Leo McCormack

Ochenta y dos años. La mirada cansada pero tranquila y tranquilizadora; pero se va apagando. Leo se muere. Se nos muere. Vive a unas cuantas habitaciones en este mismo corredor. Los más jóvenes de la comunidad, los estudiantes, le quieren mucho y he visto que al llegar de vacaciones le buscan para contarle sus cosas. Les va a hacer una falta terrible.

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