«La sangre de los mártires es la semilla de la Iglesia»

“«Los mártires son, como todos los cristianos, ciudadanos del cielo. Son los vencedores con Cristo del combate entre la luz y las tinieblas. Y son, como dice Jesús en el Evangelio, quienes han visto a Satanás caer del cielo como un rayo». Con este cariz, principio y fin de una vida entregada a Cristo por amor, monseñor Juan Antonio Martínez Camino, SJ, obispo auxiliar de Madrid, ha inaugurado la mesa redonda Entre fuerza y debilidad, los mártires cristianos de hoy y la paz, celebrada en el Círculo de Bellas Artes y encuadrada en el Encuentro Internacional Paz sin Fronteras, organizado la Comunidad de Sant’Egidio y el Arzobispado de Madrid…”

Haz clic aquí!

Pedro Claver emprende camino a las Indias

Claver a las Indias

Había en Sevilla una casa en la que se reunían los jesuitas que iban a partir a las Indias. Allí se juntó la expedición conducida por el padre Alonso Mejía, el cual dispuso que se ordenaran de subdiáconos los que ya tenían órdenes menores. El hermano Claver, con toda humildad, se excusó. Aún no le había mostrado claramente el Señor su vocación sacerdotal, ni siquiera a través del hermano Alonso. Este, según manifestó Claver poco antes de morir, le había comunicado claramente tres cosas: que él trabajaría con negros, en Nueva Granada, y concretamente en Cartagena. Pero, según parece, no más.

En abril de 1610, partió por fin la expedición, cuando Pedro Claver tenía treinta años, en uno de los 60 o 70 galeones que por entonces salían anualmente de Sevilla rumbo a las Indias. Cuando llegaron al puerto de Cartagena, la audiencia del Nuevo Reino de Granada comprendía Colombia y parte de Panamá, Venezuela y Ecuador, y un buen gobernador la presidía, don Juan de Borja, nieto de San Francisco. En el Colegio jesuita de Santa Fe de Bogotá, hasta 1613, Pedro Claver acabó sus estudios de teología, cobrando gran amistad con el profesor Antonio Agustín, que fue su padre espiritual hasta 1635.

Un año más, el de su tercera probación, en 1614, pasó Claver en el colegio que la Compañía tenía en Tunja, pequeña ciudad llena de encanto, sobria y ascética por entonces. Al noviciado jesuita que allí había legó antes de morir, como preciado tesoro, el cuaderno autógrafo de San Alonso. Y desde Tunja, en 1615, San Pedro Claver, a los treinta y cinco años, se dirigió por el camino de Honda, río de Magdalena y Mompox, a Cartagena, su destino final.

Cartagena de Indias

En contraposición a Tunja, ciudad serena, y un poco triste, en la que predominaban los indígenas asimilados, Cartagena, el puerto fortificado que daba acceso a Nueva Granada, con sus muchos mestizos y negros, forasteros y comerciantes, era una ciudad revuelta y bulliciosa, en la que la caridad no podía ser ejercitada sino en forma heróica. Sumaba entonces Cartagena unos 2.000 españoles y 3 o 4.000 negros, muchos de ellos a la espera de ser vendidos y llevados a otros lugares. Por entonces, sólo en ella y en Veracruz estaba autorizada en América hispana la trata legal de negros.

El mismo Claver describe aquella ciudad: «Estos lugares son tan calurosos, que estando al presente en la mitad del invierno, se siente mayor calor que en la canícula. Los esclavos negros, en número de 1.400 en la ciudad, van casi desnudos. Los cuerpos humanos de continuo están bañados en sudor. Hay gran escasez de agua dulce, y la que se bebe es siempre caliente… Creo que en ninguna parte del mundo hay tantas moscas y mosquitos como en estas regiones; la mayor parte de los campos son pantanosos; el aire es poco propicio a la salud; los europeos se enferman aquí casi todos… No escribo esto apesadumbrado por haber venido, antes bendigo a Dios de haber secundado mi deseo de padecer algo por El. Sólo pretendo informaros de la calidad de estas partes del Nuevo Mundo.

«En cuanto a forasteros, ninguna ciudad de América, a lo que se dice, tiene tantos como ésta; es un emporio de casi todas las naciones, que de aquí pasan a negociar a Quito, Méjico, Perú y otros reinos; hay oro y plata. Pero la mercancía más en uso es la de los esclavos negros. Van los mercaderes a comprarlos a valiosísimos precios a las costas de Angola y Guinea; de allí los traen en naves bien sobrecargadas a este puerto, donde hacen las primeras ventas con increíble ganancia… A los esclavos que desembarcan por primera vez en Cartagena, gente sumamente ruda y miserable, acude la Compañía con toda caridad, pues para esto fue llamada acá en años pasados. Según muchos me dicen, yo será uno de los destinados a la obra de su catequización, y ya se trata de darme los intérpretes» (+Valtierra 63).


El autor de esta obra es el sacerdote español José Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aquí la obra se publica íntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse aquí.

ROSARIO de las Semanas 20190918

#RosarioFrayNelson para el Miércoles:
Contemplamos los Misterios de la Infancia de Jesús
Rosario - Miércoles
Usamos esta versión de las oraciones.

  1. En el primer misterio de la infancia contemplamos la Anunciación a María Santísima y la Encarnación del Hijo de Dios.
  2. En el segundo misterio de la infancia contemplamos la visita de la Virgen Madre a su pariente Isabel.
  3. En el tercer misterio de la infancia contemplamos el sufrimiento que pasó San José, y la fe amorosa que tuvo.
  4. En el cuarto misterio de la infancia contemplamos el Nacimiento del Hijo de Dios en el humilde portal de Belén.
  5. En el quinto misterio de la infancia contemplamos la Epifanía: Jesús es luz para las naciones, y así es adorado por unos magos venidos de Oriente.
  6. En el sexto misterio de la infancia contemplamos la Presentación del Niño Jesús en el templo de Jerusalén.
  7. En el séptimo misterio de la infancia contemplamos a Jesús Niño en el templo, ocupado de las cosas de su Padre del Cielo.

[REPRODUCCIÓN PERMITIDA – Este es un ejercicio privado de devoción “ad experimentum” en proceso de aprobación oficial. Puede divulgarse en las redes sociales, blogs, emisoras de radio, y otros medios siempre que al mismo tiempo se haga la presente advertencia.]

Play
Play