
Hay un riesgo en tomar la fe como una especie de puro sentimiento, y es que podría parecer sencillamente capricho. La Historia de la Humanidad ha conocido muchas creencias absurdas, o incluso violentas, que se han revestido de una coraza para hacerse impermeables a la crítica de la razón. Bajo el amparo de esa coraza toda clase de crímenes o estupideces se han cometido. La coraza cambia de pueblo a pueblo y de circunstancia a circunstancia. En el tiempo de Sócrates su manera de cuestionar fue considerada una “impiedad” que debía ser castigada, y por ello se le obligó a beber la cicuta. Esta era una coraza de prejuicio. En nuestro tiempo hay la coraza del agnosticismo. Muchas personas simplemente rehúsan considerar a fondo la posibilidad de que Dios exista y de que su existencia podría afectar todo lo que son y han sido. Por eso hoy tantas personas prefieren declararse “agnósticas,” indicando así que dentro de su coraza de costumbres y modas ya no piensan que haya que preguntarse nada.

