Firmes en la Fe, 3 de 3

[Predicación a los Misioneros de Jesús,en Guatemala. Abril de 2013.]

* Creer sólo puede significar una cosa: que el trono, el centro de mi vida es para Cristo. Los santos, lejos de estorbar, son testimonio precioso de lo que implica y el fruto que trae que Cristo tome su lugar.

* El gran obstáculo para que Dios reine el pecado. No pensemos del pecado como error, ignorancia, defecto o equivocación. No es un juego porque implica rebeldía y de suyo conduce a la muerte eterna.

* Lo primero que libera Cristo es el corazón: es ahí donde estamos realmente ciegos, paralíticos, sordos y a veces muertos.

* Necesitamos aprender a orar como hijos y no como esclavos. No pedir más parches para seguir sobreviviendo sino clamar por una vida nueva en su amor.

Hay que orar con el corazón

7. ¿Cuál es la C del ABC de la oración? La C representa al corazón, o al alma según la Doctrina de la Iglesia; y, también, a la Cruz de Cristo.

Hay que orar con el corazón, o con toda el alma. Pues quien no ora con el corazón está en la hipocresía o en la simulación casi siempre. Por esto nuestro Señor reprendía a algunos del pueblo de Israel:

“Qué bien profetizó Isaías sobre ustedes, hipócritas, cuando escribió: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. Es inútil el culto que me rinden, porque enseñan doctrinas que no son sino preceptos humanos. Ustedes dejan a un lado el mandamiento de Dios, para aferrarse a las tradiciones de los hombres” (Mc 7, 6-8).

Y nos aclara el Magisterio: “¿De dónde viene la oración del hombre? Cualquiera que sea el lenguaje de la oración (gestos y palabras), el que ora es todo el hombre. Sin embargo, para designar el lugar de donde brota la oración, las Escrituras hablan a veces del alma o del espíritu, y con más frecuencia del corazón (más de mil veces). Es el corazón el que ora. Si éste está alejado de Dios, la expresión de la oración es vana” (CEC 2562).

O sea, si en la oración que hacemos a Dios no se integra nuestra alma, nuestra oración es vana, o al menos poco efectiva. La mayoría de nosotros sabemos que tenemos un alma inmortal, pero no la conocemos, y mucho menos la invitamos a la oración: no la tomamos en cuenta. Veamos cómo ora nuestra dulce Madre celestial tomando en cuenta a su alma y a su espíritu:

“Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador” (Lc 1, 46, 47).

Y cómo también la toma en cuenta y la invita en la oración el salmista:

“Bendice alma mía, a Yahvé, el fondo de mi ser [el espíritu], a su santo nombre. Bendice, alma mía, a Yahvé, nunca olvides sus beneficios” (Sal 103. 1, 2).

Al orar la mayoría de nosotros no consideramos que es menester ponernos ante Dios con corazón (alma) contrito y espíritu humillado; tampoco le pedimos al Santo Espíritu de Dios que nos una a Él en la oración; y mucho menos tomamos en cuenta a nuestra alma, invitándola a formar parte de dicha oración. Es por esto que nuestra oración -por no saber el ABC de la oración- poca fuerza tiene, le falta el ímpetu y las alas para llegar al trono de Dios, y presentarse agradable a sus oídos.

[Autor: Juan de Jesús y María.]

Renuevame por dentro con espiritu firme, 2 de 3

[Predicación en la Asamblea de la Renovación Carismática, Región Andalucía Occidental, 2012.]

Tema 2 de 3: Por dentro.

* En Mateo cap. 15, Jesús habla de aquello que hace impuro al hombre, y dice que el problema no está en lo que viene de fuera, sino en el corazón.

* El corazón humano se endurece por miedo pero si lo miramos con más detenimiento, se endure porque un tirano, el “yo,” ha asentado su trono en el centro de ese corazón, y a toda costa quiere defender lo ganado.

* El “yo” no saldrá de su trono voluntariamente. Su salida viene motivada por aquello mismo que vemos en la gente que rodea a Cristo. ¿Quiénes son ellos? Son los fracasados, los excluidos, los frágiles, los extenuados.

* El que ha “tocado fondo” puede entender el lenguaje de las bienaventuranzas porque de su postración hay algo bueno en camino: la capacidad de recibir como rey al verdadero rey, es decir, a Cristo, enviado por el Padre como magnánimo y bondadoso señor nuestro.

* En Juan 4, Jesús nos hace ver que ya hay muchas personas que se encuentran en una condición semejante. Si no evangelizamos, culpa nuestra será que esos pobres, que tienen agrietada el alma, caigan en desesperación o se venden al que de tiempo atrás quiere envenenarles, es decir, el enemigo malo.

* Urge, pues, evangelizar: estar despiertos, reconocer la hora de Dios en nosotros y en los que tenemos cerca.

Purificacion de los afectos

Si tu ojo derecho te escandalizare…, ¡arráncalo y tíralo lejos! -¡pobre corazón, que es el que te escandaliza! Apriétalo, estrújalo entre tus manos: no le des consuelos. -Y, lleno de una noble compasión, cuando los pida, dile despacio, como en confidencia: “Corazón, ¡corazón en la Cruz!, ¡corazón en la Cruz!”

¿Cómo va ese corazón? -No te me inquietes: los santos -que eran seres bien conformados y normales, como tú y como yo -sentían también esas naturales inclinaciones. Y si no las hubieran sentido, su reacción “sobrenatural” de guardar su corazón -alma y cuerpo- para Dios, en vez de entregarlo a una criatura, poco mérito habría tenido. Por eso, visto el camino, creo que la flaqueza del corazón, no debe ser obstáculo para un alma decidida y “bien enamorada”.

Tú… que por un amorcillo de la tierra has pasado por tantas bajezas, ¿de veras te crees que amas a Cristo y no pasas, ¡por El!, esa humillación?

Me escribes: “Padre, tengo… dolor de muelas en el corazón”. -No lo tomo a chacota, porque entiendo que te hace falta un buen dentista que te haga unas extracciones. ¡Si te dejaras!…

“¡Ah, si hubiera roto al principio!”, me has dicho. -Ojalá no tengas que repetir esa exclamación tardía.

“Me hizo gracia que hable usted de la ‘cuenta’ que le pedirá Nuestro Señor. No, para ustedes no será Juez -en el sentido austero de la palabra- sino simplemente Jesús”. -Esta frase, escrita por un Obispo santo, que ha consolado más de un corazón atribulado, bien puede consolar el tuyo.

Te amilana el dolor porque lo recibes con cobardía. -Recíbelo, valiente, con espíritu cristiano: y lo estimarás como un tesoro.

¡Qué claro el camino!… ¡Qué patentes los obstáculos!… ¡Qué buenas armas para vencerlos!… -Y, sin embargo, ¡cuántas desviaciones y cuántos tropiezos! ¿Verdad? -Es el hilillo sutil -cadena: cadena de hierro forjado-, que tú y yo conocemos, y que no quieres romper, la causa que te aparta del camino y que te hace tropezar y aun caer. -¿A qué esperas para cortarlo… y avanzar?

El Amor… ¡bien vale un amor!

En tu corazon, primero Dios

Me das la impresión de que llevas el corazón en la mano, como ofreciendo una mercancía: ¿quién lo quiere? -Si no apetece a ninguna criatura, vendrás a entregarlo a Dios. ¿Crees que han hecho así los santos?

¿Por qué abocarte a beber en las charcas de los consuelos mundanos si puedes saciar tu sed en aguas que saltan hasta la vida eterna?

Desasimiento. -¡Cómo cuesta!… ¡Quién me diera no tener más atadura que tres clavos ni más sensación en mi carne que la Cruz!

¿No presientes que te aguarda más paz y más unión cuando hayas correspondido a esa gracia extraordinaria que te exige un total desasimiento? -Lucha por El, por darle gusto: pero fortalece tu esperanza.

No quieres sujetarte a la Voluntad de Dios… y te acomodas, en cambio, a la voluntad de cualquier criaturilla.

No me saques las cosas de quicio: si se te da Dios mismo, ¿a qué ese apego a las criaturas?

Flaquea tu corazón y buscas un asidero en la tierra. -Bueno; pero cuida de que el apoyo que tomas para no caer no se convierta en peso muerto que te arrastre, en cadena que te esclavice.

Dime, dime: eso… ¿es una amistad o es una cadena?

El Corazon, la Mujer, y el Corazon de Mujer

Predicación en el encuentro “Revive tus Emociones,” organizado por Santa María de la Paz el 25 de Marzo de 2012, en Medellín.

* El mundo de hoy ha perdido la ruta al corazón. Ha querido, en vano, reemplazarlo, con una calculadora de gastos y beneficios, o con el vacío estéril del yoga y el orientalismo, o con el entusiasmo trivial por la música y el deporte.

* La Biblia habla del poder del corazón entre otras cosas cuando muestra que la mujer logra que no logran muchos hombres, como en el ejemplo de Sansón y Dalila.

* Pero el corazón, según la perspectiva bíblica, no es una simple colección de sentimientos: es el lugar de la verdad primera porque es allí donde nos desprendemos de la influencia continua de opiniones, pretensiones y negocios de la opinión ajena.

* En esa verdad primera del corazón hemos de captar el amor primero, que es amor de gracia, don precioso de Dios para cada uno de nosotros. Su propuesta en realidad alcanza la raíz misma de nuestro ser: Dios quiere seducirnos, como el Amado a la Amada, en el cantar de los Cantares.

Educar el corazon

“Lógicamente, una condición imprescindible para edificar una buena base sentimental-afectiva es que los mismos padres traten de perfeccionar su propia estabilidad emocional. ¿Cómo? Mejorando la convivencia familiar, cuidando su unión, demostrando –con prudencia– su amor mutuo delante de los hijos. Sin embargo, a veces uno se inclina a pensar que los afectos o los sentimientos desbordan el ámbito educativo familiar; quizá porque parece que son algo que sucede, que escapan a nuestro control y no podemos cambiar. Incluso se llega a verlos desde una perspectiva negativa; pues el pecado ha desordenado las pasiones, y éstas dificultan el obrar racionalmente…”

educar el corazon

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Preparacion para Pentecostes, 2 de 5

Novedad del Espíritu, Triduo de Preparación a Pentecostés. 2 de 5: Descubrir el propio corazón

* Tenemos capacidad de razonar, de desear y de comunicarnos. De esas capacidades surgen pactos, consensos, leyes e instituciones. ¿No debería ser eso suficiente para dar felicidad al ser humano y para organizar la sociedad?

* El problema no está en las instituciones ni en las leyes, que suelen ser razonables, útiles y justas, sino en un centro al que nos conduce la revelación bíblica, especialmente a través del camino tortuoso del Antiguo Testamento. Ese centro, tantas veces enfermo, es el corazón humano.

* Entendemos por “corazón” esa interioridad, ese “espacio” de verdad que uno reconoce cuando puede hablar con sinceridad sobre sí mismo y como ante sí mismo. En esa interioridad uno descubre sus verdaderas motivaciones, los principios que en realidad gobiernan la vida, y también la distancia, a menudo abismal, que lo separa a uno de lo que uno dice creer.

* Ese corazón es el lugar que quiere y puede visitar el Espíritu Santo de Dios. Este es el Espíritu que ilumina, sacia, transforma y a la vez une los corazones, sanando las heridas del pecado y volviéndonos verdaderos interior y exteriormente.

III-B. Pureza, interior y exterior

116. Por encima de todo cuidado, guarda tu corazón, porque de él brotan las fuentes de la vida. (Pr 4,23)

117. Esta es la voluntad de Dios: que seáis santos. Que os abstengáis de la fornicación; que cada uno sepa usar de su cuerpo con respeto sagrado, no por pura pasión, como los paganos que no conocen a Dios; que en este asunto, nadie ofenda o perjudique a su hermano, porque el Señor castiga tales ofensas, como os lo tenemos dicho e inculcado. Dios no os ha llamado a la impureza, sino a la santificación. (1 Ts 4,3-7)

118. Habéis oído que se dijo: no cometerás adulterio. Pues yo os digo que quien mira a una mujer deseándola ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. (Mt 5, 27-28)

119. Raíz de los pensamientos es el corazón; de él salen cuatro ramas: bien y mal, vida y muerte; pero al final quien decide es la lengua. (Sir 37,17-18)

120. En todos tus actos vela sobre ti. (Sir 32,23)