión contemplamos a Jesús coronado de espinas: Rey humilde y Príncipe de Paz.
  6. En el sexto misterio de la Dolorosa Pasión contemplamos a Jesús que carga con su cruz.
  7. En el séptimo misterio de la Dolorosa Pasión contemplamos a Jesús que muere en la Cruz.

[REPRODUCCIÓN PERMITIDA – Este es un ejercicio privado de devoción “ad experimentum” en proceso de aprobación oficial. Puede divulgarse en las redes sociales, blogs, emisoras de radio, y otros medios siempre que al mismo tiempo se haga la presente advertencia.]

¿Es virtud la esperanza?

Según el Filósofo en II Ethic.: La virtud, en todo ser, es lo que hace bueno a quien la tiene y hace buena su obra. Es menester, por lo tanto, que, donde haya un acto bueno, ese acto corresponda a una virtud humana. Ahora bien, en todas las cosas humanas sometidas a una regla y a una medida se valora el bien por el hecho de que la persona en cuestión se ajuste a su propia regla, como decimos que es bueno el vestido ajustado a sus propias medidas. Ahora bien, como ya hemos expuesto (1-2 q.71 a.6), para los actos humanos hay doble medida: una próxima y homogénea, o sea, la razón natural; y otra suprema y trascendente, que es Dios. Por eso es bueno todo acto humano que llega a la razón o a Dios mismo. Pues bien, el acto de esperanza, de que tratamos aquí, llega a Dios porque, como expusimos al tratar de la pasión de la esperanza (1-2 q.40 a.1), el objeto de la misma es el bien futuro, arduo y asequible. Por otra parte, una cosa nos es asequible de dos maneras: la primera, por nosotros mismos; la segunda, por otros, como se ve en III Ethic. Por lo tanto, en cuanto esperamos algo como asequible gracias a la ayuda divina, nuestra esperanza llega hasta Dios mismo, en cuya ayuda nos apoyamos. Por eso resulta evidente que la esperanza es virtud: hace bueno el acto del hombre y se ajusta a la regla adecuada. (S. Th., II-II, q.17, a.1, resp.)


[Estos fragmentos han sido tomados de la Suma Teológica de Santo Tomás, en la segunda sección de la segunda parte. Pueden leerse en orden los fragmentos publicados haciendo clic aquí.]

La jaula de tortura de Daesh en Siria

“Unos kilómetros más adelante, en un cruce de carretera, una jaula negra y blanca descansa junto al asfalto. Ahora está vacía, pero su interior revela toda la crueldad del sistema de terror impuesto por unos yihadistas que «en este caso encerraban aquí a los detenidos para que se asaran de calor en verano y se helaran en invierno, pero siempre a la vista de todos los que pasaban, para que sirviera de ejemplo», apunta el militar mientras tira del candado, aún cerrado…”

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