LA GRACIA del Jueves 25 de Junio de 2015

Apreciar el mensaje de la Biblia en su totalidad, implica descubrir la gran distancia cultural que nos separa de ese mundo y cómo cuestionarnos acerca del mundo moderno.

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Descanso de Dios

Saludos, padre. ¿Qué significa el descanso de Dios (Génesis)? ¿Es lo mismo del descanso de Jesús en la barca? – E.R.M.

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El descanso de Dios en el Génesis (capítulo 1) es en sí mismo una fuente de preguntas porque el Dios que todo lo puede no se supone que quede agotado, ni siquiera por el hecho de haber creado una obra magnífica como es el universo. Así que un punto de partida en el caso del Génesis es que este descanso no es un “reponer fuerzas” como si Dios pudiera estar necesitado de recuperarse.

Un clave interesante es observar que en la Biblia el trabajo siempre tiene carácter de “medio,” es decir: se trabaja para algo o para alguien. Trabajar no es un fin en sí mismo. por contraste, la palabra “descanso” nos invita, y casi obliga, a mirar cuáles son los “fines,” cuál es el “para qué” de nuestros esfuerzos, y aun de nosotros mismos, y del universo. En este sentido sí resulta razonable hablar de que Dios “descansa,” porque la contemplación de la belleza y bondad propias de la creación es un acto propio de Dios, propio de su conocimiento y de su amor. Por supuesto, eso le da también el sentido a nuestro propio descanso semanal, que en el caso de los cristianos corresponde al domingo, día de la Resurrección: santificar el domingo es no dejarnos encadenar por el “producir-consumir-entretenerse” que nos propone e impone el mundo.

¿Qué decir del descanso de Cristo en la barca (ver por ejemplo Marcos 4,35-40)? Claramente en este otro caso hablamos del cansancio con el que todos estamos familiarizados, es decir, el agotamiento de fuerzas propio de una labor dura. ¡Y pocas labores tan duras y exigentes como la que Cristo se impuso por amor a nosotros! En ese sentido, su reposo en la barca es una expresión viva de todo lo que ha entregado este buen pastor buscándonos a nosotros sus ovejas extraviadas y caprichosas. Por supuesto, es ese cansancio suyo lo que a nosotros nos conduce al verdadero “descanso,” es decir, a la comunión de amor con Dios, como fin y término último de toda nuestra vida. En este sentido hay una relación, aunque muy lejana, con el texto del Génesis.