¿Es lícito robar en estado de necesidad?

Las cosas que son de derecho humano no pueden derogar el derecho natural o el derecho divino. Ahora bien: según el orden natural instituido por la divina providencia, las cosas inferiores están ordenadas a la satisfacción de las necesidades de los hombres. Por consiguiente, por la distribución y apropiación, que procede del derecho humano, no se ha de impedir que con esas mismas cosas se atienda a la necesidad del hombre. Por esta razón, los bienes superfluos, que algunas personas poseen, son debidos por derecho natural al sostenimiento de los pobres, por lo cual Ambrosio, y en el Decreto se consigna también, dice: De los hambrientos es el pan que tú tienes; de los desnudos, las ropas que tú almacenas; y es rescate y liberación de los desgraciados el dinero que tú escondes en la tierra. Mas, puesto que son muchos los que padecen necesidad y no se puede socorrer a todos con la misma cosa, se deja al arbitrio de cada uno la distribución de las cosas propias para socorrer a los que padecen necesidad. Sin embargo, si la necesidad es tan evidente y tan urgente que resulte manifiesta la premura de socorrer la inminente necesidad con aquello que se tenga, como cuando amenaza peligro a la persona y no puede ser socorrida de otro modo, entonces puede cualquiera lícitamente satisfacer su necesidad con las cosas ajenas, sustrayéndolas, ya manifiesta, ya ocultamente. Y esto no tiene propiamente razón de hurto ni de rapiña. (S. Th., II-II, q.66, a.7 resp.)


[Estos fragmentos han sido tomados de la Suma Teológica de Santo Tomás, en la segunda sección de la segunda parte. Pueden leerse en orden los fragmentos publicados haciendo clic aquí.]

LA GRACIA 2020/08/11 Los bienes que trae la pobreza por elección

MEMORÍA DE SANTA CLARA DE ASÍS, VIRGEN

Los bienes preciosos que trae la pobreza son la unión con Cristo sin ataduras, la experiencia profunda de la providencia de Dios y una gran libertad.

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¿La misericordia implica alguna forma de carencia en quien se compadece?

Siendo la misericordia compasión de la miseria ajena, como queda dicho (a.1), siente misericordia quien se duele de la miseria de otro. Ahora bien, lo que nos entristece y hace sufrir es el mal que nos afecta a nosotros mismos, y en tanto nos entristecemos y sufrimos por la miseria ajena en cuanto la consideramos como nuestra. Esto acaece de dos modos. Primero: por la unión afectiva producida por el amor. Efectivamente, quien ama considera al amigo como a sí mismo y hace suyo el mal que él padece. Por eso se duele del mal del amigo cual si fuera propio. Por esa razón, en IX Ethic., destaca el Filósofo, entre los sentimientos de amistad, condolerse del amigo, y el Apóstol por su parte, exhorta en Rom 12,15 a gozar con los que se gozan, llorar con los que lloran. Otro modo es la unión real que hace que el dolor que afecta a los demás esté tan cerca que de él pase a nosotros. Por eso escribe el Filósofo en II Rhet. que los hombres se compadecen de sus semejantes y allegados, por pensar que también ellos pueden padecer esos males. Ocurre igualmente que los más inclinados a la misericordia son los ancianos y los sabios, que piensan en los males que se ciernen sobre ellos, lo mismo que los asustadizos y los débiles. A la inversa, no tienen tanta misericordia quienes se creen felices y tan fuertes como para pensar que no pueden ser víctimas de mal alguno. En consecuencia, el defecto es siempre el motivo de la misericordia, sea que por la unión se considere como propio el defecto ajeno, sea por la posibilidad de padecer lo mismo. (S. Th., II-II, q.30, a.2, resp.)


[Estos fragmentos han sido tomados de la Suma Teológica de Santo Tomás, en la segunda sección de la segunda parte. Pueden leerse en orden los fragmentos publicados haciendo clic aquí.]

LA GRACIA del Miércoles 26 de Julio de 2017

MEMORIA DE LOS SANTOS JOAQUÍN Y ANA, PADRES DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

La Santísima Virgen María entra en la historia de la salvación por la puerta de los humildes, de los pobres, de los que han sido maltratados pero fieles y en esperanza adheridos a Dios.

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LA GRACIA del Martes 20 de Junio de 2017

Cuando Cristo entra en contacto con nosotros, desde nuestra pobreza y debilidad aprendemos como cristianos a poner todo lo que tenemos al servicio de los demás.

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El escándalo del hambre en el mundo

“La persistencia del hambre a nivel mundial, constituye un escándalo, un problema no resuelto. Sin alimento, el hombre no puede físicamente subsistir. El fin de su tiempo, de su biología y su biografía, estaría directamente delineado por esa ausencia, esa corrosiva carencia. Por tanto, desde el principio se ve claro que el hambre en la persona humana es un mal. A pleno título, es ausencia de un bien debido. Ya en 1995 la FAO aseguraba en Necesidades y recursos: Geografía de la agricultura y la alimentación, que el planeta estaba en condiciones de asegurar a cada persona de este mundo la ración de alimentos que necesita. El hecho de que aún estemos tratando este tema es signo de que el escándalo del hambre es un mal persistente…”

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Una diputada de Honduras presenta un proyecto de ley para esterilizar a “la clase más pobre”

“La diputada Waldina Paz, del Partido Liberal, anunció recientemente un proyecto de ley para tener dos hijos como máximo y esterilizar voluntariamente a hombres y mujeres, con el fin de disminuir la pobreza en el país. La propuesta legislativa ha sido catalogada por sus críticos como un atentado “contra los derechos fundamentales”. En declaraciones para el canal de televisión HCH, Paz señaló que “esta iniciativa va orientada para tener un control de la natalidad”, y está especialmente dirigida “a la clase más pobre”…”

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Vida Consagrada en América Latina, 2 de 5: Los pobres y la Teología de la Liberación

[Vida Consagrada en América Latina – Encuentro de Formación Permanente en la Arquidiócesis de Lima, en Enero de 2016.]

Tema 2 de 5: Los pobres y la Teología de la Liberación

Antecedentes

* Aplicación del Concilio Vaticano II: Conferencia de Medellín (1968), y luego Puebla (1979)

* Movimientos globales de cambio personal y social: individualismo a ultranza, libertad sin restricciones, “imaginación al poder,” existencialismo a la noción de naturaleza, marxismo como propuesta mundial.

* Contradicción de un continente “católico”

* Distancia de facto entre la vida y en conocimiento de la Biblia.

Desarrollo y conflicto

* Uso extenso e intenso del método de la JOC: ver, juzgar y actuar.

* Claves:

(1) Valor de la comunidad.
(2) La Biblia en manos de los pobres.
(3) Descubrir la liturgia en su conexión con la vida.
(4) Superación del asistencialismo y primacía de la gestión desde sí.
(5) Simbiosis entre teología, espiritualidad, vida cristiana y evangelización.

* Dos tendencias:

(1) Económica – Jon Sobrino: conflicto entre arriba y abajo.
(2) Social – Juan Carlos Scannone: tensión entre centro y periferia.

* Preocupación de la jerarquía por:
(1) La tendencia marxista que privilegia lo socio-económico.
(2) Desprecio a la tradición, en lo teológico y en lo pastoral: hermenéutica de la ruptura.
(3) Actitud de rebeldía, prejuicio y secta.

Balance

* Aspectos positivos:

(1) Dar memoria y relieve al escándalo de la injusticia.
(2) Propiciar una hermenéutica centrada en los pobres de YHWH.
(3) Importancia del empeño por la ciudad terrena libre de los ídolos del poder y el tener.

* Aspectos negativos:

(1) Deficiente hermenéutica bíblica: lectura económica del libro del Éxodo; canon dentro del canon; imposición de un tema ajeno: ser artífices del propio destino; ausencia de un sentido profundo y suficientemente amplio de la conversión.

(2) Falsificación de la liturgia, transformada en celebración de nosotros mismos.

(3) Falsificación de la historia, identificando nuestro presente mestizo con UNA de nuestras raíces: la indígena.

(4) Inseparabilidad de las lecturas y las praxis marxistas.

Mirada al futuro

* Cuidado con los ídolos. Cultivo de la sobriedad, la austeridad y la sencillez.

* Mirada valiente al escándalo de las desigualdades fruto de injusticia. Lo cual implica amplia formación humana y cristiana.

* Antropología teológica que vincula dignidad humana a su fuente en la obra de la redención.

El terrorismo no es hijo de la pobreza: lo dicen los datos

“Se han realizado varios estudios sobre las causas que mueven a quienes deciden masacrar a inocentes y ninguno de ellos concluye que sea la pobreza la causa del terrorismo. El más conocido es el de Alan Krueger, economista izquierdista, profesor en Princeton y consultor del presidente Obama, que en el libro “What makes a terrorist”, en base a un análisis empírico llega a la conclusión de que no solamente el terrorismo no está presente de manera mayoritaria ”en los países caracterizados por un bajo PIB per capita“, sino que ”los terroristas proceden de las filas de las personas más instruidas en mucha mayor proporción que de las masas ignorantes y no escolarizadas”. Las mismas conclusiones a las que llega Alberto Abadie, economista en Harvard, en su estudio “Poverty, Political Freedom, and the Roots of Terrorism”, un análisis empírico del terrorismo internacional que demuestra que ”el riesgo de terrorismo no es más elevado en los países pobres” y que “no existe ninguna correlación significativa entre terrorismo y variables económicas como la renta”…”

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El hombre, la pobreza y la riqueza

323 En el Antiguo Testamento se encuentra una doble postura frente a los bienes económicos y la riqueza. Por un lado, de aprecio a la disponibilidad de bienes materiales considerados necesarios para la vida: en ocasiones, la abundancia —pero no la riqueza o el lujo— es vista como una bendición de Dios. En la literatura sapiencial, la pobreza se describe como una consecuencia negativa del ocio y de la falta de laboriosidad (cf. Pr 10,4), pero también como un hecho natural (cf. Pr 22,2). Por otro lado, los bienes económicos y la riqueza no son condenados en sí mismos, sino por su mal uso. La tradición profética estigmatiza las estafas, la usura, la explotación, las injusticias evidentes, especialmente con respecto a los más pobres (cf. Is 58,3-11; Jr 7,4-7; Os 4,1-2; Am 2,6-7; Mi 2,1-2). Esta tradición, si bien considera un mal la pobreza de los oprimidos, de los débiles, de los indigentes, ve también en ella un símbolo de la situación del hombre delante de Dios; de Él proviene todo bien como un don que hay que administrar y compartir.

324 Quien reconoce su pobreza ante Dios, en cualquier situación que viva, es objeto de una atención particular por parte de Dios: cuando el pobre busca, el Señor responde; cuando grita, Él lo escucha. A los pobres se dirigen las promesas divinas: ellos serán los herederos de la alianza entre Dios y su pueblo. La intervención salvífica de Dios se actuará mediante un nuevo David (cf. Ez 34,22-31), el cual, como y más que el rey David, será defensor de los pobres y promotor de la justicia; Él establecerá una nueva alianza y escribirá una nueva ley en el corazón de los creyentes (cf. Jr 31,31-34).

La pobreza, cuando es aceptada o buscada con espíritu religioso, predispone al reconocimiento y a la aceptación del orden creatural; en esta perspectiva, el « rico » es aquel que pone su confianza en las cosas que posee más que en Dios, el hombre que se hace fuerte mediante las obras de sus manos y que confía sólo en esta fuerza. La pobreza se eleva a valor moral cuando se manifiesta como humilde disposición y apertura a Dios, confianza en Él. Estas actitudes hacen al hombre capaz de reconocer lo relativo de los bienes económicos y de tratarlos como dones divinos que hay que administrar y compartir, porque la propiedad originaria de todos los bienes pertenece a Dios.

325 Jesús asume toda la tradición del Antiguo Testamento, también sobre los bienes económicos, sobre la riqueza y la pobreza, confiriéndole una definitiva claridad y plenitud (cf. Mt 6,24 y 13,22; Lc 6,20-24 y 12,15-21; Rm 14,6-8 y 1 Tm 4,4). Él, infundiendo su Espíritu y cambiando los corazones, instaura el « Reino de Dios », que hace posible una nueva convivencia en la justicia, en la fraternidad, en la solidaridad y en el compartir. El Reino inaugurado por Cristo perfecciona la bondad originaria de la creación y de la actividad humana, herida por el pecado. Liberado del mal y reincorporado en la comunión con Dios, todo hombre puede continuar la obra de Jesús con la ayuda de su Espíritu: hacer justicia a los pobres, liberar a los oprimidos, consolar a los afligidos, buscar activamente un nuevo orden social, en el que se ofrezcan soluciones adecuadas a la pobreza material y se contrarresten más eficazmente las fuerzas que obstaculizan los intentos de los más débiles para liberarse de una condición de miseria y de esclavitud. Cuando esto sucede, el Reino de Dios se hace ya presente sobre esta tierra, aun no perteneciendo a ella. En él encontrarán finalmente cumplimiento las promesas de los Profetas.

326 A la luz de la Revelación, la actividad económica ha de considerarse y ejercerse como una respuesta agradecida a la vocación que Dios reserva a cada hombre. Éste ha sido colocado en el jardín para cultivarlo y custodiarlo, usándolo según unos limites bien precisos (cf. Gn 2,16-17), con el compromiso de perfeccionarlo (cf. Gn 1,26-30; 2,15-16; Sb 9,2-3). Al hacerse testigo de la grandeza y de la bondad del Creador, el hombre camina hacia la plenitud de la libertad a la que Dios lo llama. Una buena administración de los dones recibidos, incluidos los dones materiales, es una obra de justicia hacia sí mismo y hacia los demás hombres: lo que se recibe ha de ser bien usado, conservado, multiplicado, como enseña la parábola de los talentos (cf. Mt 25,14-31; Lc 19,12-27).

La actividad económica y el progreso material deben ponerse al servicio del hombre y de la sociedad: dedicándose a ellos con la fe, la esperanza y la caridad de los discípulos de Cristo, la economía y el progreso pueden transformarse en lugares de salvación y de santificación. También en estos ámbitos es posible expresar un amor y una solidaridad más que humanos y contribuir al crecimiento de una humanidad nueva, que prefigure el mundo de los últimos tiempos.683 Jesús sintetiza toda la Revelación pidiendo al creyente enriquecerse delante de Dios (cf. Lc 12,21): y la economía es útil a este fin, cuando no traiciona su función de instrumento para el crecimiento integral del hombre y de las sociedades, de la calidad humana de la vida.

327 La fe en Jesucristo permite una comprensión correcta del desarrollo social, en el contexto de un humanismo integral y solidario. Para ello resulta muy útil la contribución de la reflexión teológica ofrecida por el Magisterio social: « La fe en Cristo redentor, mientras ilumina interiormente la naturaleza del desarrollo, guía también en la tarea de colaboración. En la carta de san Pablo a los Colosenses leemos que Cristo es “el primogénito de toda la creación” y que “todo fue creado por él y para él” (1,15-16). En efecto, “todo tiene en él su consistencia” porque “Dios tuvo a bien hacer residir en él toda la plenitud y reconciliar por él y para él todas la cosas” (ibíd., 1,20). En este plan divino, que comienza desde la eternidad en Cristo, “Imagen” perfecta del Padre, y culmina en él, “Primogénito de entre los muertos” (ibíd., 1,15.18), se inserta nuestra historia, marcada por nuestro esfuerzo personal y colectivo por elevar la condición humana, vencer los obstáculos que surgen siempre en nuestro camino, disponiéndonos así a participar en la plenitud que “reside en el Señor” y que él comunica “a su cuerpo, la Iglesia” (ibíd., 1,18; cf. Ef 1,22-23), mientras el pecado, que siempre nos acecha y compromete nuestras realizaciones humanas, es vencido y rescatado por la “reconciliación” obrada por Cristo (cf. Col 1,20) ».684

NOTAS para esta sección

683Cf. Juan Pablo II, Carta enc. Laborem exercens, 25-27: AAS 73 (1981) 638-647.

684Juan Pablo II, Carta enc. Sollicitudo rei socialis, 31: AAS 80 (1988) 554-555.


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