Juan en Aldún (9 de 20)

9. Mateo en Aldún

Lo último que esperaba Joaquín ese cierto día era encontrarse a Mateo; mucho menos encontrárselo en el estado desastroso en que lo vio llegar: pálido, literalmente muriendo de hambre, con solo pedazos de ropa y los ojos muy hundidos en las cuencas.

Apenas Mateo pudo hablar Joaquín entendió que ahora más que nunca tenían que ser los amigos que un día habían querido ser. Mientras le ayudaba a llegar a la casa, Mateo decía fragmentos de frases, como retratando en palabras desarticuladas el dolor físico y emocional que había tenido que vivir en esas dos semanas trágicas. Joaquín lo oía con respeto y afecto, pero le exhortaba suavemente a callar y reservar sus fuerzas. Dando tumbos Mateo logró llegar a la casa materna. Lágrimas asomaron a sus ojos, sobre todo cuando pudo abrazar a la mamá: “¡Pensé que ya no te volvería a ver!” dijeron los dos a coro sin ponerse de acuerdo.

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