Los ojos también hablan

“Entonces les expliqué lo que un general venezolano, padre de una numerosa prole, hacía con sus hijos en el momento en que veía que se pegaban o se insultaban, llenos de ira. Les ponía uno frente al otro y les obligaba a que se miraran a los ojos…”

Ojos también hablan

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Doctrina social, evangelización y promoción humana

66 La doctrina social es parte integrante del ministerio de evangelización de la Iglesia. Todo lo que atañe a la comunidad de los hombres —situaciones y problemas relacionados con la justicia, la liberación, el desarrollo, las relaciones entre los pueblos, la paz—, no es ajeno a la evangelización; ésta no sería completa si no tuviese en cuenta la mutua conexión que se presenta constantemente entre el Evangelio y la vida concreta, personal y social del hombre.[Cf. Pablo VI, Exh. ap. Evangelii nuntiandi, 29: AAS 68 (1976) 25] Entre evangelización y promoción humana existen vínculos profundos: « Vínculos de orden antropológico, porque el hombre que hay que evangelizar no es un ser abstracto, sino un ser sujeto a los problemas sociales y económicos. Lazos de orden teológico, ya que no se puede disociar el plan de la creación del plan de la redención, que llega hasta situaciones muy concretas de injusticia, a la que hay que combatir, y de justicia, que hay que restaurar. Vínculos de orden eminentemente evangélico como es el de la caridad: en efecto, ¿cómo proclamar el mandamiento nuevo sin promover, mediante la justicia y la paz, el verdadero, el auténtico crecimiento del hombre? ».[Pablo VI, Exh. ap. Evangelii nuntiandi, 31: AAS 68 (1976) 26]

67 La doctrina social « tiene de por sí el valor de un instrumento de evangelización » [Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 54; AAS 83 (1991) 860] y se desarrolla en el encuentro siempre renovado entre el mensaje evangélico y la historia humana. Por eso, esta doctrina es un camino peculiar para el ejercicio del ministerio de la Palabra y de la función profética de la Iglesia.[Cf. Juan Pablo II, Carta enc. Sollicitudo rei socialis, 41: AAS 80 (1988) 570-572] « En efecto, para la Iglesia enseñar y difundir la doctrina social pertenece a su misión evangelizadora y forma parte esencial del mensaje cristiano, ya que esta doctrina expone sus consecuencias directas en la vida de la sociedad y encuadra incluso el trabajo cotidiano y las luchas por la justicia en el testimonio a Cristo Salvador ».[Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 5: AAS 83 (1991) 799] No estamos en presencia de un interés o de una acción marginal, que se añade a la misión de la Iglesia, sino en el corazón mismo de su ministerialidad: con la doctrina social, la Iglesia « anuncia a Dios y su misterio de salvación en Cristo a todo hombre y, por la misma razón, revela al hombre a sí mismo ».[Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 54: AAS 83 (1991) 860] Es éste un ministerio que procede, no sólo del anuncio, sino también del testimonio.

68 La Iglesia no se hace cargo de la vida en sociedad bajo todos sus aspectos, sino con su competencia propia, que es la del anuncio de Cristo Redentor: [Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 2420] « La misión propia que Cristo confió a su Iglesia no es de orden político, económico o social. El fin que le asignó es de orden religioso. Pero precisamente de esta misma misión religiosa derivan funciones, luces y energías que pueden servir para establecer y consolidar la comunidad humana según la ley divina ».[Concilio Vaticano II, Const. past. Gaudium et spes, 42: AAS 58 (1966) 1060] Esto quiere decir que la Iglesia, con su doctrina social, no entra en cuestiones técnicas y no instituye ni propone sistemas o modelos de organización social: [Cf. Juan Pablo II, Carta enc. Sollicitudo rei socialis, 41: AAS 80 (1988) 570-572] ello no corresponde a la misión que Cristo le ha confiado. La Iglesia tiene la competencia que le viene del Evangelio: del mensaje de liberación del hombre anunciado y testimoniado por el Hijo de Dios hecho hombre.

Este Compendio se publica íntegramente, por entregas, aquí.

Predicar sobre el infierno es un acto de amor

“No podemos justificar nuestro silencio sobre este tema tan importante diciendo que es una verdad por todos aceptada o recurriendo a lo absurdo: «el infierno espanta a la gente, por eso, es mejor no hablar de él». No podemos separar la misericordia de Dios de su inexorable justicia, porque sería engañarle al pueblo que nos fuera confiado por Nuestro Señor…”

predicar sobre el infierno

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Reflexiones sobre el bienestar

En el lenguaje de los tweets…

1 de 9 En el paraíso todos estaban bien… hasta la serpiente.

2 de 9 El Cielo no es tanto un bienestar sino una perpetua bienvenida; un continuo y gozoso bien-llegar.

3 de 9 Quizás debo agradecerle a Dios que cuando digo que estoy bien la mayor parte de la gente se lo cree.

4 de 9 ¿Cuál es la frontera entre carecer de problemas y contradicciones, y carecer de desafíos y motivación?

5 de 9 El bienestar tiene fronteras bastante borrosas con el aburrimiento, la tentación, la complicidad y la desesperación misma.

6 de 9 Si ya esperas que alguien responda que está “bien” a tu pregunta de cómo está, ¿no es eso empezar a desentenderse de él?

7 de 9 Es vergonzoso pero a veces la única manera de dimensionar uno sus problemas es conocer los verdaderos problemas de otros.

8 de 9 Si educamos al niño para que busque estar bien no lo estamos preparando para la hora dura, que suele ser la más fecundas.

9 de 9 Las almas grandes son las que no saben ni quieren estar bien sino haciendo el bien a todos.

Séptima Lección sobre el martirio

Lección Séptima

Los procesos de los mártires

Evolución del derecho penal romano

Una cierta suavización humanitaria, respecto de la letra dura y formalista del Derecho romano antiguo, parece darse en la evolución de las leyes civiles desde el siglo I al III, quizá a causa del estoicismo que inspiraba a muchos jurisconsultos y a algunos emperadores. Pero, en extraña anomalía, las leyes penales no siguieron en absoluto ese mismo camino. Y es que estas leyes no venían configuradas por las tendencias filosóficas o jurídicas, sino solamente por la política, que en aquella época se manifiesta prepotentemente «imperial», es decir, inclinada al despotismo y hostil a la libertad. Las disposiciones protectoras del tiempo de la República se ven anuladas en el Imperio por la arbitrariedad autoritaria.

Este movimiento retrógrado se acentúa en el siglo III, cuando desaparece el jurado y las causas capitales quedan en manos del prefecto.

La extensión del derecho de ciudadanía realizada en tiempos de Caracalla fue engañosa, pues no hizo gozar a los provincianos de los privilegios de los ciudadanos de Roma, sino que asimiló a éstos a los provincianos, sujetando a unos y a otros a la autoridad de los gobernadores, y suprimiendo el derecho ciudadano del recurso al César, del que en el siglo I usó San Pablo. En este mismo tiempo la tortura, reservada antes a los esclavos, se extiende a los plebeyos libres. Suplicios, como el del fuego, desconocidos antes, quedan inscritos en las leyes. Hay, pues, en el Derecho penal un claro endurecimiento regresivo.

Los cristianos, sin duda, fueron los más gravemente perjudicados por este retroceso del derecho penal. Se reafirmó contra ellos el delito de religión extranjera, antes caído en desuso. Y contra ellos, incluso, se acentuaron arbitrariamente las durezas, ya de suyo graves, del proceso criminal: el arresto, la cárcel preventiva, los interrogatorios, las torturas, la sentencia.

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El llamado Matrimonio Igualitario significa la muerte del matrimonio

“El tren desbocado de la revolución sexual no se detendrá en el “matrimonio” homosexual. Así como las uniones civiles eran un mero trampolín para llegar al “matrimonio” homosexual, el movimiento para redefinir el matrimonio seguirá su curso irresponsable hasta que destruya el concepto de matrimonio y de familia. Pero no acepte mi palabra como tal. Vea lo que los escritores pro-homosexuales, profesores y activistas dicen ellos mismos. Es una verdadera revelación…”

matrimonio igualitario

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Pregunta sobre la vanidad

Padre, la vanidad es un pecado; pero cuando Dios dice que la mujer debe tratar de agradar a su marido en todo, y ella se arregla y se viste bonito para él, ¿eso es pecado? – Preguntado en formspring.me/fraynelson

* * *

El pecado ha afectado todo nuestro ser: alma y cuerpo. Esto incluye la inteligencia, la voluntad, la imaginación, el gusto y la memoria. Y esto sucede en todos, hombres y mujeres, pues en todas hay por lo menos las huellas que ha dejado el pecado original, a las que hay que agregar las abundantes consecuencias y secuelas de nuestros pecados personales, y luego lo que hemos visto y de lo que hemos sido cómplices en nuestras familias, comunidades o países.

El deseo natural y bello de agradar al esposo por supuesto que no es pecado. Ni es pecado que él sea detallista y galante con ella. Y sin embargo, ambos harán bien en permanecer plenamente conscientes de esto: tanto su deseo de agradar como su deseode ser agradados están sujetos a las ya mencionadas consecuencias del pecado. Entonces no todo conviene. Las cosas no van a ser correctas simplemente porque se hicieron “para agradar” a la pareja.

Pensemos en el caso de una mujer que se somete a varias operaciones estéticas, una tras otra, porque quiere mantener, realmente de modo artificial, la belleza de sus veinte años. No sólo gasta millones sino que pone en peligro su salud, llevada por la obsesión de no envejecer por ningún motivo. Uno ve que en ese caso se ha traspasado un límite: hay algo que no está bien.

La norma que propone la Escritura es que el agradar dependa de cosas más profundas y durables que la tersura de la piel o el adorno del cabello. Un atuendo sencillo que resalte, no que reemplace, lo natural parece que es lícito y hace bien. Un cuerpo saludable y una sonrisa llena de amor y cercanía pueden lograr mucho más que el gasto arrogante de mucho dinero, o la obsesión enfermiza por ser siempre joven.

La fe de Benedicto y la pobreza de Francisco, 12 de 12

[La fe del Papa Benedicto y la pobreza del Papa FranciscoRetiro Espiritual para el Monasterio de Santa María Reina, en Zamora, España. Junio de 2013.]

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Tema 12 de 12: La Iglesia, comunidad de frontera

* Debemos particularmente al dominico Felicísimo Martínez la convicción de que la evangelización, y en realidad, la Iglesia entera está llamada a estar presente sobre todo en las fronteras. por ejemplo: la frontera entre la vida y la muerte; entre la creencia y la increencia; entre una vida miserable y una vida digna; en la pertenencia o no a la fe católica.

* En la misma línea, algunos filósofos y teólogos de la liberación acertaron sin duda al subrayar el riesgo de complicidad con el mundo en que incurre la Iglesia cuando se aficiona al “centro,” al poder, a tenerlo todo a punto, a mano y a placer. Una Iglesia “instalada” es a menudo una Iglesia traidora de su propia vocación e incapaz de realizar con verdad y eficacia su misión.

* Los dominicos sabemos algo de esto por un evento que está grabado en nuestros orígenes: aquellos monjes que con aparatosa caravana querían argumentar con los herejes lograron poco y nada. La “agilidad” del obispo Diego, y de Domingo; su “flexibilidad” para aprender de sus propios adversarios; su “libertad” para apegarse a lo esencial y desprenderse de lo demás, los hicieron instrumentos idóneos para el Evangelio, y para la implantación misma de la Iglesia en regiones que ya estaban prácticamente perdidas.

* Si volvemos a los textos mismos del Evangelio, ¿qué encontramos? A Cristo rodeado de lo más despreciado del mundo. Cristo es el “Dios-con-nosotros” pero los primeros que pueden decir eso, y que lo dicen con el alma colmada de gozo, son los pobres. El mismo Señor lo dijo: “los pobres son evangelizados,” citando a Isaías 61.

* Una anotación parecida hace Pablo a la comunidad de Corinto: “Pues considerad, hermanos, vuestro llamamiento; no hubo muchos sabios conforme a la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que Dios ha escogido lo necio del mundo, para avergonzar a los sabios; y Dios ha escogido lo débil del mundo, para avergonzar a lo que es fuerte; y lo vil y despreciado del mundo ha escogido Dios; lo que no es, para anular lo que es; para que nadie se jacte delante de Dios. Mas por obra suya estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual se hizo para nosotros sabiduría de Dios, y justificación, y santificación, y redención, para que, tal como está escrito: EL QUE SE GLORIA, QUE SE GLORIE EN EL SEÑOR.” (1 Corintios 1,26-31). Y también Santiago, especialmente en 1,9-11; 2,1-7.

* Queda claro entonces el camino de la Iglesia, a partir de la sobriedad, el servicio, la generosidad, el usar las cosas sin dejarnos poseer por ellas, y el buscar en todo cómo se da gloria a Dios y cómo se expresa mejor su amor inconmensurable en favor de los pequeños.