¿Los difuntos saben de nosotros?

Hola, fray Nelson. Perdí un hermano en un accidente y quiero saber si las almas nos ven y escuchan.
Gracias estaré atento a su respuesta. — P. de T.

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Los difuntos han salido de nuestra condición temporal. Los estímulos sensoriales no llegan a ellos porque esos estímulos requieren un cuerpo como el nuestro o un cuerpo glorificado que no tienen todavía. Su modo de conocer no es entonces semejante al nuestro. Lo que los difuntos ven o conocen lo conocen únicamente contemplando la sabiduría de Dios, y por tanto sólo saben de aquello que Dios les concede saber desde sí mismo, y no viéndonos directamente a nosotros como nosotros nos vemos y escuchamos unos a otros.

Eso significa que en realidad no sabemos qué saben en detalle sobre nosotros aunque por supuesto saben que existimos y que necesitamos del amor y el auxilio de Dios. En el caso de los santos sabemos que su unión con el amor y la voluntad de Dios los hace útiles intercesores, no porque necesariamente tengan conocimiento detallado de nosotros sino porque anhelan la gloria de Dios en nuestras vidas. Por eso es razonable pedir la intercesión de los santos.

Un razonamiento semejante puede suponerse para las almas del purgatorio, en cuanto no están separadas de la caridad divina. Sin embargo, es doctrina común de la Iglesia que no existe en el purgatorio una visión directa de Dios, en la “luz de la gloria” (lumen gloriae), por lo que su conocimiento debe estar seriamente limitado y probablemente ha de centrarse más en su propia condición y los límites de la caridad que tuvieron en vida. De donde hay que suponer que los difuntos que no están en la gloria celeste aún saben mucho menos de nuestro bien.

Es importante advertir que esta ignorancia nuestra sobre qué saben los difuntos no es un daño sino un bien. La idea de que los difuntos nos están viendo como desde un balcón o con una cámara trae siempre la atención de querer hablarles, y de ahí al espiritismo, no hay sino un pequeño paso. Lo sensato es: pedir la intercesión de los santos y pedir misericordia para nuestros difuntos. Y nada más.

Las fechas…

Cuando llegan las fechas de las personas que amamos es inevitable recordarlas, aunque hayan partido de esta tierra.

Una de esas fechas, para mí, es el cumpleaños de mi madre, Maruja de Medina, que este 5 de Mayo cumpliría 82 años de edad. Ella falleció el 7 de Julio de 2010.

Debo confesar algo: aunque muchas veces he sentido que me ha hecho falta escuchar su voz, o recibir su abrazo, ni un sólo día he pensado que ella estaría mejor aquí con nosotros que en el lugar donde creo, con esperanza puesta en Dios, que se encuentra.

Esa sencilla reflexión me ha llevado a preguntarme qué es amar: ¿es disfrutar la compañía de la persona que amamos, o es desear para esa persona lo mejor? Quizás hemos venido llamando amor a algo que tiene bastante el aspecto del egoísmo.

Casi cuatro años después de su muerte, siento paz, y una semilla de verdadera alegría de que mi madre haya partido de entre nosotros. Su ausencia me recuerda la brevedad de la vida, y la necesidad de colmar de significado y de amor cada cosa que hacemos.

Algo más sobre la muerte y el morir

No tengas miedo a la muerte. -Acéptala, desde ahora, generosamente…, cuando Dios quiera…, como Dios quiera…, donde Dios quiera. -No lo dudes: vendrá en el tiempo, en el lugar y del modo que más convenga…, enviada por tu Padre-Dios. -¡Bienvenida sea nuestra hermana la muerte!

¿Ves cómo se deshace materialmente, en humores que apestan, el cadáver de la persona querida? -Pues, ¡eso es un cuerpo hermoso! -Contémplalo y saca consecuencias.

Me hablas de morir “heroicamente”. -¿No crees que es más “heroico” morir inadvertido en una buena cama, como un burgués…, pero de mal de Amor?

Tú -si eres apóstol- no has de morir. -Cambiarás de casa, y nada más.

Más pensamientos de San Josemaría.

Postrimerías

“Esta es vuestra hora y el poder de las tinieblas”. -Luego, ¿el hombre pecador tiene su hora? -Sí…, ¡y Dios su eternidad!

Si eres apóstol, la muerte será para ti una buena amiga que te facilita el camino.

¿Has visto, en una tarde triste de otoño, caer las hojas muertas? Así caen cada día las almas en la eternidad: un día, la hoja caída serás tú.

No has oído con qué tono de tristeza se lamentan los mundanos de que “cada día que pasa es morir un poco”? Pues, yo te digo: alégrate, alma de apóstol, porque cada día que pasa te aproxima a la Vida.

A los “otros”, la muerte les para y sobrecoge. -A nosotros, la muerte -la Vida- nos anima y nos impulsa. Para ellos es el fin: para nosotros, el principio.

Más pensamientos de San Josemaría.

Para ser libres, 3 de 4, Liberados del poder de la muerte

[Predicación en un Encuentro organizado por la Asociación Católica “Jesús, en Ti confío” de Bucaramanga, Colombia.]

Tema 3 de 4: Liberados del poder de la muerte

* Cristo resucitó y vive: tal es la afirmación central de nuestra fe.

* “Creemos en la resurrección de la carne,” decimos en el Credo. Afirmamos que la victoria de Cristo es también victoria en nuestra historia personal y en nuestro cuerpo.

* Pero vencer a la muerte no es solamente preocuparse de lo que sucede cuando acaba la vida. Durante la vida, uno retiene la vida misma, y no la entrega, precisamente por la certeza de perderla. Es así como la muerte arruina la vida: nos hace cobardes para amar, para servir, para darnos.

* Los mártires nos enseñan qué sucede cuando uno sabe que la muerte está vencida.

Afrontar la muerte

Buenas tardes Padre. Para mi ha sido todo muy difìcil ùltimamente porque me he estado dando cuenta de todo lo que sucede en el mundo… y mas cercano en Medellìn… Desde que la mamà de mi novio falleciò por un càncer de pulmòn a los 51 años, una mujer joven que me hubiese gustado conocer muchìsimo màs, que se notaba que era feliz y una gran persona y mujer, que no alcanzò a ver lo que màs querìa ver en la vida que era ver a su hijo graduarse… he empezado a abrir los ojos y a entender que en la vida en cualquier momento pasan situaciones desastrosas que nos pueden dar un giro de 180º … siempre le he temido de sobremanera a la muerte de mi familia.. y no me siento en capacidades de afrontarlo en algùn momento. Siempre se me ha dificultado creer en la vida despuès de la muerte aunque siempre he creido bastante en Dios y la Virgen, pero ùltimamente tengo una revoltura en la cabeza que no sè què pensar. Le agradecerìa mucho que me aconsejara y me desenredara un poco la cabeza y el corazòn Gracias por guiarnos a todos en la fe y le pido que ore por nosotros, yo tambièn orarè por usted. — M.I.

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Ante todo: cuenta con esa oración.

Es bueno que sientas alguna dificultad en aceptar una vida después de esta tierra. Esa dificultad es buena en la medida en que te recuerda que esa vida no es una simple prolongación de esta, como si simplemente se cambiara el escenario y continuara la película. Como han explicado varios santos, y entre ellos el primero San Pablo, es inmensa y superior a la mente humana la distancia que separa “esta” vida de “esa” vida.

El problema conceptual mayor es que la vida después de la muerte no tiene tiempo, y por eso es, estrictamente hablando, imposible de imaginar. La imaginación, en efecto, está anclada en las “imágenes” que elaboramos a partir de los sentidos, y estos perciben lo material, que depende por supuesto del tiempo y el espacio. Obviamente eso no aplica para la vida eterna, entonces nuestra gran aliada para “visualizar” las cosas, es decir, la imaginación, resulta inútil cuando no estorbosa y adversa, cuando se trata de hablar del cielo o del infierno.

De ahí por cierto surgen las imágenes o imaginaciones burlescas sobre la eternidad, y los comentarios que ridiculizan lo que en verdad es muy santo. Preguntas irónicas como aquella: “¿Además de cantar “Hossana, Hossana” todo el día, que más hacen los ángeles en el Cielo?” Obsérvese que esa frase está montada sobre la suposición de que hay un reloj, un tiempo, una secuencia en el cielo, y eso es exactamente lo que NO hay. Por eso advirtió san Pablo: “NI el ojo vio, ni el oído oyó, ni vino a la mente del hombre lo que Dios ha preparado para los que lo aman.”

De modo que la imaginación no es una ayuda en este caso para la fe.

Cosa que no es nueva: la imaginación no es ayuda para acercarnos a la mayor parte de los misterios. ¿De verdad ayuda imaginar a Dios creando el universo? ¿Esa clase de antropomorfismos (inevitables) explica algo o más bien nos expone, de otra forma, al ridículo y la caricatura? O con respecto a al Eucaristía: ¿Ayuda en algo la imaginación para afirmar que en la Eucaristía está presente Cristo con su cuerpo, su sangre, su alma y su divinidad?

La base de nuestra fe no es que las cosas sean “imaginables” sino que hemos recibido testimonio fidedigno que nos lleva a afirmar lo que supera nuestra capacidad misma de comprender.

Por eso mismo es difícil afirmar qué tan “justa” o “injusta” es una muerte. Por hacer una comparación infantil: el niño pequeño que es dejado por la mamá en la escuela se siente “injustamente” abandonado. Pasan los años, y entiende que fue un gran bien recibir lo que recibió en esa escuela.

Es normal que sintamos como injustas muchas muertes porque nuestra mirada ve la mitad, o menos, de la historia completa. Con un poco más de madurez y de tiempo, ya incluso desde esta vida, a menudo llegamos a entender las cosas de otro modo.

Bendiciones, y que el Señor nos ilumine con su gracia.

No pudo la muerte

No pudo la muerte,
no pudo vencer:
¡venció el Nazareno,
venció Cristo Rey!

1. Los clavos y espinas,
la cruz y la hiel,
son claras señales
que no hay que esconder.

2. La Sangre abundante
que cubre su piel,
invita con fuerza
a confiar y a creer.

3. Que nadie se espante
por ver padecer
al que hizo portentos
librando a Israel.

4. Jesús es su Nombre
nacido en Belén,
humilde, obediente,
creció en Nazareth.

5. Llegada la hora
fue a Jerusalén
su muerte ha vencido
a la muerte también.

6. Hoy canta “¡Aleluya!”
aquel que tiene fe
y hoy responde el Cielo:
“¡Aleluya, amén!”