Aviso sobre una Eucaristía en sufragio por los Fieles Difuntos

El día 8 de Noviembre de 2021, a las 6:15 a.m., hora de Colombia, ofreceré la Eucaristía por todos los parientes y amigos de esta lista de correos, este “Alimento del Alma.” La eucaristía no va a ser transmitida por Internet pero puedes unirte a esa hora en tu corazón y hacer una oración por los difuntos que son cercanos a tu corazón.

Homilía del Papa en Roma el día de los fieles difuntos

“A las 11 de la mañana del martes 2 de noviembre, el Santo Padre celebró la misa de los fieles difuntos en el Cementerio Militar Francés de Roma. Apenas llegar, caminó entre las tumbas y depositó ramos de flores en algunas de ellas. En otras se detuvo para orar, especialmente en las tumbas que no tienen nombre. Antes de iniciar la misa saludó a unos niños…”

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Especial para el Día de los Difuntos: Ante el cadáver de mi madre

Los surcos profundos de tu rostro
hablan de un camino;
y en alguno de ellos reconozco
ese día bendito
en que tú, revestida de silencio,
nada decías
porque yo iba camino del convento,
y tú no querías.

Tus ojos, serenos y tan bellos,
¡oh flor de otoño!,
dejaron asomar en su destello
un gris de plomo:
Dios en su designio te pedía,
un sacrificio,
y de nuevo, de tu llanto, yo nacía
para tu Cristo.

Hoy esos ojos se han cerrado
en paz y gracia;
hoy tu camino ha terminado,
no tu plegaria.
Ruega por tu niño que predica,
mamá del alma,
y que sirviendo a Jesús, día tras día,
llegue a su Casa.

Un homicidio involuntario, ¿puede llegar a ser pecado mortal?

Según el Filósofo, en II Physic., el azar o accidente es una causa que obra fuera de la intención. Por ello las cosas fortuitas, absolutamente hablando, no son ni intencionadas ni voluntarias; y puesto que todo pecado es voluntario, según Agustín, dedúcese que las cosas fortuitas, consideradas como tales, no son pecados. No obstante, sucede, a veces, que algo que no se quiere o intenta en el acto y por sí mismo, está en la voluntad o en la intención accidentalmente, en cuanto se llama causa accidental la que remueve los obstáculos. Por consiguiente, el que no evita las causas de las que se sigue el homicidio si debe evitarlas, será culpable en cierto modo de homicidio voluntario.

Y esto sucede de dos maneras: primera, cuando alguien, ocupándose en cosas ilícitas que debía evitar, comete un homicidio; segunda, cuando no pone de su parte el debido cuidado. Por esto, con arreglo al derecho, si uno se ocupa en cosas lícitas poniendo el debido cuidado, y, sin embargo, de su actuación se sigue la muerte de un hombre, no es culpable de homicidio. Mas si se hubiese empleado en cosas ilícitas, o aun en cosas lícitas, pero sin poner la diligencia debida, no evita el reato de homicidio si de su operación se sigue la muerte de un hombre. (S. Th., II-II, q.64, a.8 resp.)


[Estos fragmentos han sido tomados de la Suma Teológica de Santo Tomás, en la segunda sección de la segunda parte. Pueden leerse en orden los fragmentos publicados haciendo clic aquí.]

LA GRACIA 2021/04/30 Dios escoge el mejor momento para llevarnos

Si realmente estamos unidos en fe y amor a Cristo nuestro paso a la eternidad está determinado fundamentalmente por la misericordia con la que Él quiere llevarnos a donde se encuentra.

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Cinco meditaciones sobre la Muerte de Jesús

  1. Hacer verdaderamente el bien siempre afecta nuestros intereses, nuestra agenda, incluso nuestro cuerpo. Cristo Crucificado muestra en la extensión de su ser lo que significa “dejarse afectar” por hacer bien el bien.
  1. El mal es como una piedra muy pesada que va rebotando cuesta abajo por la montaña y con cada golpe cobra más fuerza. Es lo que sucede con el egoísmo, la violencia o la mentira. Y a medida que el mal va rebotando entre nosotros su recorrido siempre termina aplastando al final a los más débiles: el niño que no puede defenderse en el vientre materno; el adulto mayor, enfermo y solo, empujado a suicidarse; el discapacitado, que no tiene cómo argumentar que es útil a la sociedad; el desplazado por la fuerza del hambre o de la guerra. Cristo en la Cruz es aquel que escogió el último lugar, con la clara decisión de no pasar a otros el impacto que habría de recibir: Él es quien detiene el poder del mal, que parecía universal en su arrogancia.
  1. La Biblia nos enseña claramente quién está detrás de todo el odio contra Jesús. No hay duda de que hay factores políticos e incluso económicos pero detrás de todo ello está la acción siniestra del espíritu del mal, que detesta en Cristo particularmente la inocencia y la obediencia. Detrás de las espantosas torturas a que fue sometido el Señor está la formidable presión del demonio, que intenta romper el cristal de la inocencia inmaculada de Cristo, salpicándolo de odio, y sobre todo: romper el lazo de amor y obediencia que le une a Dios Padre. Como hemos dicho en otras ocasiones, lo que buscaba el diablo en Cristo es lo mismo que busca en nosotros: secuestrar y corromper su corazón. Tal es la batalla que fue librada en la Cruz, y por eso, la muerte de Cristo, en medio de oración y amor a Dios y a nosotros, es el gran exorcismo, es la gran victoria sobre el poder del demonio.
  1. En la Cruz de Cristo vemos el fracaso o por lo menos los límites de nuestras instituciones humanas: el Sanedrín, senado del pueblo escogido por Dios, condena a Dios a muerte; el Imperio Romano, que en otro tiempo dio al mundo una compilación maravillosa de leyes, ahora en cambio, a través de Pilato, el Procurador, comete la más flagrante injusticia; el valor de la amistad, que todos tenemos en tanta estima, muestra su límite en la cobardía de los discípulos; la opinión pública, y con ella toda forma de democracia, se revela impotente frente a las manipulaciones de los altos adversarios de Cristo… en síntesis, la Cruz nos enseña una sana desconfianza del hombre que solo se apoya en sí mismo, y por lo tanto: desconfianza de todo humanismo que le dé la espalda a Dios. El ser humano solo alcanza su plenitud volviendo a Quien es su Fuente, es decir, a su Creador y Redentor.
  1. Cristo, en el mismo Evangelio según San Juan, se llamó a sí mismo “la Puerta”. Y es bello ver al Crucificado precisamente como una Puerta: cercano a nuestros dolores, Cristo se ha hecho próximo y prójimo de todo aquel que sufre, incluyéndo, por supuesto, a quienes padecemos las consecuencias de nuestras propias culpas. Pero ya que Él se ha acercado a nosotros, acerquémonos nosotros a Él, y entremos por sus Llagas. Pasado el primer impacto de horror, encontraremos pronto su Corazón limpio, generoso, auténtico manantial de misericordia y bondad. Él nos ayudará a ver nuestros dolores o angustias de un modo diferente, en clave de ofrenda de amor. Y bautizados por ese amor, que tiene sabor de Cielo y de eternidad, podremos de un modo nuevo amar y servir a nuestros hermanos.

Bello Himno Litúrgico para el Oficio de Difuntos

Amargo es el recuerdo de la muerte
en que el hombre mortal se aflige y gime
en la vida presente, cuya suerte
es morir cada día que se vive.

Es verdad que la luz del pleno día
oculta el resplandor de las estrellas,
y la noche en silencio es armonía
de la paz y descanso en las tareas.

Pero el hombre, Señor, la vida quiere;
toda muerte es en él noche y tiniebla,
toda vida es amor que le sugiere
la esperanza feliz de vida eterna.

No se oiga ya más el triste llanto;
cuando llega la muerte, poco muere;
la vida, hija de Dios, abre su encanto:
«La niña no está muerta, sólo duerme.»

Señor, da el descanso merecido
a tus siervos dormidos en la muerte;
si el ser hijos de Dios fue don vivido,
sea luz que ilumine eternamente.

Amén.

En memoria de Fr. Duván Letrado, OP, que en paz descanse.

LA GRACIA 2020/10/24 Postura cristiana frente a las tragedias

Cristo nos invita a no asociar la muerte trágica de las personas con el tipo de vida que llevaban y a mirar la muerte física para reflexionar en la muerte espiritual; la muerte eterna es para Jesús lo realmente grave.

https://youtu.be/8exoj1rKErQ

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¿Son lo mismo el Hades y el infierno?

Padre: El Señor le bendiga. Quisiera preguntarle, ¿qué diferencia hay entre el Hades y el infierno? –JGP.

* * *

Aunque en ocasiones se traten como sinónimos, se trata de dos realidades diferentes. La expresión “hades” viene de la cultura griega antigua. Es un término que hace referencia al modo misterioso de existencia que aquellos griegos pensaban que tenían las personas después de la muerte. Las descripciones literarias y poéticas que han llegado hasta nosotros, hablan de un sitio de sombras, desprovisto de alegría, como un sopor profundo, en el cual, sin embargo, tampoco parece que haya sufrimientos permanentes. En resumen: ir “al hades” al final equivale simplemente a morir.

Cuando hablamos de “infierno” en cambio, hablamos de un destino eterno de condenación por el rechazo voluntario, firme y permanente a Dios. Sobre el descenso de Cristo a los infiernos, que es un tema distinto a esta pregunta, conviene leer el catecismo de la Iglesia Católica, en los números 632 a 635.

¿Creados inmortales?

Padre Nelson, cuando Dios creo al hombre, ¿lo creo inmortal? –L.S.

* * *

Mira cómo responde admirablemente Santo Tomás de Aquino:

“Este, es el modo como el hombre era incorruptible e inmortal en el estado de inocencia, pues, como dice Agustín en el libro De quaest. Vet. et Nov. Test.: Dios dotó al hombre de inmortalidad mientras no pecase, para que él mismo se diese la vida o la muerte. En efecto, su cuerpo no era incorruptible por virtud propia, sino por una fuerza sobrenatural impresa en el alma que preservaba el cuerpo de corrupción mientras estuviese unida a Dios. Esto fue razonablemente otorgado. Pues, porque el alma racional supera la proporción de la materia corporal, como dijimos (q.76 a.1), era necesario que desde el principio le fuese dada una virtud por la que pudiese conservar el cuerpo por encima de la naturaleza material corporal.”

El texto está tomado de la Suma Teológica, I parte, cuestión 97, artículo 1.

El Oficio Litúrgico de Difuntos

¿Por qué hoy en día no se valora el oficio de difuntos, contenido en Laudes y Vísperas? –L.F.T.

* * *

Nuestra Iglesia Católica podemos decir que abunda en oraciones por los difuntos. El ejemplo más notable es la Santa Misa que siempre tiene súplicas por los fieles difuntos, en general, y además, con frecuencia, por difuntos en particular, con su nombre y apellido.

Los oficios litúrgicos de Laudes y Vísperas tienen, como norma general, el propósito de santificar la jornada, según nos explica la Instrucción general de la misma Liturgia de las Horas (LH). Y esta “santificación” mira por la mañana, al poder de la resurrección de Cristo (“Sol que nace de lo alto”); por la tarde, a la ofrenda de nuestra jornada; y por la noche, al humilde reconocimiento de nuestras faltas, unido a la confianza en la bondad omnipresente de Dios. En este sentido, el propósito de la LH es alimentarnos, mientras vamos de camino. La LH trabaja más en nuestro SER que en nuestro QUEHACER o ACTUAR. Lo básico es que estemos robustos en la fe y la caridad para vivir nosotros como verdaderos hijos de Dios y discípulos de Jesucristo.

Hay lugar en la LH para las intenciones pero solo por excepción se reza el Oficio de Difuntos, por ejemplo, en torno a la partida de alguien cercano o importante para nosotros. Pero no debe exagerarse esta intención particular así como ninguna otra porque ya nuestra vida, en cuanto está unida a la caridad de Cristo, es salud y vida sobrenatural para todos, vivos sobre esta tierra o ya difuntos.

Cristo, y los dones preternaturales que tuvo Adán

Fray Nelson: En la enseñanza de fe hemos aprendido que Adán y Eva fueron creados en gracia, sin pecado y con dones preternaturales entre los que destacaría no enfermarse y no morir (si estoy en lo correcto); todos estos dones se perdieron por la mancha del pecado. Ahora bien, siendo Cristo Dios y verdadero hombre, habiendo nacido sin pecado y por ello definido como “el nuevo Adán”, ¿uno podría afirmar que Cristo tenía estos dones preternaturales y que la única forma de que conociera la muerte era producto del asesinato ya que por vía natural no podría morir al tener en sí los dones preternaturales? — L.T.

* * *

La palabra “preternatural” tiene una clave para nuestra respuesta. “Praeter” en latín es aquello que está “al lado de,” es decir, algo que es compatible pero que no es esencial ni integral. Pensemos en el vestido. En principio, el ser humano puede vivir sin vestirse. Una vida así tendrá inconvenientes de diverso género pero no es imposible, y sobre todo, no supone una negación de la naturaleza humana. Uno podría decir, con algo de metáfora, que el uso del vestido es algo “preternatural.”

Con es aclaración, volvamos al caso de Cristo. Siendo una sola Persona, la Persona del Verbo Eterno del Padre, y sin abandonar su naturaleza divina, ha asumido nuestra naturaleza humana, que se sintetiza en el hecho de tener en unidad sustancial un verdadero cuerpo humano y una verdadera alma humana. Lo “preternatural” no es indispensable para afirmar que él es verdadera y plenamente humano.

Santo Tomás de Aquino estudia este tema en la Suma Teológica, en la III parte, cuestión 14. Así por ejemplo, en el artículo 3, dice: “El tomó, en efecto, la naturaleza humana sin el pecado, en la pureza que tenía en el estado de inocencia. Y de igual manera hubiera podido asumir una naturaleza humana exenta de defectos. Por consiguiente, queda claro que Cristo no contrajo tales defectos como tomándolos a modo de deuda por el pecado, sino por su propia voluntad.”

¿Y qué quería Cristo al tomar una naturaleza completa pero marcada por defectos que son efecto del pecado? Santo Tomás trata el asunto en la misma cuestión 14, artículo 1, ad tertium: “La pena es siempre consecuencia de la culpa, actual u original, unas veces del que es castigado, otras de aquel por quien satisface el que padece las penas. Y esto es lo que aconteció en Cristo, según Is 53,5: El fue herido por nuestras iniquidades, y molido a causa de nuestros pecados.”

¿Y con respecto a la muerte? Dado el modo de naturaleza (defectuosa) que Cristo asumió, por amor a nuestra salvación, la muerte natural hubiera acaecido también, nos sigue enseñando el Doctor Común, ene l artículo 3 de la mencionada cuestión, ad secundum: “La causa de la muerte y de los demás defectos de la naturaleza humana es doble: una, remota, cimentada en los principios materiales del cuerpo humano, por estar éste compuesto de elementos contrarios. Pero esta causa estaba impedida por la justicia original. Y, por eso, la causa próxima de la muerte y de los otros defectos es el pecado, que motivó la privación de la justicia original. Y como Cristo estuvo exento de pecado, de ahí que digamos que no contrajo los defectos aludidos, sino que los asumió voluntariamente.”

En todo esto lo que brilla es el amor de misericordia, que todo lo hizo, según proclamamos en el Credo, “por nosotros y por nuestra salvación.”

¿Murió la Virgen María?

Fray Nelson, seré breve: ¿Murió, sí o no, la Virgen, la Madre de Jesús? Veo que en general la gente con más estudios tiende a decir que sí y la gente con más devoción tiende a decir que no. ¿Con qué nos quedamos? –H.H.

* * *

La razón por la que no vas a encontrar una respuesta única al respecto es porque las máximas autoridades de nuestra Iglesia Católica no han definido de modo único esa pregunta, y hay santos que piensan una cosa y santos que opinan la otra. Aunque al final estas dos posturas tampoco están tan separadas como uno podría pensar porque quienes dicen que sí murió describen su muerte como algo sereno, que es fruto del amor y la perfección de la obra de la gracia en ella, sin que haya habido ninguna corrupción de su cuerpo. Y quienes dicen que no murió describen el final de su vida en esta tierra como una especie de quedarse dormida, y por eso se habla de “dormición” de la Virgen, que, como se ve, no difiere demasiado de la descripción de “muerte” que dan los otros. En ambos casos es evidente que su vida terminó en esta tierra y hay acuerdo firme en que no se trató de una enfermedad o accidente.

Catholic.net brinda algo más de información:

Royo Marín responde así a la pregunta: “No parece que muriera de enfermedad, ni de vejez muy avanzada, ni por accidente violento (martirio), ni por ninguna otra causa que por el amor ardentísimo que consumía su corazón.”

No creamos que esta afirmación de que el amor a Dios haya sido la causa del fallecimiento (¿o desfallecimiento?) de María, es una ilusión poética, producto de una piedad ingenua y entusiasta para con la Santísima Virgen. No. Esta enseñanza se funda en testimonios de los Santos Padres, quienes dejaron traslucir con frecuencia su pensamiento sobre este particular.

El Padre Joaquín Cardoso, s.j. cita a San Alberto Magno: “Creemos que murió sin dolor y de amor». Nos asegura, además, que a San Alberto siguen otros como el Abad Guerrico, Ricardo de San Lorenzo, San Francisco de Sales, San Alfonso María de Ligorio y otros muchísimos.”

Y veamos qué nos dice Juan Pablo II sobre las causas de la muerte de la Madre de Dios: “Más importante es investigar la actitud espiritual de la Virgen en el momento de dejar este mundo.” Entonces se apoya en San Francisco de Sales, quien considera que la muerte de María se produjo como un ímpetu de amor. En el Tratado del Amor de Dios habla de una muerte “en el Amor, a causa del Amor y por Amor” (Tratado del Amor de Dios, Lib. 7, 12-14; JP II, 25-junio-99.)

Royo Marín cita a Alastruey, quien en su Tratado de la Virgen Santísima afirma: “La Santísima Virgen acabó su vida con muerte extática, en fuerza del divino amor y del vehemente deseo y contemplación intensísima de las cosas celestiales.”

Es nuevamente Juan Pablo II quien aclara aún más este punto: “Cualquiera que haya sido el hecho orgánico y biológico que, desde el punto de vista físico, le haya producido la muerte, puede decirse que el tránsilo de esta vida a la otra fue para María una maduración de la gracia en la gloria, de modo que nunca mejor que en este caso la muerte pudo concebierse como una dormición.”