“Los científicos registraron accidentalmente el órgano humano más complejo mientras se apagaba, revelando una extraordinaria instantánea de la muerte…”
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Alimento del Alma: Textos, Homilias, Conferencias de Fray Nelson Medina, O.P.
Un hombre enfermo se preparaba para salir del consultorio del médico que le estaba examinando y dijo:
“Doctor, me asusta la muerte…dígame que hay al otro lado”
Muy suavemente el doctor dijo: “No lo se.”
¿Usted no sabe? Usted es católico y no sabe que hay del otro lado?!!!
El doctor tomó la perilla de la puerta…..
Del otro lado se sentían como rasguños y gemidos y…cuando se abrió la puerta, un perro entró en el cuarto, saltó sobre el médico y con gran alborozo le lamía lleno de contento
El médico se volvió hacia su paciente y dijo:
“Vió lo que hizo mi perro? …Él nunca había estado en este cuarto antes. No sabía que había adentro. Solo sabía que su dueño estaba allí y cuando se abrió la puerta, saltó sin ningun temor”
Yo poco se de lo que hay del otro lado de la muerte… pero si se una cosa: Que mi Dueño estará allí y eso me basta!!!
El día 8 de Noviembre de 2021, a las 6:15 a.m., hora de Colombia, ofreceré la Eucaristía por todos los parientes y amigos de esta lista de correos, este “Alimento del Alma.” La eucaristía no va a ser transmitida por Internet pero puedes unirte a esa hora en tu corazón y hacer una oración por los difuntos que son cercanos a tu corazón.
“A las 11 de la mañana del martes 2 de noviembre, el Santo Padre celebró la misa de los fieles difuntos en el Cementerio Militar Francés de Roma. Apenas llegar, caminó entre las tumbas y depositó ramos de flores en algunas de ellas. En otras se detuvo para orar, especialmente en las tumbas que no tienen nombre. Antes de iniciar la misa saludó a unos niños…”
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Los surcos profundos de tu rostro
hablan de un camino;
y en alguno de ellos reconozco
ese día bendito
en que tú, revestida de silencio,
nada decías
porque yo iba camino del convento,
y tú no querías.
Tus ojos, serenos y tan bellos,
¡oh flor de otoño!,
dejaron asomar en su destello
un gris de plomo:
Dios en su designio te pedía,
un sacrificio,
y de nuevo, de tu llanto, yo nacía
para tu Cristo.
Hoy esos ojos se han cerrado
en paz y gracia;
hoy tu camino ha terminado,
no tu plegaria.
Ruega por tu niño que predica,
mamá del alma,
y que sirviendo a Jesús, día tras día,
llegue a su Casa.
Según el Filósofo, en II Physic., el azar o accidente es una causa que obra fuera de la intención. Por ello las cosas fortuitas, absolutamente hablando, no son ni intencionadas ni voluntarias; y puesto que todo pecado es voluntario, según Agustín, dedúcese que las cosas fortuitas, consideradas como tales, no son pecados. No obstante, sucede, a veces, que algo que no se quiere o intenta en el acto y por sí mismo, está en la voluntad o en la intención accidentalmente, en cuanto se llama causa accidental la que remueve los obstáculos. Por consiguiente, el que no evita las causas de las que se sigue el homicidio si debe evitarlas, será culpable en cierto modo de homicidio voluntario.
Y esto sucede de dos maneras: primera, cuando alguien, ocupándose en cosas ilícitas que debía evitar, comete un homicidio; segunda, cuando no pone de su parte el debido cuidado. Por esto, con arreglo al derecho, si uno se ocupa en cosas lícitas poniendo el debido cuidado, y, sin embargo, de su actuación se sigue la muerte de un hombre, no es culpable de homicidio. Mas si se hubiese empleado en cosas ilícitas, o aun en cosas lícitas, pero sin poner la diligencia debida, no evita el reato de homicidio si de su operación se sigue la muerte de un hombre. (S. Th., II-II, q.64, a.8 resp.)
[Estos fragmentos han sido tomados de la Suma Teológica de Santo Tomás, en la segunda sección de la segunda parte. Pueden leerse en orden los fragmentos publicados haciendo clic aquí.]
Si realmente estamos unidos en fe y amor a Cristo nuestro paso a la eternidad está determinado fundamentalmente por la misericordia con la que Él quiere llevarnos a donde se encuentra.
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El mal es como una piedra muy pesada que va rebotando cuesta abajo por la montaña y con cada golpe cobra más fuerza. Es lo que sucede con el egoísmo, la violencia o la mentira. Y a medida que el mal va rebotando entre nosotros su recorrido siempre termina aplastando al final a los más débiles: el niño que no puede defenderse en el vientre materno; el adulto mayor, enfermo y solo, empujado a suicidarse; el discapacitado, que no tiene cómo argumentar que es útil a la sociedad; el desplazado por la fuerza del hambre o de la guerra. Cristo en la Cruz es aquel que escogió el último lugar, con la clara decisión de no pasar a otros el impacto que habría de recibir: Él es quien detiene el poder del mal, que parecía universal en su arrogancia.Amargo es el recuerdo de la muerte
en que el hombre mortal se aflige y gime
en la vida presente, cuya suerte
es morir cada día que se vive.
Es verdad que la luz del pleno día
oculta el resplandor de las estrellas,
y la noche en silencio es armonía
de la paz y descanso en las tareas.
Pero el hombre, Señor, la vida quiere;
toda muerte es en él noche y tiniebla,
toda vida es amor que le sugiere
la esperanza feliz de vida eterna.
No se oiga ya más el triste llanto;
cuando llega la muerte, poco muere;
la vida, hija de Dios, abre su encanto:
«La niña no está muerta, sólo duerme.»
Señor, da el descanso merecido
a tus siervos dormidos en la muerte;
si el ser hijos de Dios fue don vivido,
sea luz que ilumine eternamente.
Amén.
En memoria de Fr. Duván Letrado, OP, que en paz descanse.
Cristo nos invita a no asociar la muerte trágica de las personas con el tipo de vida que llevaban y a mirar la muerte física para reflexionar en la muerte espiritual; la muerte eterna es para Jesús lo realmente grave.
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Padre: El Señor le bendiga. Quisiera preguntarle, ¿qué diferencia hay entre el Hades y el infierno? –JGP.
* * *
Aunque en ocasiones se traten como sinónimos, se trata de dos realidades diferentes. La expresión “hades” viene de la cultura griega antigua. Es un término que hace referencia al modo misterioso de existencia que aquellos griegos pensaban que tenían las personas después de la muerte. Las descripciones literarias y poéticas que han llegado hasta nosotros, hablan de un sitio de sombras, desprovisto de alegría, como un sopor profundo, en el cual, sin embargo, tampoco parece que haya sufrimientos permanentes. En resumen: ir “al hades” al final equivale simplemente a morir.
Cuando hablamos de “infierno” en cambio, hablamos de un destino eterno de condenación por el rechazo voluntario, firme y permanente a Dios. Sobre el descenso de Cristo a los infiernos, que es un tema distinto a esta pregunta, conviene leer el catecismo de la Iglesia Católica, en los números 632 a 635.
Padre Nelson, cuando Dios creo al hombre, ¿lo creo inmortal? –L.S.
* * *
Mira cómo responde admirablemente Santo Tomás de Aquino:
“Este, es el modo como el hombre era incorruptible e inmortal en el estado de inocencia, pues, como dice Agustín en el libro De quaest. Vet. et Nov. Test.: Dios dotó al hombre de inmortalidad mientras no pecase, para que él mismo se diese la vida o la muerte. En efecto, su cuerpo no era incorruptible por virtud propia, sino por una fuerza sobrenatural impresa en el alma que preservaba el cuerpo de corrupción mientras estuviese unida a Dios. Esto fue razonablemente otorgado. Pues, porque el alma racional supera la proporción de la materia corporal, como dijimos (q.76 a.1), era necesario que desde el principio le fuese dada una virtud por la que pudiese conservar el cuerpo por encima de la naturaleza material corporal.”
El texto está tomado de la Suma Teológica, I parte, cuestión 97, artículo 1.
¿Por qué hoy en día no se valora el oficio de difuntos, contenido en Laudes y Vísperas? –L.F.T.
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Nuestra Iglesia Católica podemos decir que abunda en oraciones por los difuntos. El ejemplo más notable es la Santa Misa que siempre tiene súplicas por los fieles difuntos, en general, y además, con frecuencia, por difuntos en particular, con su nombre y apellido.
Los oficios litúrgicos de Laudes y Vísperas tienen, como norma general, el propósito de santificar la jornada, según nos explica la Instrucción general de la misma Liturgia de las Horas (LH). Y esta “santificación” mira por la mañana, al poder de la resurrección de Cristo (“Sol que nace de lo alto”); por la tarde, a la ofrenda de nuestra jornada; y por la noche, al humilde reconocimiento de nuestras faltas, unido a la confianza en la bondad omnipresente de Dios. En este sentido, el propósito de la LH es alimentarnos, mientras vamos de camino. La LH trabaja más en nuestro SER que en nuestro QUEHACER o ACTUAR. Lo básico es que estemos robustos en la fe y la caridad para vivir nosotros como verdaderos hijos de Dios y discípulos de Jesucristo.
Hay lugar en la LH para las intenciones pero solo por excepción se reza el Oficio de Difuntos, por ejemplo, en torno a la partida de alguien cercano o importante para nosotros. Pero no debe exagerarse esta intención particular así como ninguna otra porque ya nuestra vida, en cuanto está unida a la caridad de Cristo, es salud y vida sobrenatural para todos, vivos sobre esta tierra o ya difuntos.