El poder profético de la “Humanae vitae”

“Resulta especialmente pertinente centrarse en “la realidad” hoy, cuando conmemoramos el 50 aniversario de una de las más famosas –y más desacreditadas– encíclicas de la historia de la Iglesia. Hace diez años, con motivo de su 40 aniversario, First Things publicó un ensayo mío titulado “Vindicación de la Humanae vitae”. Allí, haciéndome eco de datos de distintas procedencias –la sociología, la psicología, la historia, la literatura feminista actual–, decía: “Al cabo de cuatro décadas, se han confirmado empíricamente las predicciones de la encíclica, y además como pocas predicciones se han confirmado: de una manera que sus autores no podían haber previsto, con datos que no se conocían cuando se escribió el documento, por investigadores y especialistas que no tenían interés en su contenido, en ocasiones sin percatarse de ello y, también, por muchos que se declaraban contrarios a la Iglesia”…”

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La intimidad conyugal y la renovación del sacramento del matrimonio

Buen día Fray Nelson: ¿Qué significa la siguiente expresión que le he escuchado en alguna de sus predicaciones: “Cada vez que los esposos se demuestran amor, se dan nuevamente el sacramento del matrimonio”? Agradezco su contestación. Que Dios lo bendiga y lo guarde por todo el bien que hace a la iglesia. — O.O.

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La expresión tiene algo de metafórico porque, por supuesto, el sacramento del matrimonio ya está completo después de que se celebra el mismo sacramento y se consuma.

Pero la frase tiene sentido si recordamos que los contrayentes son los mismos ministros de este sacramento. El diácono o sacerdote que está presente es un testigo cualificado de parte de la Iglesia, pero no es propiamente “ministro.”

Y si los ministros que precisamente “ad-ministran” este sacramento bello son los mismos esposos, y si el propósito del sacramento está de modo muy importante relacionado con el crecimiento en la gracia de cada uno de ellos, y si ese crecimiento sucede, no por fuera del camino de amor y apoyo que es propio de la vida conyugal, sino como parte de esa vida, que incluye esencialmente su afecto y donación mutua, uno ve que el sacramento se “renueva” en el amor que se dan, cuando se aman en Dios y según Dios.

Por eso la ternura de los esposos, cuando es en Dios y según Dios, y cada expresión de su apoyo, escucha, paciencia y amor, es parte de la vida sacramental que les ha unido. Por supuesto esto no excluye pero tampoco se limita a la intimidad propia de su vida conyugal.