Motete 012 – Bienvenido Señor y Mesías

Himno de Laudes para la Solemnidad de la Anunciación

Suplicaba el profeta Isaías:
“¡Ojalá que rasgases el Cielo!”
Suplicaba el profeta y decía:
“Ven, Señor, y visita a tu pueblo.”

Si la noche fue dura y tan fría
y el dolor oprimió nuestro pecho,
una sola razón existía:
nos faltaban tu voz y tu aliento.

Ya se anuncia la gracia, y el día
se abre paso, a la noche venciendo;
el Arcángel saluda a María
y en su voz hay un eco de Cielo.

En silencio, la Virgen Bendita
sabe bien que ha llegado el momento;
en los labios de Santa María
nuestra voz va al encuentro del Verbo.

¡Oh Jesús, cómo es grande este día
en que Tú te nos haces Pequeño!
¡Bienvenido, Señor y Mesías,
con el Padre y el Don sempiterno!

Estudio y análisis del cuadro de la Última Cena de Leonardo da Vinci

“Leonardo da Vinci (Vinci, Toscana, 1452 – Amboise, Turena, 1519), sin duda el mejor representante del hombre del Renacimiento: artista, ingeniero, científico, cocinero y pensador. Da Vinci poseía una insaciable curiosidad que unida a su gran facilidad para aprender ramas del saber tan diferentes le han otorgado un gran prestigio personal, que con los siglos ha ido en aumento…”

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Destino universal de los bienes y opción preferencial por los pobres

182 El principio del destino universal de los bienes exige que se vele con particular solicitud por los pobres, por aquellos que se encuentran en situaciones de marginación y, en cualquier caso, por las personas cuyas condiciones de vida les impiden un crecimiento adecuado. A este propósito se debe reafirmar, con toda su fuerza, la opción preferencial por los pobres: 384 « Esta es una opción o una forma especial de primacía en el ejercicio de la caridad cristiana, de la cual da testimonio toda la tradición de la Iglesia. Se refiere a la vida de cada cristiano, en cuanto imitador de la vida de Cristo, pero se aplica igualmente a nuestras responsabilidades sociales y, consiguientemente, a nuestro modo de vivir y a las decisiones que se deben tomar coherentemente sobre la propiedad y el uso de los bienes. Pero hoy, vista la dimensión mundial que ha adquirido la cuestión social, este amor preferencial, con las decisiones que nos inspira, no puede dejar de abarcar a las inmensas muchedumbres de hambrientos, mendigos, sin techo, sin cuidados médicos y, sobre todo, sin esperanza de un futuro mejor ».385

183 La miseria humana es el signo evidente de la condición de debilidad del hombre y de su necesidad de salvación.386 De ella se compadeció Cristo Salvador, que se identificó con sus « hermanos más pequeños » (Mt 25,40.45). « Jesucristo reconocerá a sus elegidos en lo que hayan hecho por los pobres. La buena nueva “anunciada a los pobres” (Mt 11,5; Lc 4,18) es el signo de la presencia de Cristo ».387

Jesús dice: « Pobres tendréis siempre con vosotros, pero a mí no me tendréis siempre » (Mt 26,11; cf. Mc 14,3-9; Jn 12,1-8) no para contraponer al servicio de los pobres la atención dirigida a Él. El realismo cristiano, mientras por una parte aprecia los esfuerzos laudables que se realizan para erradicar la pobreza, por otra parte pone en guardia frente a posiciones ideológicas y mesianismos que alimentan la ilusión de que se pueda eliminar totalmente de este mundo el problema de la pobreza. Esto sucederá sólo a su regreso, cuando Él estará de nuevo con nosotros para siempre. Mientras tanto, los pobres quedan confiados a nosotros y en base a esta responsabilidad seremos juzgados al final (cf. Mt 25,31-46): « Nuestro Señor nos advierte que estaremos separados de Él si omitimos socorrer las necesidades graves de los pobres y de los pequeños que son sus hermanos ».388

184 El amor de la Iglesia por los pobres se inspira en el Evangelio de las bienaventuranzas, en la pobreza de Jesús y en su atención por los pobres. Este amor se refiere a la pobreza material y también a las numerosas formas de pobreza cultural y religiosa.389 La Iglesia « desde los orígenes, y a pesar de los fallos de muchos de sus miembros, no ha cesado de trabajar para aliviarlos, defenderlos y liberarlos. Lo ha hecho mediante innumerables obras de beneficencia, que siempre y en todo lugar continúan siendo indispensables ».390 Inspirada en el precepto evangélico: « De gracia lo recibisteis; dadlo de gracia » (Mt 10,8), la Iglesia enseña a socorrer al prójimo en sus múltiples necesidades y prodiga en la comunidad humana innumerables obras de misericordia corporales y espirituales: « Entre estas obras, la limosna hecha a los pobres es uno de los principales testimonios de la caridad fraterna; es también una práctica de justicia que agrada a Dios »,391 aun cuando la práctica de la caridad no se reduce a la limosna, sino que implica la atención a la dimensión social y política del problema de la pobreza. Sobre esta relación entre caridad y justicia retorna constantemente la enseñanza de la Iglesia: « Cuando damos a los pobres las cosas indispensables no les hacemos liberalidades personales, sino que les devolvemos lo que es suyo. Más que realizar un acto de caridad, lo que hacemos es cumplir un deber de justicia ».392 Los Padres Conciliares recomiendan con fuerza que se cumpla este deber « para no dar como ayuda de caridad lo que ya se debe por razón de justicia ».393 El amor por los pobres es ciertamente « incompatible con el amor desordenado de las riquezas o su uso egoísta » 394 (cf. St 5,1-6).

NOTAS para esta sección

384Cf. Juan Pablo II, Discurso a la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Puebla (28 de enero de 1979), I/8: AAS 71 (1979) 194-195.

385Juan Pablo II, Carta enc. Sollicitudo rei socialis, 42: AAS 80 (1988) 572-573; cf. Id., Carta enc. Evangelium vitae, 32: AAS 87 (1995) 436-437; Id., Carta ap. Tertio millennio adveniente, 51: AAS 87 (1995) 36; Id., Carta ap. Novo millennio ineunte, 49-50: AAS 93 (2001) 302-303.

386Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 2448.

387Catecismo de la Iglesia Católica, 2443.

388Catecismo de la Iglesia Católica, 1033.

389Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 2444.

390Catecismo de la Iglesia Católica, 2448.

391Catecismo de la Iglesia Católica, 2447.

392San Gregorio Magno, Regula pastoralis, 3, 21: PL 77, 87: « Nam cum quaelibet necessaria indigentibus ministramus, sua illis reddimus, non nostra largimur; iustitiae potius debitum soluimus, quam misericordiae opera implemus ».

393Concilio Vaticano II, Decr. Apostolicam actuositatem, 8: ASS 58 (1966) 845; cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 2446.

394Catecismo de la Iglesia Católica, 2445.

Este Compendio se publica íntegramente, por entregas, aquí.

Entre la venta y el alquiler de órganos

“España y la mayor parte de los países prohíben la compraventa de órganos para trasplantes. Se teme que, aunque fuera fruto de un libre acuerdo, daría ocasión para que los enfermos ricos explotasen la necesidad de los pobres. Y, en último término, esta mercantilización del cuerpo se considera incompatible con la dignidad humana…”

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Qué es ser cristiano, 02 de 16, Reconocimiento del pecado

[Serie de catequesis para las Monjas Dominicas del Monasterio de la Madre de Dios, en Baeron, Jenchen, Corea del Sur. Cada predicación fue traducida del español al coreano frase por frase, lo cual da un ritmo diferente a esta serie.]

Tema 2 de 16: Reconocimiento del pecado

* No es fácil al corazón humano reconocer el pecado sobre todo por la fuerza que la soberbia, disfrazada de mil modos, suele tener en nosotros. Se necesita toda una pedagogía para llegar a descubrir la realidad del pecado en uno.

* De hecho, hay muchas cosas que no son pecado pero que en el recuerdo de algunas personas quedan como una especie de pecado o culpa. Esto se nota en el caso de las discriminaciones raciales o por razón de sexo: las personas de ciertas castas, razas o países son tratadas como sospechosas y culpables antes de que hayan hecho nada. Ese tratamiento humillante y excluyente queda a veces labrado en la mente de los maltratados, que entonces empiezan a verse a sí mismos con esos ojos.

* Más frecuente es el caso de los que no consideran pecado cosas que sí lo son. Al servicio de esta insensibilización y adormecimiento de la conciencia moral están los juegos de lenguaje, que maquillan la realidad con expresiones como: “interrupción del embarazo,” “muerte digna” o “matrimonio igualitario.”

* En general, las actitudes de evasión, cinismo, desesperación o fatalismo bloquean la mente y la hacen incapaz de reconocer el pecado en su dimensión propia. Pero si tales obstáculos se vencen, la persona llega a descubrir su realidad de pecado no como un punto final sino como el comienzo de un camino que habrá de recorrer de la mano del Dios clemente y compasivo.