Un himno del breviario español

Padre: has de oír
este decir
que se me abre en los labios como flor.
Te llamaré
Padre, porque
la palabra me sabe a más amor.
Tuyo me sé,
pues me miré
en mi carne prendido tu fulgor.
Me has de ayudar
a caminar,
sin deshojar mi rosa de esplendor.
Por cuanto soy gracias te doy:
por el milagro de vivir.
Y por el ver
la tarde arder,
por el encantamiento de existir.
Y para ir,
Padre, hacia ti,
dame tu mano suave y tu amistad.
Pues te diré:
solo no sé
ir rectamente hacia tu claridad.
Tras el vivir,
dame el dormir
con los que aquí anudaste a mi querer.
Dame, Señor, hondo soñar.
Hogar dentro de ti nos has de hacer. Amén

Más actual hoy día: Oración de un cristiano tibio

Espíritu Santo de Dios:

Sé que te necesito
porque a veces no siento que te necesito.
Pobre de mí, si no percibo la urgencia,
la sed, el anhelo infinito
de tu presencia bendita.
Dios Altísimo: que yo no sienta necesidad de ti
es grave señal de cuánta falta haces en mi vida.

Sé que te necesito
porque leo de personas santas
y no se me enciende el pecho
con ansia de darte una alegría semejante
a la que ellos te dan.
Se ve que me he vuelto de hielo,
y es evidente
que sin ti jamás valdré para el cielo.

Sé que te necesito
porque cada día las noticias
me hablan de traiciones, abortos y más muertes.
Y los ojos se me quedan secos.
¿Dónde perdí las lágrimas?
¿Por qué se acabó el dolerme el pecho?
Todo es culpa mía.
Y es señal de que sin ti
no voy a ser un milímetro mejor de lo que soy.

Sé que te necesito.
Lo sé con certeza soberana.
Lo saben mis entrañas
y me lo repite el corazón.
Sé que te necesito
con mayor prisa y en mayor proporción
de todo lo que yo pudiera enunciar.
Apiádate de mí, y ven.

Sé que te necesito.
Por piedad te suplico:
Haz que por lo menos tenga idea
de lo poco que he sido,
de lo mal que he vivido,
de lo mucho que he perdido,
y sobre todo,
que hasta el final
pueda saberte superior a mis males.

Sé que te necesito
porque tú me concedes saberlo.
Ven a vencerme,
porque ese será mi bien.
Revienta mi mundo y haz un mundo nuevo.
Renueva la faz de la tierra.
Por amor, por piedad, por favor.

Amén.

Ejemplo de una oración ferviente

El apóstol sin oración habitual y metódica cae necesariamente en la tibieza…, y deja de ser apóstol. ORACIÓN: Señor, que desde ahora sea otro: que no sea “yo”, sino “aquél” que Tú deseas. -Que no te niegue nada de lo que me pidas. Que sepa orar. Que sepa sufrir. Que nada me preocupe, fuera de tu gloria. Que sienta tu presencia de continuo. -Que ame al Padre. Que te desee a Ti, mi Jesús, en una permanente Comunión. Que el Espíritu Santo me encienda.

Más pensamientos de San Josemaría.

Gracias por el don de la vida

Señor, mi corazón se levanta agradecido y con gozo humilde quiere bendecirte. Es el hermoso don que me has dado: conocerte, saber de ti, tenerte en mi amor y pensamiento para saber a Quién debo tanto, que en realidad es todo.

Pero darte gracias también es mi deber. Toda la naturaleza espera a la voz del hombre para ir más allá de sí misma. Ni el mineral ni el microbio, ni el animal ni la planta tienen cómo conocerte y por eso tampoco tienen otra voz que no sea la de mi garganta, ni otro canto si no es el que brota de mi boca.

Y mi gratitud es triple como es triple tu misterio Trinitario.

Gracias por haberme creado; por haberme arrancado de la nada: es lo que se celebra en el cumpleaños.

Gracias por haberme redimido; por haberme arrancado del dominio del pecado: es lo que se celebra en el aniversario del bautismo.

Gracias por haberme llamado a la plenitud de santidad y comunión contigo por encima de la fuerza de la muerte: es lo que se celebra en el aniversario de la partida de este mundo.

¡Gracias, gracias, gracias, Señor!