El Espíritu Santo que nos sana, transforma y renueva quiere acompañarnos y quedarse para siempre en nuestra vida.
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Alimento del Alma: Textos, Homilias, Conferencias de Fray Nelson Medina, O.P.
El Espíritu Santo que nos sana, transforma y renueva quiere acompañarnos y quedarse para siempre en nuestra vida.
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Hay un rompecabezas de 100 piezas. Llamemos un “movimiento” al acto por el cual dos “secciones” se juntan, entendiendo que una “sección” puede contener una o más piezas. Según eso, matemáticamente ¿cuál es el número mínimo de movimientos requerido para armar el rompecabezas?
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La historia de los reyes se entrelaza con la historia del don de la profecía en Israel: ningún poder es genuino sino bajo el poder de Dios.
Numerosas tendencias hacen nuestra cultura refractaria al arrepentimiento; y sin embargo grandes dones esperan a quienes admiten sus errores, piden perdón, aprende de ellos y emprende una etapa de verdad nueva en su vida.
Conversión, humildad, unción: tres palabras que condensan el sentido de la fiesta del bautismo del Señor.
Cristo ha venido para destruir el poder de las tinieblas en nuestro corazón y para darle pleno poder al plan de Dios en nuestra vida.
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Ama a tu patria: el patriotismo es una virtud cristiana. Pero si el patriotismo se convierte en un nacionalismo que lleva a mirar con desapego, con desprecio -sin caridad cristiana ni justicia- a otros pueblos, a otras naciones, es un pecado.
No es patriotismo justificar delitos… y desconocer los derechos de los demás pueblos.
Escribió también el Apóstol que “no hay distinción de gentil y judío, de circunciso y no circunciso, de bárbaro y escita, de esclavo y libre, sino que Cristo es todo y está en todos”. Estas palabras valen hoy como ayer: ante el Señor, no existen diferencias de nación, de raza, de clase, de estado… Cada uno de nosotros ha renacido en Cristo, para ser una nueva criatura, un hijo de Dios: ¡todos somos hermanos, y fraternalmente hemos de conducirnos!
Ya hace muchos años vi con claridad meridiana un criterio que será siempre válido: el ambiente de la sociedad, con su apartamiento de la fe y la moral cristianas, necesita una nueva forma de vivir y de propagar la verdad eterna del Evangelio: en la misma entraña de la sociedad, del mundo, los hijos de Dios han de brillar por sus virtudes como linternas en la oscuridad -«quasi lucernæ lucentes in caliginoso loco».