El tema teológico de las partículas

Padre Fray Nelson una pregunta con respecto a recibir la comunión en la mano, si bien es cierto está permitido y al menos en mi diócesis por este tiempo han pedido que lo hagamos en la mano. Por ello al ser así como debemos manejar la parte en que posiblemente se puedan quedar partículas en la mano que no se alcance a observar, que deberíamos hacer después de recibir a nuestro amado Jesús en la mano y comulgar. —

* * *

El tema de las partículas es cierto pero tampoco debe llevarse hasta el extremo. Voy a citar primero tres ejemplos:

(1) Una persona va a la Santa Misa y comulga, recibiendo además la Comunión en la boca. Siente que algo de la hostia consagrada quedó en su boca, entre sus dientes, aunque intenta obrar de la mejor manera consumiendo todo. Dos horas después, cuando va a comerse un sandwich, todavía le asalta el temor de revolver sandwich y eucaristía.

(2) Un sacerdote celebra con devoción la Santa Misa. Es un hombre que recibió el llamado vocacional después de hacer estudios de química pura. Un día le asalta un pensamiento: las condiciones de volatibilidad del vino hacen que partículas de vino abandonen el líquido y simplemente floten por el aire. Por eso, al sentir, después de la consagración, algo del aroma propio del vino, que por supuesto ya él no reconoce como vino sino como Sangre de Cristo, le entra angustia de pensar que la Sangre del Señor terminará posándose quién sabe dónde.

(3) En la Santa Misa se utilizan unos paños llamados “purificadores.” Es obvio que en un purificador quedan partículas, en general, minúsculas, de la Hostia Consagrada, y además es visible un rastro del vino consagrado, es decir, Sangre Preciosa del Señor. ¿Qué se debería hacer con ellos, con los purificadores? En la práctica es necesario lavarlos. ¿Y qué pasa con esas micro-partículas?

Por esta clase de análisis, y otros parecidos, uno ve que, sin negar la presencia real de Cristo entero en cada partícula, hay un límite en lo que puede suceder a los “accidentes” de pan y vino. Escribe Santo Tomás de Aquino (S.Th. III q. 77 a. 4) :

Ya que el cuerpo de Cristo y su sangre suceden en este sacramento a la sustancia del pan y del vino, si los accidentes sufren una inmutación que no es suficiente para corromper el pan y el vino, esta inmutación no provoca la desaparición del cuerpo y de la sangre de Cristo en este sacramento, ya sea la inmutación por parte de la cualidad, como cuando cambia un poco el color o el sabor del vino o del pan, ya sea por parte de la cantidad, como cuando se divide el pan o el vino en unas partes en que se salva todavía la naturaleza del pan y del vino. Pero si la inmutación es tan profunda que la sustancia del pan y del vino se corrompe, no permanece el cuerpo y la sangre de Cristo en este sacramento. Y esto, tanto por parte de las cualidades: como cuando cambian tanto el color, el sabor y las otras cualidades del pan y del vino que en modo alguno se hacen compatibles con la naturaleza del pan y del vino, como por parte de la cantidad: como si se pulveriza el pan o se minimiza tanto el vino que ya no quedan allí las especies de pan y de vino.

De tal modo que, ya se trate de comulgar directamente en la boca, o recibir la Sagrada Eucaristía primero en la mano, lo que debe hacerse es tener el cuidado y la delicadeza (sin obsesiones) de verificar que no queda nada que podamos reconocer.

A la Eucaristía

¡Qué milagro se ofrece cada día
ante la humanidad indiferente!,
todo un Dios, infinito, omnipotente,
da su cuerpo, cosecha de agonía.

Nos espera en amante cercanía
como agua, vino y pan, limpio torrente,
zumo añejo de paz, viva simiente,
alimentos de célica alegría.

¡Qué humildad!, en el fruto consagrado
está Dios, el espíritu inmortal,
en silencioso amor esclavizado.

Olvidó su dolor, nuestro pecado,
nos ofrece su reino celestial,
y le dejamos solo, abandonado.

Emma Margarita R.A.-Valdés

LA GRACIA 2020/06/14 Presencia eucarística de Cristo resumen de nuestra fe

SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y SANGRE SANTÍSIMOS DE CRISTO, CICLO A

En la Eucaristía nos unimos a Dios; se proclama la gloria de Cristo en su Encarnación, en su pasión y muerte y en su Resurrección y se manifiestan sus tres grandes atributos: su poder, su sabiduría y su amor.

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Asombro eucarístico

Agiganta tu fe en la Sagrada Eucaristía. -¡Pásmate ante esa realidad inefable!: tenemos a Dios con nosotros, podemos recibirle cada día y, si queremos, hablamos íntimamente con El, como se habla con el amigo, como se habla con el hermano, como se habla con el padre, como se habla con el Amor.

Más pensamientos de San Josemaría.

LA GRACIA 2020/04/30 Comulgar creyendo

Ser católico es recibir toda la Biblia, no algunos versículos; y es creer que Cristo es el pan de vida, que Él ha querido hacerse presente para nosotros en la Eucaristía.

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No podemos vivir de eucaristías virtuales, expresa Arzobispo

“…“Estamos en conversación con las autoridades nacionales para abrir los templos y en grupos reducidos, con las precauciones sanitarias tanto personal como ambiental, poder celebrar los sacramentos. Sin duda, será una gran oferta de sanación para muchísimos cristianos”, afirmó el Arzobispo, que animó a celebrar los sacramentos lo antes posible, cuando se termine la cuarentena por el coronavirus COVID-19…”

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La Eucaristía en la vida de los santos

“Todos los santos, sin excepción, han centrado su vida en Cristo vivo, presente en la Eucaristía. Su fe en la presencia real era tan fuerte que se pasaban horas y horas, acompañando, amando, adorando a Jesús sacramentado. Algunos tenían el don de la hierognosis, es decir, de poder distinguir los objetos bendecidos por un sacerdote de los que no lo están y, especialmente, reconocer la hostia consagrada de la que no lo está…”

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Este adorador eucarístico impulso un “milagro” antes de morir

“Leandro Loredo fue un ferviente promotor de las capillas de adoración perpetua en La Plata (Argentina) y antes de su partida al cielo motivó una de las últimas obras considerada por sus cercanos como un “milagro”. Se trata de las 24 horas de Adoración Eucaristía que se realizarán cada fin de mes a partir de enero de 2020 en la capilla del Hospital San Martín de La Plata…”

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A Jesús Eucaristía

Saber que me haces falta,
Jesús Eucaristía,
es gran sabiduría
y es fuente de esperanza,
porque en tu pecho el alma
descansa y tiene vida.

Saber que tú me aguardas,
Jesús Eucaristía…
¡Tú, que todo sabías,
de cómo estaba mi alma!
¡Cómo decirte gracias,
Amor que das la vida!

Puedes escucharlo cantado aquí.

¿Rezar el Rosario mientras la Misa?

Si uno se aburre en la misa y tiende a distraerse, ¿es buena idea aplicarse por ejemplo a rezar el Rosario? — S.M.

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No, no es una buena idea.

Una idea mejor es preguntarnos por qué llegamos a distraernos o aburrirnos en la Santa Misa. Si leemos con atención, por ejemplo, lo que nos enseña el Catecismo de la Iglesia Católica sobre la Eucaristía (numeros 1322 a 1419), nuestro corazón se llenará de fervor por la grandeza del amor que Dios hace presente en cada celeración eucarística.

Ayuda mucho también llegar con tiempo, preparar nuestro corazón, orar con atención pidiendo el don del Espíritu Santo, y en fin, todo aquello que abra nuestra mente y corazón para presenciar de modo místico pero absolutamente real el mismo sacrificio del calvario.

Algunas decisiones prácticas son útiles también. Hay que situarse donde uno puedo oír y ver lo mejor posible; seguir atentamente las lecturas; y al escuchar la homilía, buscar algunos elementos que uno pueda aplicar a la propia vida.

Rezar el Rosario es una ocupación preciosa y santa pero su lugar no es durante la Misa. Simplemente, no hay NADA que se compara a la grandeza, hermosura y fruto espiritual de la Misa.

Para no aburrirse en Misa

“A veces la gente se queja de que se aburre en Misa, de que lo que se hace y se dice en ella todos los domingos es siempre lo mismo, de que asistir no les sirve de nada y sería mejor dedicarse a otra cosa. Es comprensible, porque nuestros ojos están tan envejecidos por el pecado que a veces necesitamos telescopios para ver las maravillas que tenemos delante de nuestras narices. Siempre me ha parecido especialmente apropiado que uno de los milagros de Jesús fuera devolver la vista a los ciegos: quizá no haya nada que necesitemos más que eso…”

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¿Debe prohibirse a los fieles levantar sus manos en el Padrenuestro?

Padre Nelson, me han dicho que ustedes cómo consagrados levantan las manos a Dios en misa, y nosotros no debemos hacerlo y menos en el Padrenuestro. ¿Dónde puedo investigar esto? –M.Z.

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No hace mucho, un sacerdote amigo, de la Argentina, escribió un texto que es muy educativo y completo, según mi opinión, sobre este tema, y otros relacionados. El nombre de él es P. Leandro Bonnin, y lo que sigue es de su autoría:

SOBRE LOS GESTOS DE LOS FIELES EN LA MISA.

Me parecía interesante puntualizar algunas cosas:

1. Las normas referentes al modo de conducirse durante la Misa están contenidas fundamentalmente en un documento llamado “Instrucción general del Misal Romano“.

Ese documento es de vital importancia, y realmente indispensable para hablar con propiedad sobre todo lo que tiene que ver con la liturgia de rito latino en la Iglesia Católica.

También es una lectura recomendable el documento Redemptionis sacramentum, publicada un año después.

2. En el primero de los documentos citados se habla abundantemente de las diferentes posturas y el modo en que los SACERDOTES deben colocar sus MANOS durante la celebración: si juntas, si extendidas, si elevadas, etc.

Por el contrario, en ningún lugar de dicho documento se establece que los FIELES deban asumir o no puedan asumir alguna determinada postura o actitud con sus MANOS. Por lo tanto, las frases “levantar las manos corresponde solo al sacerdote” y “tampoco hay que agarrarse las manos con la persona de al lado” no son citas textuales ni paráfrasis de este documento.

Tampoco existe la frase: “las formas correctas de poner las manos son…” Es importante verificar la solidez de una afirmación antes de compartirla…

3. Habiendo aclarado que los documentos nunca se refieren en sentido estricto a la postura de LAS MANOS (sí hay referencias específicas al estar de pie, sentados, etc), hay un punto en el cual se habla en general de los GESTOS y POSTURAS CORPORALES:

“42. Los gestos y posturas corporales, tanto del sacerdote, del diácono y de los ministros, como del PUEBLO, deben tender a que toda la celebración resplandezca por el NOBLE DECORO y por la SENCILLEZ, a que SE COMPRENDA EL SIGNIFICADO verdadero y pleno de cada una se sus diversas partes y a que se favorezca la PARTICIPACIÓN de todos.
Así, pues, se tendrá que prestar atención a aquellas cosas que se establecen por esta Instrucción general y por la praxis tradicional del Rito romano, y a aquellas que contribuyan al bien común espiritual del pueblo de Dios, más que al deseo o a las inclinaciones privadas. La UNIFORMIDAD de las posturas, que debe ser observada por todos los participantes, es SIGNO DE UNIDAD de los miembros de la comunidad cristiana congregados para la sagrada Liturgia: expresa y promueve, en efecto, la intención y los sentimientos de los participantes”.

4. ¿Cómo aplicar esos principios a la cuestión concreta de las manos en el Padrenuestro?

Es evidente que no podemos interpretarlas en un sentido estrictísimo, lo que nos llevaría, por ejemplo, a pretender que todos tuvieran las dos piernas extendidas -y no una extendida y la otra flexionada- al estar de pie; a que cuando estemos sentados todos tengamos las rodillas juntas o separadas o ambos pies en el suelo con las plantas apoyadas y con la espalda en el respaldo; o que cuando nos arrodillamos todos tengamos los codos en el reclinatorio o sólo las manos… o si hay que estar toda la Misa con los ojos abiertos o los podemos cerrar… eso es imposible y de ningún modo necesario. Ese mismo criterio estrictísimo nos llevaría a negar -por ejemplo- que alguien pueda sonarse la nariz o taparse la boca al estornudar, porque estaría rompiendo la uniformidad.

También es evidente que tampoco se debe interpretar en un sentido excesivamente amplio, amparados en la referencia a los “sentimientos de los participantes”. Uniformidad es uniformidad, aunque también es bueno precisar que se refiere de modo más explícito a las posturas, sin mencionar los gestos.

Al no establecer indicaciones precisas sobre las manos de los fieles, podemos entender que hay que evitar los gestos que de modo ampuloso y desproporcionado “rompan” la unidad de la asamblea. Esto podría suceder si alguien, por ejemplo, levantara sus brazos de tal modo que obstaculizase la visión del que está detrás o fuera motivo de su distracción. Pero si a alguien le ayuda en su devoción colocar sus manos con las palmas hacia arriba expresando súplica confiada sin distraer a los demás, no hay motivo para impedirlo ni disuadirlo.

En relación al tomarse de las manos, está claro que salirse del propio banco para ir dos o tres adelante o atrás implica un desplazamiento que no corresponde con el momento celebrativo. También está claro que deberían excluirse los modos de “tomarse de las manos” más propios de ambientes de amistad o del deporte. Pero considero que si -por ejemplo- una familia que participa en Misa desea hacer el Padrenuestro tomándose discretamente las manos y sin desplazarse de su sitio… de ningún modo altera el desarrollo de la celebración.

Es evidente que así como no están prohibidas -observada la debida mesura- tampoco están mandadas, y por lo mismo a nadie se debe ni se puede obligar a hacer estos gestos.

Debemos evitar a toda costa que la Liturgia se transforme en un “campo de batalla” entre diferentes visiones, y para ello es preciso leer e interpretar con equilibrio las disposiciones del magisterio.

5. Por último, leyendo algunos artículos sobre este tema, encontré que para muchos estos gestos son negativos por expresar “sentimentalismo” y porque “la unión con Dios pasa por el alma, no por el cuerpo”. Creo que debemos estar atentos a planteamientos así, que pueden alejarnos de la visión unitaria del ser humano que subyace en nuestra fe -el sentimiento forma parte de nosotros y también “va a Misa”- así como una visión un poco gnóstica y dualista que relativiza la importancia del cuerpo.

Que con la mente, el corazón y el cuerpo honremos al Dios Uno y Trino como es debido y él se merece, en unión con María y la Santa Iglesia.