Hablaba hace poco con un sacerdote que vive en los Estados Unidos. Un hombre mayor, alrededor de los 90 de edad, que sufrió algo del embate del reciente huracán Katrina, aunque solo levamente –cosa de cortes de luz, y algunos árboles caídos, en la región donde vive.
Nuestra charla, por supuesto, se centró en el drama que tantas personas están viviendo, sea por la muerte de sus seres queridos, por las inmensas pérdidas materiales, por ser desplazados hacia un futuro incierto en tantas cosas, y en fin, todo lo que implica la devastación que Katrina dejó a su paso.
Con confianza el padre me daba sus puntos de vista, hablando siempre desde su propia experiencia. En un cierto punto agregó un comentario inesperado para mí: “A esta edad, poco importa ya lo políticamente correcto y la diplomacia.” Me quedé esperando que continuara. Y siguió: “¿Sabe Ud.? Para este fin de semana pasado, 6 de septiembre, Nueva Orleans estaba planeando un gran Festival Gay. Esperaban más de 100.000 homosexuales de ambos sexos. Parece que Katrina se hizo cargo de ese asunto.”

