Una nota litúrgica para el Tiempo de Navidad

Los días de finales de Adviento y luego los días de Navidad son tan bellos como complejos, en lo que toca a la liturgia de las horas. Bueno, siendo sinceros: no todos los días. En Navidad y en la Octava de Navidad las cosas están bastante claras. El único cuidado que hay que tener es con la Fiesta de la Sagrada Familia a saber: en los años en que la Navidad cae el día domingo, y por consiguiente no hay otro domingo entre Navidad y 1 de Enero, entonces la Fiesta de la Sagrada Familia se celebra el 30 de Diciembre pero sin Primeras Vísperas.

Las cosas se vuelven un poco más complicadas a partir del 2 de Enero. Miremos un caso concreto: 2 de Enero de 2020, que es un día jueves. Celebramos además la Memoria Obligatoria de los Santos Basilio y Gregorio Nacianceno. La pregunta es: ¿de dónde se deben tomar los salmos?

Lo que hace difícil responder es, por supuesto, identificar, en qué semana de Navidad nos encontramos. Uno podría pensar que, puesto que el Tiempo de Navidad empezó el día 25, entonces el domingo 29 de Diciembre marcaría algo así como el comienzo de una “segunda” semana de Navidad. Según ello, el 2 de Enero pertenecería a la “segunda” semana de Navidad, y por consiguiente debería usarse la segunda semana del salterio. Así parece pernsarlo el Ordo oficial de la Conferencia Episcopal de Colombia, que para ese día 2 de Enero dice claramente: “2a. semana del salterio.”

Pero uno puede ver que esa solución no es correcta. Según ese modo de pensar la semana siguiente, la que empieza el domingo 5 de Enero, sería la TERCERA semana de Navidad, y resulta que la Iglesia no tiene formularios para un “Domingo II” de Navidad, ni está previsto en el salterio que la semana III sea tiempo de Navidad. De hecho, y si uno mira el Ordo Colombiano para el Jueves 9 de Enero, de nuevo pide que se use el salterio de la II semana, lo cual es absurdo.

Si se examina bien La raíz de estas dudas está en que, al contrario de los demás tiempos litúrgicos, el de Navidad no empieza necesariamente en domingo, y por eso cuesta saber cuál es exactamente la “Semana I” de Navidad. Por otra parte, está claro, como ya se dijo, que no hay dudas en cuanto a los formularios de la Octava de Navidad.

La única solución que encuentro coherente con los datos que nos da la misma liturgia de las horas es esta: el primer domingo de Navidad es simplemente el primer domingo después del 25 de Diciembre, así como el IV Domingo de Adviento es el último domingo anterior al 25 de Diciembre. Por supuesto, ello hace que la semana IV de Adviento quede incompleta, y así es. Por otro lado, los días desde el 25 de Diciembre (inclusive) y el primer domingo de Navidad, son días que no requieren textos del Salterio en Cuatro Semanas porque siempr etienen formularios propios. Podríamos decir que son días de una “semana 0” de Navidad, en la que sin embargo no hay duda sobre de dónde deben tomarse los textos.

Con esta solución queda claro, por ejemplo, que el martes 31 de Diciembre de 2019, los salmos se toman de la Semana I del Salterio, y que de esa misma semana deben tomarse los salmos de los días 2, 3 y 4 de Enero. Luego ¿qué sigue? En los países donde la Epifanía se celebra siempre en domingo, el 5 es la Epifanía; en los demás lugares, el Domingo se celebra, en perfecto acuerdo con nuestro análisis, el Domingo II de Navidad.

Espero que estas recomendaciones nos ayuden a todos a aprovechar con mayor atención y amor el magnífico alimento espiritual de la Liturgia de las Horas. Saludos y bendiciones a todos.

Un Himno de la Liturgia de las Horas para Navidad

Te diré mi amor, Rey mío – en la quietud de la tarde, – cuando se cierran los ojos – y los corazones se abren.

Te diré mi amor, Rey mío, – con una mirada suave, – te lo diré contemplando – tu cuerpo que en pajas yace.

Te diré mi amor, Rey mío, – adorándote en la carne, – te lo diré con mis besos, – quizá con gotas de sangre.

Te diré mi amor, Rey mío, – con los hombres y los ángeles, – con el aliento del cielo – que espiran los animales.

Te diré mi amor, Rey mío, – con el amor de tu Madre, – con los labios de tu Esposa – y con la fe de tus mártires.

Te diré mi amor, Rey mío, – ¡oh Dios del amor más grande! – ¡Bendito en la Trinidad, – que has venido a nuestro valle! Amén.

Homilía del Papa Francisco para Navidad

«El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande» (Is 9,1). Esta profecía de la primera lectura se realizó en el Evangelio. De hecho, mientras los pastores velaban de noche en sus campos, «la gloria del Señor los envolvió de claridad» (Lc 2,9). En la noche de la tierra apareció una luz del cielo. ¿Qué significa esta luz surgida en la oscuridad? Nos lo sugiere el apóstol Pablo, que nos dijo: «Se ha manifestado la gracia de Dios». La gracia de Dios, «que trae la salvación para todos los hombres» (Tt 2,11), ha envuelto al mundo esta noche.

Pero, ¿qué es esta gracia? Es el amor divino, el amor que transforma la vida, renueva la historia, libera del mal, infunde paz y alegría. En esta noche, el amor de Dios se ha mostrado a nosotros: es Jesús. En Jesús, el Altísimo se hizo pequeño para ser amado por nosotros. En Jesús, Dios se hizo Niño, para dejarse abrazar por nosotros. Pero, podemos todavía preguntarnos, ¿por qué san Pablo llama “gracia” a la venida de Dios al mundo? Para decirnos que es completamente gratuita. Mientras que aquí en la tierra todo parece responder a la lógica de dar para tener, Dios llega gratis. Su amor no es negociable: no hemos hecho nada para merecerlo y nunca podremos recompensarlo.

Se ha manifestado la gracia de Dios. En esta noche nos damos cuenta de que, aunque no estábamos a la altura, Él se hizo pequeñez para nosotros; mientras andábamos ocupados en nuestros asuntos, Él vino entre nosotros. La Navidad nos recuerda que Dios sigue amando a cada hombre, incluso al peor. A mí, a ti, a cada uno de nosotros, Él nos dice hoy: “Te amo y siempre te amaré, eres precioso a mis ojos”. Dios no te ama porque piensas correctamente y te comportas bien; Él te ama y basta. Su amor es incondicional, no depende de ti. Puede que tengas ideas equivocadas, que hayas hecho de las tuyas; sin embargo, el Señor no deja de amarte. ¿Cuántas veces pensamos que Dios es bueno si nosotros somos buenos, y que nos castiga si somos malos? Pero no es así. Aun en nuestros pecados continúa amándonos. Su amor no cambia, no es quisquilloso; es fiel, es paciente. Este es el regalo que encontramos en Navidad: descubrimos con asombro que el Señor es toda la gratuidad posible, toda la ternura posible. Su gloria no nos deslumbra, su presencia no nos asusta. Nació pobre de todo, para conquistarnos con la riqueza de su amor.

Se ha manifestado la gracia de Dios. Gracia es sinónimo de belleza. En esta noche, redescubrimos en la belleza del amor de Dios, también nuestra belleza, porque somos los amados de Dios. En el bien y en el mal, en la salud y en la enfermedad, felices o tristes, a sus ojos nos vemos hermosos: no por lo que hacemos sino por lo que somos. Hay en nosotros una belleza indeleble, intangible; una belleza irreprimible que es el núcleo de nuestro ser. Dios nos lo recuerda hoy, tomando con amor nuestra humanidad y haciéndola suya, “desposándose con ella” para siempre.

De hecho, la «gran alegría» anunciada a los pastores esta noche es «para todo el pueblo». En aquellos pastores, que ciertamente no eran santos, también estamos nosotros, con nuestras flaquezas y debilidades. Así como los llamó a ellos, Dios también nos llama a nosotros, porque nos ama. Y, en las noches de la vida, a nosotros como a ellos nos dice: «No temáis» (Lc 2,10). ¡Ánimo, no hay que perder la confianza, no hay que perder la esperanza, no hay que pensar que amar es tiempo perdido! En esta noche, el amor venció al miedo, apareció una nueva esperanza, la luz amable de Dios venció la oscuridad de la arrogancia humana. ¡Humanidad, Dios te ama, se hizo hombre por ti, ya no estás sola!

Queridos hermanos y hermanas: ¿Qué hacer ante esta gracia? Una sola cosa: acoger el don. Antes de ir en busca de Dios, dejémonos buscar por Él. No partamos de nuestras capacidades, sino de su gracia, porque Él es Jesús, el Salvador. Pongamos nuestra mirada en el Niño y dejémonos envolver por su ternura. Ya no tendremos más excusas para no dejarnos amar por Él: Lo que sale mal en la vida, lo que no funciona en la Iglesia, lo que no va bien en el mundo ya no será una justificación. Pasará a un segundo plano, porque frente al amor excesivo de Jesús, que es todo mansedumbre y cercanía, no hay excusas. La pregunta que surge en Navidad es: “¿Me dejo amar por Dios? ¿Me abandono a su amor que viene a salvarme?”.

Un regalo así, tan grande, merece mucha gratitud. Acoger la gracia es saber agradecer. Pero nuestras vidas a menudo transcurren lejos de la gratitud. Hoy es el día adecuado para acercarse al sagrario, al belén, al pesebre, para agradecer. Acojamos el don que es Jesús, para luego transformarnos en don como Jesús. Convertirse en don es dar sentido a la vida y es la mejor manera de cambiar el mundo: cambiamos nosotros, cambia la Iglesia, cambia la historia cuando comenzamos a no querer cambiar a los otros, sino a nosotros mismos, haciendo de nuestra vida un don.

Jesús nos lo manifiesta esta noche. No cambió la historia constriñendo a alguien o a fuerza de palabras, sino con el don de su vida. No esperó a que fuéramos buenos para amarnos, sino que se dio a nosotros gratuitamente. Tampoco nosotros podemos esperar que el prójimo cambie para hacerle el bien, que la Iglesia sea perfecta para amarla, que los demás nos tengan consideración para servirlos. Empecemos nosotros. Así es como se acoge el don de la gracia. Y la santidad no es sino custodiar esta gratuidad.

Una hermosa leyenda cuenta que, cuando Jesús nació, los pastores corrían hacia la gruta llevando muchos regalos. Cada uno llevaba lo que tenía: unos, el fruto de su trabajo, otros, algo de valor. Pero mientras todos los pastores se esforzaban, con generosidad, en llevar lo mejor, había uno que no tenía nada. Era muy pobre, no tenía nada que ofrecer. Y mientras los demás competían en presentar sus regalos, él se mantenía apartado, con vergüenza. En un determinado momento, san José y la Virgen se vieron en dificultad para recibir todos los regalos, sobre todo María, que debía tener en brazos al Niño. Entonces, viendo a aquel pastor con las manos vacías, le pidió que se acercara. Y le puso a Jesús en sus manos. El pastor, tomándolo, se dio cuenta de que había recibido lo que no se merecía, que tenía entre sus brazos el regalo más grande de la historia. Se miró las manos, y esas manos que le parecían siempre vacías se habían convertido en la cuna de Dios. Se sintió amado y, superando la vergüenza, comenzó a mostrar a Jesús a los otros, porque no podía sólo quedarse para él el regalo de los regalos.

Querido hermano, querida hermana: Si tus manos te parecen vacías, si ves tu corazón pobre en amor, esta noche es para ti. Se ha manifestado la gracia de Dios para resplandecer en tu vida. Acógela y brillará en ti la luz de la Navidad.

LA GRACIA del Jueves 26 de Diciembre de 2019

FIESTA SAN ESTEBAN PROTOMÁRTIR

El mensaje de Esteban es inseparable del mensaje de la Encarnación porque la Encarnación muestra el cumplimiento fiel del amor de Dios a su pueblo.

[REPRODUCCIÓN PERMITIDA en redes sociales, blogs, emisoras de radio, y otros medios. Tu donación hace fuerte la evangelización católica. ¡Dona ahora!]

¿Qué leer en Navidad?

Esta selección de preciosas lecturas la ofrece el excelente portal católico Religión en Libertad:

Con la Navidad a las puertas y afrontando ya la parte final del Adviento llegan también días de vacaciones y en familia para recibir el nacimiento de Jesús. Es también un gran momento para recuperar lecturas atrasadas y descubrir algunos grandes libros de este 2019 ya sea para disfrute propio o para regalar a un ser querido o a alguien a quien se quiera mostrar la belleza del cristianismo.

Para ello, Religión en Libertad ha realizado una pequeña selección de títulos de temática religiosa que a su vez sean complementarios entre sí. El lector encontrará en este listado historias de superación, certeros análisis de la situación de la Iglesia como el que realiza el cardenal Sarah, testimonios del poder de la Eucaristía que recoge María Vallejo Nágera o sobre personalidades relevantes como Jérôme Lejeune, que con su ejemplo de fe puede edificar a muchos.

No faltan tampoco obras de carácter histórico que desmontan la leyenda negra de la Iglesia o que ayudan a comprender las raíces de nuestra fe. Hay también alguna novela con un gran trasfondo cristiano como El Manuscrito de Antioquía de Miguel Ángel Velasco. Esta es la lista que propone el equipo que conforma ReL:

Continuar leyendo “¿Qué leer en Navidad?”

LA GRACIA del Miércoles 25 de Diciembre de 2019

SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

Demos gracias por el nacimiento de Jesucristo, por la familia de Nazareth y por todos aquellos que llenos de amor entienden este mensaje y cuidad de los niños, las familias, a los pobres y a la gloria de Dios.

[REPRODUCCIÓN PERMITIDA en redes sociales, blogs, emisoras de radio, y otros medios. Tu donación hace fuerte la evangelización católica. ¡Dona ahora!]

Haz algo de esto en Navidad

Propuestas prácticas:

  • Perdona a alguien sin que lo sepa.
  • Ora por alguien que siempre pensaste que no lo merece.
  • Escucha a alguien sin emitir un solo juicio.
  • Acaricia la frente de un niño triste.
  • Logra que un abuelo o abuela te cuente su historia, y arráncale una sonrisa.
  • Póstrate ante el Santísimo Sacramento, y llora de alegría.
  • Regala un “belén” (pesebre) a una familia que tenga todo, menos a Jesús.
  • Felicita a un sacerdote que sepas que no es popular, uno de aquellos que reciben poco estímulo y afecto.

El perrito – Cuento de Navidad para niños

Había una vez un perrito abandonado que vivía muy triste y solito porque nadie le quería. Era el más feo de sus hermanos y ningún niño le había querido adoptar.

Comía lo que encontraba por la calle y siempre tenía miedo porque a veces los niños le tiraban piedras.

Un día vio a unos señores con unos trajes muy bonitos y como parecían que tenían bastante comida y tenían cara de ser buenos, se puso a seguirles.

Pasaron montañas y ríos, desiertos y bosques. El perrito estaba ya cansado y se preguntaba cuándo llegarían a su casa aquellos señores. Algunas veces pensaba que se debían haber perdido porque no sabían seguir, hasta que veían una estrella en el cielo y se ponían a seguirla.

Una noche, llegaron hasta un pueblo pequeño, y al final, llegaron hasta una casa un poco rota. La estrella estaba brillando encima de la casa. Dentro estaba una señora muy guapa y un señor con barba y, en una cunita de paja había un niño pequeño que no paraba de llorar.

Había mucha gente que entraba y dejaba alguna cosa en el suelo: un pan, unas frutas, una manta… y el niño seguía llorando. Los tres señores sacaron tres cajitas y se las dieron también, pero el niño no dejaba de llorar.

Sus papás parecían preocupados. Entonces se acercó el perrito con mucho cuidado hasta la cunita y le puso el hocico encima, moviendo la cola. José, que así se llamaba el señor de la barba le iba a echar de allí, pero entonces el niño miró los ojitos del perrito, dejó de llorar y luego se puso a reír, reír y a reír…

El perrito sintió que por fin tenía una familia de verdad y el niño sintió que aquél era su mejor regalo”.

La Navidad y tu Familia

Indicaciones y sugerencias concretas para que esta Navidad y cada Navidad toque profundamente la vida de familia con la fuerza renovadora que viene con Jesucristo.

Nos fijamos en la familia de Nazareth y en las condiciones en que vino nuestro Señor a esta tierra. Su familia fue pobre, rechazada y peregrina. Fue una familia dirigida por el amor sabio de San José y guiado por el trabajo honesto y compartido.

Escucha esta predicación antes del día 24. Haz clic aquí.

Papa Francisco: El belén es “una manera auténtica de comunicar el Evangelio”

“El Papa Francisco recordó su reciente visita a Greccio y su Carta sobre el belén, resaltando que esta es una tradición que se debe transmitir de unas generaciones a otras, como “una manera auténtica de comunicar el Evangelio, en un mundo que a veces parece tener miedo de recordar lo que realmente es la Navidad, y borra los signos cristianos para conservar sólo los de un imaginario banal, comercial”…”

Haz clic aquí!

El mejor regalo de Navidad

En 1994, dos americanos respondieron a una invitación del Departamento de Educación Rusa, para enseñar moral y ética (basado en principios bíblicos) en las escuelas públicas. Fueron invitados a enseñar en prisiones, negocios, departamentos de bombero y policía, y en un inmenso orfanato. Alrededor de 100 niños y niñas que habían sido abandonados, abusados, y dejados en cargo de un programa del gobierno, estaban en este orfanato. Ellos relatan esta historia en sus propias palabras.

Se acercaban los días de fiestas Navideñas, 1994, tiempo para que nuestros huérfanos escucharan por primera vez, la historia tradicional de Navidad. Les contamos como María y José llegaron a Belén. No encontraron albergue en la posada y la pareja se fue a un establo, donde nació el niño Jesús y fue puesto en un pesebre.

Durante el relato de la historia, los niños y los trabajadores del orfanato estaban asombrados mientras escuchaban. Algunos estaban sentados al borde de sus taburetes, tratando de captar cada palabra. Terminando la historia, le dimos a los niños tres pequeños pedazos de cartulina para que construyeran un pesebre. A cada niño le dimos un pedazo de papel cuadrado cortados de unas servilletas amarillas, que yo había traído conmigo pues no habían servilletas de colores en la cuidad.

Siguiendo las instrucciones, los niños rasgaron el papel y colocaron las tiras con mucho cuidado en el pesebre. Pequeños pedazos de cuadros de franela, cortados de un viejo camisón de dormir que había desechado una señora Americana al irse de Rusia, fue usado para la frazada del bebé. Un bebé tipo muñeca fue cortado de una felpa color canela que habíamos traído de los Estados Unidos.

Los huérfanos estaban ocupados montando sus pesebres, mientras yo caminaba entre ellos para ver si necesitaban ayuda. Parecía ir todo bien hasta que llegue a una de las mesas donde estaba sentado el pequeño Misha. Lucía tener alrededor de 6 años y ya había terminado su proyecto. Cuando miré en el pesebre de este pequeño, me sorprendió ver no uno, pero dos bebés en el pesebre. Enseguida llame al traductor para que le preguntara al chico porque habían dos bebés en el pesebre. Cruzando sus brazos y mirando a su pesebre ya terminado, empezó a repetir la historia muy seriamente.

Para ser un niño tan pequeño que solo había escuchado la historia de Navidad una vez, contó el relato con exactitud… hasta llegar a la parte donde María coloca el bebé en el pesebre. Entonces Misha empezó a agregar. Inventó su propio fin de la historia diciendo, ” y cuando María colocó al bebé en el pesebre, Jesús me miró y me preguntó si yo tenía un lugar donde ir. Yo le dije, “no tengo mamá y no tengo papá, así que no tengo donde quedarme. Entonces Jesús me dijo que me podía quedar con El. Pero le dije que no podía porque no tenía regalo para darle como habían hecho los demás. Pero tenía tantos deseos de quedarme con Jesús, que pensé que podría darle de regalo. Pensé que si lo pudiera mantenerle caliente, eso fuera un buen regalo.

Le pregunté a Jesús, ” Si te mantengo caliente, sería eso un buen regalo?”Y Jesús me dijo, “Si me mantienes caliente, ese sería el mejor regalo que me hayan dado”.Así que me metí en el pesebre, y entonces Jesús me miró y me dijo que me podría quedar con El… para siempre.”Mientras el pequeño Misha termina su historia, sus ojos se desbordaban de lágrimas que les salpicaban por sus cachetes. Poniendo su mano sobre su cara bajo su cabeza hacia la mesa y sus hombros se estremecían mientras sollozaba y sollozaba.El pequeño huérfano había encontrado alguien quien nunca lo abandonaría o lo abusara, alguien quien se mantendría con el…PARA SIEMPRE.Gracias a Misha he aprendido que lo que cuenta, no es lo que uno tiene en su vida, si no, a quien uno tiene en su vida. No creo que lo ocurrido a Misha fuese imaginación. Creo que Jesús de veras le invitó a estar junto a El PARA SIEMPRE. Jesús hace esa invitación a todos, pero para escucharla hay que tener corazón de niño.

Autor Desconocido, traducido y modificado por el equipo SCTJM

Él nació para que tú renacieras

Pásmate ante la magnanimidad de Dios: se ha hecho Hombre para redimirnos, para que tú y yo… le tratemos con confianza.

Acercarse un poco más a Dios quiere decir estar dispuesto a una nueva conversión, a una nueva rectificación, a escuchar atentamente sus inspiraciones -los santos deseos que hace brotar en nuestras almas-, y a ponerlos por obra.

Más pensamientos de San Josemaría.

Breve reflexión sobre el tiempo litúrgico de navidad

Quiero hacer un sencillo contraste entre la manera como el mundo vive la navidad y la manera cómo propone este tiempo la Iglesia. 

Creo que esta comparación resulta útil porque va más allá del hecho de la navidad, incluso sirve para que descubramos cómo estamos viviendo muchas cosas. Cuando hablamos de la navidad según el mundo, hablamos de algo que llega pronto, envuelve a todos, produce muchos gastos, deja algunos remordimientos y después se disuelve rápidamente. Podríamos decir que se va con la misma prisa con la que viene. Por el contrario, la Iglesia vive el misterio de la navidad con una preparación, relativamente prolongada, que es el adviento. 

Hay una cumbre celebrativa que es la noche y el día de navidad, y después una octava que nos deleita con la contemplación del misterio del hijo de Dios y con una secuencia de Santos tan distintos y, sin embargo, tan apropiados para llevarnos a la gratitud. Después de esa octava, todavía tenemos otros días en los que una nueva celebración, la Epifanía, eleva nuestro corazón para que no nos quedemos solamente en el hecho de que Cristo nació, sino que vayamos al significado de su presencia entre nosotros.

Por último, este tiempo litúrgico de navidad nos conduce al misterio de su ocultamiento en la humildad de Nazaret, a la vez que prepara su manifestación definitiva a partir del bautismo. 

Así que, el contraste entre la manera mundana y la manera de la Iglesia es bastante fuerte porque lo del mundo es todo acelerado y la propuesta de la Iglesia es pausada y llena de ritmo. En la lógica del mundo está la exterioridad y el espectáculo; en el camino de la Iglesia está la interioridad y la transformación. En la lógica del mundo está el gasto y el oropel; en la lógica de la Iglesia está la humildad y la acogida de la salvación. 

Creo que es un contraste que nos enseña mucho de la manera como vivimos y sobre lo que realmente deseamos.

Homilía del Papa Francisco en la Navidad 2018

José, con María su esposa, subió “a la ciudad de David, que se llama Belén”. Esta noche, también nosotros subimos a Belén para descubrir el misterio de la Navidad.

1. Belén: el nombre significa casa del pan. En esta “casa” el Señor convoca hoy a la humanidad. Él sabe que necesitamos alimentarnos para vivir. Pero sabe también que los alimentos del mundo no sacian el corazón. En la Escritura, el pecado original de la humanidad está asociado precisamente con tomar alimento: “tomó de su fruto y comió”, dice el libro del Génesis. Tomó y comió. El hombre se convierte en ávido y voraz. Parece que el tener, el acumular cosas es para muchos el sentido de la vida. Una insaciable codicia atraviesa la historia humana, hasta las paradojas de hoy, cuando unos pocos banquetean espléndidamente y muchos no tienen pan para vivir.

Belén es el punto de inflexión para cambiar el curso de la historia. Allí, Dios, en la casa del pan, nace en un pesebre. Como si nos dijera: Aquí estoy para vosotros, como vuestro alimento. No toma, sino que ofrece el alimento; no da algo, sino que se da él mismo. En Belén descubrimos que Dios no es alguien que toma la vida, sino aquel que da la vida. Al hombre, acostumbrado desde los orígenes a tomar y comer, Jesús le dice: “Tomad, comed: esto es mi cuerpo”. El cuerpecito del Niño de Belén propone un modelo de vida nuevo: no devorar y acaparar, sino compartir y dar. Dios se hace pequeño para ser nuestro alimento. Nutriéndonos de él, Pan de Vida, podemos renacer en el amor y romper la espiral de la avidez y la codicia. Desde la “casa del pan”, Jesús lleva de nuevo al hombre a casa, para que se convierta en un familiar de su Dios y en un hermano de su prójimo. Ante el pesebre, comprendemos que lo que alimenta la vida no son los bienes, sino el amor; no es la voracidad, sino la caridad; no es la abundancia ostentosa, sino la sencillez que se ha de preservar.

El Señor sabe que necesitamos alimentarnos todos los días. Por eso se ha ofrecido a nosotros todos los días de su vida, desde el pesebre de Belén al cenáculo de Jerusalén. Y todavía hoy, en el altar, se hace pan partido para nosotros: llama a nuestra puerta para entrar y cenar con nosotros. En Navidad recibimos en la tierra a Jesús, Pan del cielo: es un alimento que no caduca nunca, sino que nos permite saborear ya desde ahora la vida eterna.

En Belén descubrimos que la vida de Dios corre por las venas de la humanidad. Si la acogemos, la historia cambia a partir de cada uno de nosotros. Porque cuando Jesús cambia el corazón, el centro de la vida ya no es mi yo hambriento y egoísta, sino él, que nace y vive por amor. Al estar llamados esta noche a subir a Belén, casa del pan, preguntémonos: ¿Cuál es el alimento de mi vida, del que no puedo prescindir?, ¿es el Señor o es otro? Después, entrando en la gruta, individuando en la tierna pobreza del Niño una nueva fragancia de vida, la de la sencillez, preguntémonos: ¿Necesito verdaderamente tantas cosas, tantas recetas complicadas para vivir? ¿Soy capaz de prescindir de tantos complementos superfluos, para elegir una vida más sencilla? En Belén, junto a Jesús, vemos gente que ha caminado, como María, José y los pastores. Jesús es el Pan del camino. No le gustan las digestiones pesadas, largas y sedentarias, sino que nos pide levantarnos rápidamente de la mesa para servir, como panes partidos por los demás. Preguntémonos: En Navidad, ¿parto mi pan con el que no lo tiene?

2. Después de Belén casa de pan, reflexionemos sobre Belén ciudad de David. Allí David, que era un joven pastor, fue elegido por Dios para ser pastor y guía de su pueblo. En Navidad, en la ciudad de David, los que acogen a Jesús son precisamente los pastores. En aquella noche —dice el Evangelio— “se llenaron de gran temor”, pero el ángel les dijo: “No temáis”. Resuena muchas veces en el Evangelio este no temáis: parece el estribillo de Dios que busca al hombre. Porque el hombre, desde los orígenes, también a causa del pecado, tiene miedo de Dios: “me dio miedo […] y me escondí”, dice Adán después del pecado. Belén es el remedio al miedo, porque a pesar del “no” del hombre, allí Dios dice siempre “sí”: será para siempre Dios con nosotros. Y para que su presencia no inspire miedo, se hace un niño tierno. No temáis: no se lo dice a los santos, sino a los pastores, gente sencilla que en aquel tiempo no se distinguía precisamente por la finura y la devoción. El Hijo de David nace entre pastores para decirnos que nadie estará jamás solo; tenemos un Pastor que vence nuestros miedos y nos ama a todos, sin excepción.

Los pastores de Belén nos dicen también cómo ir al encuentro del Señor. Ellos velan por la noche: no duermen, sino que hacen lo que Jesús tantas veces nos pedirá: velar. Permanecen vigilantes, esperan despiertos en la oscuridad, y Dios “los envolvió de claridad”. Esto vale también para nosotros. Nuestra vida puede ser una espera, que también en las noches de los problemas se confía al Señor y lo desea; entonces recibirá su luz. Pero también puede ser una pretensión, en la que cuentan solo las propias fuerzas y los propios medios; sin embargo, en este caso el corazón permanece cerrado a la luz de Dios. Al Señor le gusta que lo esperen y no es posible esperarlo en el sofá, durmiendo. De hecho, los pastores se mueven: “fueron corriendo”, dice el texto. No se quedan quietos como quien cree que ha llegado a la meta y no necesita nada, sino que van, dejan el rebaño sin custodia, se arriesgan por Dios. Y después de haber visto a Jesús, aunque no eran expertos en el hablar, salen a anunciarlo, tanto que «todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores».

Esperar despiertos, ir, arriesgar, comunicar la belleza: son gestos de amor. El buen Pastor, que en Navidad viene para dar la vida a las ovejas, en Pascua le preguntará a Pedro, y en él a todos nosotros, la cuestión final: “¿Me amas?”. De la respuesta dependerá el futuro del rebaño. Esta noche estamos llamados a responder, a decirle también nosotros: “Te amo”. La respuesta de cada uno es esencial para todo el rebaño.

“Vayamos, pues, a Belén”: así lo dijeron y lo hicieron los pastores. También nosotros, Señor, queremos ir a Belén. El camino, también hoy, es en subida: se debe superar la cima del egoísmo, es necesario no resbalar en los barrancos de la mundanidad y del consumismo. Quiero llegar a Belén, Señor, porque es allí donde me esperas. Y darme cuenta de que tú, recostado en un pesebre, eres el pan de mi vida. Necesito la fragancia tierna de tu amor para ser, yo también, pan partido para el mundo. Tómame sobre tus hombros, buen Pastor: si me amas, yo también podré amar y tomar de la mano a los hermanos. Entonces será Navidad, cuando podré decirte: “Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo”.

Navidad Anawin

“Anawin” es un término tomado de la lengua hebrea antigua para indicar a los pobres. Pobres de todo, pero especialmente, desprendidos de sí mismos y de los ídolos del mundo. Pobres también por haber sido excluidos y porque han aprendido a no poner su confianza en las riquezas y poderes de este mundo. Son al mismo tiempo los despreciados por el mundo y los que no le creen al mundo. Los poderosos los ven con incomodidad y fastidio pero ellos a su vez, mientras peregrinan por esta tierra, se saben ciudadanos de otra parte (véase Carta a los Hebreos, capítulo 11, especialmente los versículos 32 al 38).

Vivir la Navidad Anawin significa entonces varias posibilidades, todas preciosas ante los ojos de Dios.

1. Es la Navidad que tendrá la religiosa colombiana Gloria Cecilia Narváez, secuestrada desde comienzos del año 2017 por un grupo extremista musulmán en Malí, África. Muchos estamos rogando todos los días por su liberación pero también para que el señor le conceda consuelo y fortaleza, y una fe que sea testimonio frente a los enemigos de Cristo. Y como este bendita religiosa, tantos que están sufriendo por el Nombre de Cristo

2. Es la Navidad que pasarán muchos sin techo, migrantes, enfermos abandonados, niños maltratados o esclavizados. Damos gracias a Dios por atntas personas que con buen corazón dejan brotar su generosidad en favor de estas personas pero también clamamos consuelo y ternura para los que reciben nada o demasiado poco!

3. Es la Navidad de muchos misioneros, lejos de sus hogares y su cultura, gastándose con valor por Cristo, aliviando dolor y llevando el testimonio del amor divino a los últimos rincones de la tierra. Es también la viva experiencia de tantos monjes y monjas de clausura que en la sobriedad de un claustro frío ofrecen el calor de su pecho al Recién Nacido.

¡Feliz Navidad! ¡Feliz Navidad Anawin!