Dom Columba Marmion: Un maestro espiritual por redescubrir

“Detrás de las acciones reflexionadas de cada individuo, hay siempre una razón, un móvil. Algunos buscan el placer, algunos los honores, otros están poseídos por la fiebre de la ambición o por la sed de dinero, la mayoría son víctimas de sus penas cotidianas. La influencia del móvil o del fin es predominante en el valor de nuestras acciones. El móvil por el cual nos agitamos, el objetivo que perseguimos, y que debe, por así decirlo, orientar toda nuestra vida, es para nosotros de una importancia capital…”

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Una de las formas más importantes de oración–y la enseñamos poco

Una de las formas más puras de oración es la entrega de nosotros mismos, de nuestras preocupaciones y alegrías, a Dios, que es Padre providente, amigo verdadero, luz que no se apaga, caridad perfecta.

La palabra “entrega” es fundamental porque indica un acto de confianza y una proclamación del señorío de Dios sobre todas las áreas de nuestra vida.

Mi impresión, sin embargo, es que al iniciar a los niños en la oración les inculcamos que practiquen la petición, la acción de gracias, el arrepentimiento y tal vez la alabanza; pero demasiado a menudo se nos olvida inculcar esa oración fundamental: la de ENTREGAR todo al Señor.

Por eso quizás crecemos con la impresión de que la respuesta a nuestras oraciones es el cumplimiento de NUESTRA voluntad porque no nos hemos habituado a simplemente dejar en manos de Dios nuestro ser y quehacer.

La buena noticia es que esta parte fundamenta de la oración, que está grabada a fuego en el Padrenuestro: “Hágase tu voluntad…”, la podemos empezar a cultivar desde hoy mismo. Los ejercicios más sencillos son breves frase, jaculatorias, como:

“Te entrego, Señor, este día.”

“Jesús, yo confío en ti.”

“Lo que tú dispongas, Señor, está bien dispuesto.”

“En ti confío, Señor, y no seré defraudado.”

Propósito saludable: limpiar la mirada

Cuando no hay rectitud en el que lee, resulta difícil que descubra la rectitud del que escribe.

El sectario no ve más que sectarismo en todas las actividades de los demás. Mide al prójimo con la medida enteca de su corazón.

Pena me causó aquel hombre de gobierno. Intuía la existencia de algunos problemas, lógicos por otra parte en la vida…, y se asustó y se molestó cuando se los comunicaron. Prefería desconocerlos, vivir con la media luz o con la penumbra de su visión, para permanecer tranquilo. Le aconsejé que los afrontara con crudeza y con claridad, precisamente para que dejaran de existir, y le aseguré que entonces sí viviría con la verdadera paz. Tú, no resuelvas los problemas, propios y ajenos, ignorándolos: esto sería comodidad, pereza, abrir la puerta a la acción del diablo.

¿Has cumplido con tu deber?… ¿Tu intención ha sido recta?… ¿Sí? -Entonces no te preocupes porque haya personas anormales, que descubran el mal que no existe más que en su mirada.

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