Sólo dos palabras

Sólo dos palabras al terminar este día Señor. Te diré sólo dos palabras, quiero que sean sinceras y sencillas. En el silencio y en la soledad te digo y en primer lugar, desde lo más profundo de mi corazón: Gracias.

Gracias Señor por todo lo que este día me has concedido porque te lo he pedido. Gracias por todo lo que me has dado sin haberlo mencionado. Gracias por todo lo que me has otorgado sin habértelo rogado. Gracias Señor por la salud, por el bienestar, por las alegrías, por las satisfacciones. Gracias también por la enfermedad, por las penas y sufrimientos.

Aunque me cueste trabajo Señor, te agradezco esto último; tú sabes por qué lo hiciste. Gracias por el rayo de esperanza que me iluminó, por la mano que me levantó, por los brazos que me recibieron, por las palabras que me alentaron, por el consejo que me guió, por la sonrisa que me alegró.

Pero sobre todo te doy Gracias Señor por la fe que tengo en ti y en tu Iglesia, en este tiempo un poco confuso y aunque lleno de esperanzas, es a veces difícil de creer.

Te lo confieso sinceramente: no siempre he sabido cómo actuar, qué hacer, a donde ir. Sin embargo siendo tú quien eres, y teniendo fe en ti, te doy gracias, porque en las tinieblas me has iluminado, porque en las caídas me has levantado, porque de mis pecados me has perdonado.

Gracias te doy señor por todo aquello que ignoro por lo cual debo darte Gracias.

Junto a este agradecimiento Señor, te pido perdón: Perdón por mi negligencia, perdón por mi pereza, perdón por mi falta de amor, perdón por mi falta de caridad, perdón por mi falta de fe, perdón por mi falta de comprensión, perdón por mi soberbia, perdón por mi orgullo, perdón Señor porque no siempre te he sido fiel como es debido; viendo la luz he preferido la oscuridad, conociendo el bien, he optado por el mal, teniendo fuerza para perseverar, me he hecho débil para ceder; sintiendo tu ayuda en la lucha, he sido cobarde en la faena.

Perdón porque habiendo recibido, no he sabido dar, perdón porque habiendo sido perdonado, no he sabido perdonar, perdón Señor por todo aquello que ignoro, por lo cual debo pedirte Perdón.

Gracias y Perdón: estas son las dos palabras que te quería decir.

Te las he dicho Señor, gracias por haberme escuchado.

Perdón por aquellos que no te piden perdón.

Enviado por A. Rojas

LA GRACIA del Viernes 24 de Octubre de 2014

Necesitamos ser alfabetizados en los signos de los tiempos.

 

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El Trastorno por Déficit de Atención, una enfermedad ficticia

«No existe. El TDAH es un diagnóstico que carece de entidad clínica, y la medicación, lejos de ser propiamente un tratamiento es, en realidad, un dopaje». Esta es la sentencia de Marino Pérez, especialista en Psicología Clínica y catedrático de Psicopatología y Técnicas de Intervención en la Universidad de Oviedo, además de coautor, junto a Fernando García de Vinuesa y Héctor González Pardo de «Volviendo a la normalidad», un libro donde dedican 363 páginas a desmitificar de forma demoledora y con todo tipo de referencias bibliográficas el Trastorno por Déficit de Atención con y sin hiperactividad y el Trastorno Bipolar infantil. Lo que sí que existe, y es a su juicio muy preocupante, es el fenómeno de la «patologización de problemas normales de la infancia, convertidos en supuestos diagnósticos a medicar».

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El imperio azteca

En el inmenso territorio que llamamos México, y que hoy concebimos como una unidad nacional, coexistieron muchos pueblos diversos: al sur mayas, zapotecas, al este olmecas, totonacas, toltecas, al centro tlaxcaltecas, tarascos, otomíes, chichimecas, al norte pimas, tarahumaras, y tantos más, ajenos unos a otros, y casi siempre enemigos entre sí. Entre todos ellos habían de distinguirse muy especialmente los aztecas, que procedentes del norte, fueron descendiendo hacia los grandes lagos mexicanos, hacia la región de Anáhuac. Conducidos por su dios Huitzilopochtli -para los españoles, Huichilobos-, dios guerrero y terrible, llegaron en 1168 al valle de México (término que procede de Mexitli, nombre con el que también se llamaba Huitzilopochtli), y establecieron en Tenochtitlán su capital.

De este modo, el pueblo azteca, convencido de haber sido elegido por los dioses para una misión grandiosa, fue desplazando a otros pueblos, y ya para 1400 toda la tierra vecina del lago estaba en sus manos. En 1500, poco antes de la llegada de los españoles, el imperio azteca reunía 38 señoríos, y se sustentaba en la triple alianza de México (Tenochtitlán), Tezcoco y Tacuba (Tlacopan).

El pueblo azteca llevó a síntesis lo mejor de las culturas creadas por otros pueblos, como los teotihuacanos y los toltecas. Organizado en clanes, bajo un emperador poderoso y varios señores, fue desarrollándose con gran prosperidad. En astronomía alcanzó notables conocimientos, elaboró un calendario de gran exactitud, y logró un sistema pictográfico e ideográfico de escritura que, con el de los mayas, fue el único de la América prehispánica.

Por otra parte, los aztecas, aunque no conocían la rueda ni tenían animales de tracción, construyeron con gran destreza caminos y puentes, casas, acueductos y grandiosos templos piramidales. Ignoraban la moneda, pero dispusieron con mucho orden enormes mercados o tianguis. Tampoco conocían el arado -pinchaban la tierra con una especie de lanza-, pero hicieron buenos cultivos, aunque reducidos, ingeniándose también para cultivar en chinampas o islas artificiales.

En cuando a las artes diversas, los pueblos indígenas de México alcanzaron un alto nivel de perfección técnica y estética.

Así, en 1519, antes de la conquista, los objetos que Hernán Cortés envió a Carlos I -una serie de objetos indios de oro, plata, piedras preciosas, plumería, etc., que había recibido de los mayas, de los totonacas y de los obsequios aztecas de Moctezuma-, causaron en Europa verdadera impresión. Alberto Durero, que pudo verlos en Flandes en la corte del emperador, escribió en su Diario: «A lo largo de mi vida, nada he visto que regocije tanto mi corazón como estas cosas. Entre ellas he encontrado objetos maravillosamente artísticos… Me siento incapaz de expresar mis sentimientos» (+J.L. Martínez, Cortés 187).

El autor de esta obra es el sacerdote español José Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aquí la obra se publica íntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse aquí.

LA GRACIA del Jueves 23 de Octubre de 2014

Quiere Cristo que todos descubran que hay otra vida, más allá de las garras de la codicia y del dopaje de los ídolos de este mundo.

 

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Jóvenes liberados en Cristo, 3 de 3

[Ciclo de reflexiones para jóvenes, en retiro con la Fundación MOCE. Octubre de 2014.]

Tema 3 de 3: La escuela de los verdaderos líderes.

* Jesús toma las cualidades que tenemos y las lleva a un nuevo nivel. Ejemplo claro lo tenemos en Pedro, que era pescador de peces y llegó a ser pescador de hombres.

* La mirada profunda de Cristo ve los pecados que queremos esconder pero también nos permite descubrir cualidades y posibilidades que no conocíamos.

* Jesucristo quiere llevarte a la mejor versión de ti mismo. Y es ahí donde llegas a ser aquel que marca una diferencia: un verdadero líder.

* Ser líder no consiste en tener seguidores. La Biblia advierte que hay unos que “son un rebaño para el abismo; la muerte es su pastor, y bajan derechos a la tumba.” Es deber del líder preguntarse para dónde va antes que preguntarse cuántos van detrás suyo.

* El único “Me Gusta” que realmente importa es el que Jesús pone ante la vida de algunos cuando parten de esta tierra hacia la eternidad.

* ¿Por qué Cristo dice: “No os conozco” a aquellos que se condenan? Porque el pecado hace de nuestra vida un manchón, un borrón irreconocible. “Te has convertido en un borrón” es la sentencia sobre aquel que prometió y no cumplió, y que así se convirtió en una mentira sin significado.

* Cristo es memoria de tus mejores sueños. Aunque a ti se te haya olvidado lo que querías ser, Cristo no olvidó tus ideales y quiere llevarnos a lo mejor de lo que podemos ser.

* Los líderes: (1) Se conocen a sí mismos, sin máscaras. (2) Saben que sólo Cristo puede llevarlos a su propia plenitud. (3) Tienen presente Cristo tiene buena memoria y no olvida lo mejor de ti. (4) Comprenden que tienen una tarea única, que quedará sin hacerse si abandonamos nuestras filas.

 

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Jóvenes liberados en Cristo, 2 de 3

[Ciclo de reflexiones para jóvenes, en retiro con la Fundación MOCE. Octubre de 2014.]

Tema 2 de 3: ¿Qué es ser libre?

* La definición más común de libertad es hacer lo que a uno le gusta, le parece bien o sencillamente lo que uno quiere.

* Pero esa definición es problemática. Mi gusto y lo que yo quiero hacer puede implicar un daño para otra persona o incluso para toda una sociedad.

* La verdad es que no se puede vivir sin alguna forma de organización y límites, y eso implica autoridad, y por lo tanto, límites al deseo de cada uno de hacer lo que quiere.

* Por eso en algunos jóvenes se da la paradoja de que se consideran rebeldes, pero sólo frente a la familia y algunas autoridades civiles porque ya en su grupo o pandilla ciertamente son obedientes.

* Tampoco consideramos un asalto a nuestra libertad las recomendaciones que nos dan los médicos aunque también ahí es necesario obedecer fielmente, si uno aprecia su vida y su salud.

* Lo más grave de la definición de libertad como “hacer lo que a uno se le da gana” es que quien le maneje a uno las ganas lo maneja a uno. Y hay especialistas en manejar las “ganas”: son los especialistas en marketing y publicidad.

* La libertad sólo puede existir unida a la verdad porque sólo en la búsqueda de lo verdaderamente bueno, conveniente, justo, es posible decidir sin esclavitud a los intereses de quienes nos manipulan desde las dimensiones del placer o del miedo.

* Los verdaderamente libres son también los verdaderos líderes. Aquellos que saben del sufrimiento y de la compasión conocen cuáles son los caminos de la esclavitud y de la libertad.

* Entre todos ellos brilla Jesucristo. Los que conocen el dolor pero no el amor se llenan de amargura. Los que conocen el amor pero no el dolor se llenan de egoísmo.

* Amor recibido de Dios, y dolor por el propio pecado, por las privaciones y por la necesidad del prójimo: tal es el camino común de los santos.

* Libertad es construir desde la verdad el bien posible.

 

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