Cinco viejas advertencias sobre las nuevas tecnologías

“Hace casi 25 años, a finales de los años 90 del pasado siglo, el discípulo aventajado de Marshall Macluhan, Neil Postman, puso sobre la mesa cinco advertencias al respecto del cambio tecnológico digital que comenzaba entonces su desarrollo y que hoy impera sobre nosotros. Postman lo hizo en el curso de una charla que dictó en un Congreso Internacional sobre Nuevas Tecnologías y Persona Humana, celebrado en Denver en 1998, pero no pudo comprobar si sus premoniciones eran acertadas, pues murió en los albores de este siglo, en el año 2003. Y si bien creo que no estuvo desacertado, probablemente se quedó corto…”

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También hay que aprender a incomodar

Se esconde una gran comodidad -y a veces una gran falta de responsabilidad- en quienes, constituidos en autoridad, huyen del dolor de corregir, con la excusa de evitar el sufrimiento a otros. Se ahorran quizá disgustos en esta vida…, pero ponen en juego la felicidad eterna -suya y de los otros- por sus omisiones, que son verdaderos pecados.

El santo, para la vida de tantos, es “incómodo”. Pero eso no significa que haya de ser insoportable. -Su celo nunca debe ser amargo; su corrección nunca debe ser hiriente; su ejemplo nunca debe ser una bofetada moral, arrogante, en la cara del prójimo.

Más pensamientos de San Josemaría.

ROSARIO de las Semanas 2022/01/16

#RosarioFrayNelson para el Domingo:
Contemplamos los Misterios de la Gloria del Señor

Usamos esta versión de las oraciones.

  1. En el primer misterio glorioso contemplamos la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.
  2. En el segundo misterio glorioso contemplamos la Ascensión de Cristo a los Cielos.
  3. En el tercer misterio glorioso contemplamos el día de Pentecostés: la efusión del Espíritu Santo da nacimiento a la Iglesia.
  4. En el cuarto misterio glorioso contemplamos la santidad de la Iglesia, especialmente visible en sus mártires, ya desde los primeros tiempos.
  5. En el quinto misterio glorioso contemplamos la Asunción de la Virgen María y el poder singular de su intercesión por la Iglesia que peregrina.
  6. En el sexto misterio glorioso contemplamos la segunda venida de Cristo, y que de su Reinado han de participar para siempre la Virgen María y todos los santos.
  7. En el séptimo misterio glorioso contemplamos que la muerte misma morirá, y que Dios será todo en todos.

[REPRODUCCIÓN PERMITIDA – Este es un ejercicio privado de devoción “ad experimentum” en proceso de aprobación oficial. Puede divulgarse en las redes sociales, blogs, emisoras de radio, y otros medios siempre que al mismo tiempo se haga la presente advertencia.]

Breve ordo para la semana
del 16 al 22 de Enero de 2022

LA GRACIA: Homilías breves para esta semana:


LECTURA ESPIRITUAL para esta semana:


Liturgia de las Horas para esta semana:

Domingo, 16 de Enero de 2021: Domingo II del Tiempo Ordinario, ciclo C

Lunes 17: Memoria de San Antonio, abad

Martes 18:

Miércoles 19:

Jueves 20:

Viernes 21: Memoria de Santa Inés, virgen y mártir

Sábado 22:



Una oración al empezar el día

Amado Dios bondadoso y omnipotente, hoy me acerco hasta Ti, lleno de dicha y esperanza a darte gracias por permitirme despertar en este hermoso día. Gracias por todas las bendiciones con las que Tú colmas mi vida, gracias por la salud, por los alimentos, por la familia y porque me das la fuerza y la voluntad de avanzar cada mañana en el camino que me conduce a mis sueños.

Te ofrezco todos mis pensamientos, todas mis palabras y cada una de mis acciones de este nuevo día. Te suplico, amado Señor, que seas Tú orientando mis pasos y mis decisiones.

Dame sabiduría para elegir correctamente, dame fuerza para mantenerme firme aun en medio de las dificultades y dame comprensión para entender que tus tiempos son perfectos y que cada problema tiene una solución.

Padre celestial, confío en tu grandeza y en tu bondad y por eso, lleno de confianza, pongo mi vida y la vida de mi familia en tus manos. Permite que tu paz brille en nuestros corazones e ilumínanos en todo cuanto hagamos en este nuevo día. Por favor cúbrenos con tu hermoso manto de luz y esperanza y líbranos del mal, de la angustia injustificada y de los dolores físicos y del alma.

Amado Dios, yo te suplico en tu infinita misericordia que hoy seas Tú protegiéndonos donde quiera que nos encontremos, libéranos de todo peligro y del enemigo malvado. Por favor fortalece nuestra fe y guíanos por el camino que conduce hacia Ti, pues solo Tú nos harás descansar en verdes praderas con frescas aguas de vida.

Señor, hoy estoy vivo y estoy sano. Saldré a vivir este nuevo día lleno de gratitud y alegría por las bendiciones que Tú siempre me das. Por favor no me desampares ni un solo momento y abrázame a cada instante con tu hermoso amor, Amén.

(José Santiago Baños)

En realidad, ¿para qué sirve la oración?

Que fueron tres los errores de los antiguos acerca de la oración. Unos dieron por supuesto que la Providencia no dirige los asuntos humanos, de donde se sigue que la oración y el culto a Dios son algo inútil. A ellos se aplica lo que se lee en Mal 3,14: Dijisteis: frivolo es quien sirve a Dios. La segunda opinión fue la de quienes suponían que todo, también las cosas humanas, sucede necesariamente: por la inmutabilidad de la divina Providencia, por la influencia ineludible de los astros o por la conexión de las causas. Según éstos, queda asimismo excluida la utilidad de la oración. La tercera fue la opinión de los que suponían que los sucesos humanos están regidos por la divina Providencia y que no acontecen necesariamente; pero decían asimismo que la disposición de la divina Providencia es variable y que se la hace cambiar con nuestras oraciones u otras prácticas del culto divino. Todo esto quedó ya refutado (1 q.19 a.7,8; q.22 a.2,4; q.115 a.6; q.116); por tanto, nos es preciso mostrar la utilidad de la oración en tales términos que ni impongamos necesidad a las cosas humanas, sujetas a la divina Providencia, ni tengamos tampoco por mudable la disposición divina. Así, pues, para que esto que decimos resulte evidente, hay que tener en cuenta que la divina Providencia no se limita a disponer la producción de los efectos, sino que también señala cuáles han de ser sus causas y en qué orden deben producirse. Ahora bien: entre las otras causas, también los actos humanos causan algunos efectos. De donde se deduce que es preciso que los hombres realicen algunos actos, no para alterar con ellos la disposición divina, sino para lograr, actuando, determinados efectos, según el orden establecido por Dios. Esto mismo acontece con las causas naturales. Y algo semejante ocurre también con la oración; pues no oramos para alterar la disposición divina, sino para impetrar aquello que Dios tiene dispuesto que se cumpla mediante las oraciones de los santos, es decir: Para que los hombres merezcan recibir, pidiéndolo, lo que Dios todopoderoso había determinado darles, desde antes del comienzo de los siglos, como dice San Gregorio. (S. Th., II-II, q.83, a.2 resp.)


[Estos fragmentos han sido tomados de la Suma Teológica de Santo Tomás, en la segunda sección de la segunda parte. Pueden leerse en orden los fragmentos publicados haciendo clic aquí.]