LA GRACIA 2026/02/24 La Palabra de Dios exhorta, consuela y enseña

La Cuaresma nos une al desierto interior de Jesús, escuchando su Palabra para renovar el corazón; ella nos ilumina, nos consuela y nos enseña, dándonos fuerzas para cambiar y volver a Dios.

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LA GRACIA 2025/07/19 Dejar “Egipto” para caminar hacia el Cielo

Salir de “Egipto” es dejar el pecado para entrar en el desierto que es el camino para llegar al cielo, purificando el corazón y derribando ídolos de la mano de nuestros pastores y en comunidad.

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LA GRACIA 2024/06/24 Crecer en el desierto

SOLEMNIDAD DEL NACIMIENTO DE SAN JUAN BAUTISTA

En el desierto Dios nos habla de su amor, donde sella alianza con nosotros, donde muestra que su providencia está por encima del hambre, donde toda nuestra rebeldía tiene que doblegarse.

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La “Experiencia del desierto”

“Cuando están próximos a entrar a la Tierra Prometida, Moisés le recuerda al pueblo judío que esos cuarenta años por el desierto, sirvieron para hacerlos humildes, fue un periodo para conocer lo que hay en su corazón. Y aunque pasaron por fuertes dificultades, nunca les faltó la ayuda divina: cuando tuvieron hambre, los alimentó con el maná del cielo; cuando tuvieron sed, hizo salir agua de una roca… Es la llamada “Experiencia del desierto” (Cfr. Dt 8,2ss)…”

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LA GRACIA 2020/05/21 Los momentos de desierto elevan nuestra vida espiritual

Durante los tiempos de ausencia de Dios nos conocemos a nosotros mismos, crecemos en la humildad, aumentamos el deseo por el Señor y purificamos nuestra intención.

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Dios y solo Dios

“¡Qué hermoso pensamiento! Imagínense: Dios los ama tanto que se llenará de júbilo por causa de ustedes. ¡Esto es Navidad! Sin embargo, para muchos esta época del año se mezcla con la tristeza pues hay seres queridos que echamos de menos o por los cuales nos preocupamos, heridas antiguas que no han sanado, relaciones que necesitan todavía ser restauradas…”

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La oración de un desanimado

Padre, yo sé que usted no hace dirección espiritual a distancia pero quizás sí me puede responder una pregunta: Si uno está desanimado, distraído, casi descreído, ¿tiene sentido orar? A veces me siento un perfecto hipócrita, como si me pusiera un disfraz de piadoso cuando ni tengo ganas ni tengo mucha fe en lo que yo mismo estoy diciendo. ¿Por qué debería seguir orando? — M.G.H.

* * *

Ante todo, le doy gracias a Dios que te ha despertado el deseo sincero y humilde de hacer esta consulta. La verdad es que las experiencias que usualmente llamamos de “desierto” son particularmente duras y ponen ante nosotros niveles altos de exigencia, muchas veces en términos de tentación.

La palabra tentación es clave. Recordemos que precisamente en el desierto cayeron sobre Cristo las más fuertes tentaciones. No será distinto nuestro caso. Te comparto algunos pensamientos que pueden servirte:

1. La oración no es una especie de “premio” que ganamos por portarnos bien. No oramos porque seamos buenos sino porque somos necesitados. Acudimos a Dios sobre todo como indigentes creaturas, como pecadores necesitados de redención, como enfermos que buscan curación.

2. El valor de la oración está unido a las virtudes teologales. Y resulta que, en tiempos de sequedad espiritual, esas virtudes, aunque se sientan menos, pueden ser muy grandes. En medio de la noche y de la falta de consuelo, la fe puede agigantarse, la esperanza aferrarse sólo a Dios, y el amor purificarse. O sea que puede incluso tener más mérito y dar al final más crecimiento la oración de la sequedad, si es que somos perseverantes.

3. La falta de consuelo nos ayuda a ser menos interesados, impacientes y arrogantes en nuestra vida espiritual. A medida que la paciencia nos da sus lecciones a su propio ritmo, descubrimos que Dios todavía tiene mucho que trabajar en nosotros, y ello es una gran bendición.

Aprende de tus propios desiertos

Eucaristía en el IX Congreso de la Parroquia de S. Francisco, San Andrés.

Lecturas especiales: Isaías 35,1-10 (El desierto y el yermo se regocijarán); 2 Corintios 12,7b-10 (el aguijón en su carne, dice San Pablo); Evangelio de San Marcos 10,46-52 (el ciego Bartimeo).

Enseñanzas: (1) Las dificultades son puertas a la Providencia Divina; (2) Explicación sobre por qué Dios tarda en responder algunas veces; (3) El camino de la Iglesia es el camino del desierto, que supone salir al encuentro de los que la sociedad descarta.

LA GRACIA del Miércoles 9 de Agosto de 2017

El desierto hace aparecer la verdad de Dios y la verdad del corazón humano, llevándolo a la purificación y haciendo crecer la semilla de la esperanza.

[REPRODUCCIÓN PERMITIDA – Ayúdanos a divulgar este archivo de audio en las redes sociales, blogs, emisoras de radio, y otros medios.]

Los bienes del desierto

¿Qué es el desierto?

Podemos definirlo como el tiempo y lugar en el cual somos procesados por parte de Dios de diferentes maneras, intensidad y con diferentes propósitos.

¿Por qué?

Porque solo Dios sabe lo que quiere trabajar en cada uno de nosotros, y el fin por el cual lo hace. Ya que somos probados como oro, ya que al reino de los cielos no entra ni carne ni sangre y mucho menos nada sucio (envidias, celos, avaricia, idolatría, rebeldía, entre otros).

El desierto puede ser cualquier etapa o situación en tu vida, normalmente es un tiempo en donde estamos a solas con Dios, sin mucha distracción.

Cuando estamos en el desierto podemos escuchar lo que Dios nos dice, podemos reconocer las maravillas que El obra en nosotros, sólo en el momento de soledad prestamos atención verdadera a lo que Dios quiere con nosotros.

Acontece que cuando estamos en la abundancia de todas las cosas y nos envolvemos en cada una de ellas, se nos hace más difícil atender a las cosas de Dios, y muchas veces no reconocemos cuando es Dios quien nos habla, porque tenemos “mucho que hacer”, entonces Dios usa el tiempo de “quietud” para intimar con nosotros.

Dios habla a sus hijos en el desierto para afirmar sus corazones y para construir el fundamento en ellos, para que sean como el Monte de Sion, de manera que estén bien cimentados y unidos a la raíz.

[Rosa P.]

Desenmascarando al enemigo

Necesito prevenirte contra una argucia de “satanás”… que intenta servirse de las circunstancias más normales, para desviarnos poco o mucho del camino que nos lleva a Dios. Si luchas, y más aún si luchas de veras, no debes extrañarte de que sobrevenga el cansancio o el tiempo de “marchar a contrapelo”, sin ningún consuelo espiritual ni humano. Mira lo que me escribían hace tiempo, y que recogí pensando en algunos que ingenuamente consideran que la gracia prescinde de la naturaleza: “Padre: desde hace unos días estoy con una pereza y una apatía tremendas, para cumplir el plan de vida; todo lo hago a la fuerza y con muy poco espíritu. Ruegue por mí para que pase pronto esta crisis, que me hace sufrir mucho pensando en que puede desviarme del camino”. -Me limité a contestar: ¿no sabías que el Amor exige sacrificio? Lee despacio las palabras del Maestro “quien no toma su Cruz «cotidie» -cada día, no es digno de Mí”. Y más adelante: “no os dejaré huérfanos…”. El Señor permite esa aridez tuya, que tan dura se te hace, para que le ames más, para que confíes sólo en El, para que con la Cruz corredimas, para que le encuentres.

Más pensamientos de San Josemaría.