Noticias desgarradoras de dolor nos obligan a hacer un alto, reflexionar, orar y colaborar en todo cuanto podamos. El Sur de México, Guatemala y El Salvador han sido severamente golpeados por el huracán Stan. Decenas de nuestros Amigos en la Fe han quedado incomunicados, o han tenido severas pérdidas humanas o materiales.

Entre tanto, nos alcanzan las noticias de un devastador terremoto en el Sur de Asia. Siempre estas noticias causan dolor, pero en este caso hay un motivo adicional: cientos de niños y niñas han perecido al derrumbarse sobre ellos sus propias escuelas.
Por estas intenciones unimos nuestros corazones y nuestras oraciones.

Fergal sufría de una artritis deformante desde su juventud. Le fue detectada no mucho después de su ordenación sacerdotal. El dolor casi constante y las limitaciones propias de la enfermedad le acompañaron hasta los 76 años que tenía al momento de partir. Pero la artritis no frenó ni su inteligencia sobresaliente, ni su corazón compasivo, ni su alegría fraterna, ni su voz recia, que a menudo llamaba a reflexión o también a disfrutar de las cosas amables de la vida. Fue profesor universitario muchos años en la Universidad Nacional de Irlanda, en las áreas de filosofía y sociología. Sus exalumnos lo recuerdan como alguien que los hacía pensar. De temperanto vivaz y dialéctico, gustaba de tomar siempre la postura contraria a su interlocutor, fuera quien fuera, no por incomodar, sino por llevar a la gente a compartir su propia pasión por la verdad.

Hace unos días fui a comer algo ligero a un restaurante de comidas rápidas. A poco de sentarme, una señora se sentó en la mesa de al lado; iba acompañada de su pequeña hija. Ambas eran bastante morenas.