Crear un lenguaje y permanecer en Cristo

CREAR UN LENGUAJE

* En el espacio que crea la confianza, y en el deseo de reconocer el valor de quien aman, la pareja va creando modos particulares de comunicación que re-significan las palabras.

* La fecundidad del amor no se limita a lo biológico (engendrar unos hijos), sino que cubre cada espacio de convivencia de la pareja, teniendo su fuente en la intimidad.

* La intimidad ha de verse como un espacio y momento sacros. Así como Cristo en la Eucaristía, cada cónyuge está “expuesto” en la intimidad. La única actitud cristiana es reconocer, valorar y tratar con exquisita ternura el don del otro.

* El mutuo reconocimiento genera una “casa” emocional que sirve de albergue para el corazón de cada uno, y que es también el nido en el que son recibidos como regalo los hijos.

* De ese modo, la enseñanza constante de la Iglesia sobre una donación sin barreras, y las recomendaciones de la sexología, en cuanto a la importancia de querer hacer feliz a la pareja, coinciden. Se puede bien decir que la manera de alcanzar plenitud en la intimidad no está lejos de la apreciación viva del misterio sacramental que celebra nuestra fe.

PERMANECER EN CRISTO

* Pero el amor humano es deficiente, y se fatiga. Por eso necesita sostenerse en un amor mayor, como es el de Cristo.

* Y la pareja necesita también de Cristo por la asimétrica donación de gracia que él nos trae, porque sólo desde esa bondad inmerecida pueden darse los “nuevos comienzos” que la pareja necesita para perdonarse, acogerse o aceptarse cuando llega el dolor de una ruina o de una enfermedad terminal.

* Por último, la pareja necesita de Cristo para no idolatrar un amor que, aunque es alto, no lo es todo. Cristo con la santidad de su amor, nos recuerda que la verdadera y última casa es el Cielo.