Diálogo íntimo con el Señor

En la vida del cristiano, “todo” tiene que ser para Dios: también las debilidades personales, ¡rectificadas!, que el Señor comprende y perdona.

¿Qué te he hecho, Jesús, para que así me quieras? Ofenderte… y amarte. -Amarte: a esto va a reducirse mi vida.

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