¿Qué clase de trato debe haber entre creyentes y no creyentes?

A los fieles se les prohibe el trato con alguna persona por dos razones: la primera, en castigo de aquel a quien se le sustrae la comunicación con los fieles; la segunda, por precaución hacia quienes se les prohibe el trato con ella. Ambas razones pueden deducirse de las palabras del Apóstol. Efectivamente, después de proferir la sentencia de excomunión, da como razón la siguiente: ¿No sabéis que un poco de levadura fermenta toda la masa? (1 Cor 5,6). Y más abajo da otra razón por parte de la pena inferida por la sentencia de la Iglesia: ¿No es a los de dentro a quienes vosotros juzgáis? (1 Cor 5,12).

Si se trata, pues, del primer aspecto, no prohibe la Iglesia el trato de los fieles con los infieles que no abrazaron nunca la fe cristiana, es decir, los paganos o los judíos. La Iglesia, en efecto, no tiene competencia para juzgar a éstos en el plano espiritual, sino temporal, como en el caso de que, morando entre cristianos, cometan una falta y sean castigados con pena temporal por los fieles. De este modo, es decir, como pena, prohibe la Iglesia a los fieles el trato con los infieles que se apartan de la fe recibida, sea corrompiéndola, como los herejes, sea abandonándola totalmente, como los apóstatas. Contra unos y otros, en efecto, dicta la Iglesia sentencia de excomunión.

En cuanto al segundo título, hay que distinguir, de acuerdo con las condiciones diversas de personas, ocupaciones y tiempos. Si se trata, efectivamente, de cristianos firmes en la fe, hasta el punto de que de su comunicación con los infieles se pueda esperar más bien la conversión de éstos que el alejamiento de aquéllos de la fe, no debe impedírseles el comunicar con los infieles que nunca recibieron la fe, es decir, con los paganos y judíos, sobre todo cuando la necesidad apremia. Si, por el contrario, se trata de fieles sencillos y débiles en la fe, cuya perversión se pueda temer como probable, se les debe prohibir el trato con los infieles; sobre todo se les debe prohibir que tengan con ellos una familiaridad excesiva y una comunicación innecesaria. (S. Th., II-II, q.10, a.9, resp.)


[Estos fragmentos han sido tomados de la Suma Teológica de Santo Tomás, en la segunda sección de la segunda parte. Pueden leerse en orden los fragmentos publicados haciendo clic aquí.]

Nueve meditaciones sobre la Virgen Inmaculada, 6 de 9: María y la humildad

* Cuando Dios obra sin obstáculos en un corazón le hace partícipe de la belleza eterna e infinita que es Él mismo. Es lo que contemplamos y celebramos de modo particular en la Virgen Inmaculada.

* Por eso se ha hablado de Ella como de un místico huerto en el que solo Dios tuvo entrada, según la expresión del Cantar 4,12-16. Y tal es el significado espiritual de la perpetua virginidad física de la Madre de Jesucristo.

* En ese jardín y nuevo paraíso, que es el Corazón Inmaculado de María, pueden encontrarse en su sazón los frutos gratos de todas las virtudes. Todo discípulo de Cristo puede ver en Ella su aliada y maestra, su hermana y guía hacia una mayor fidelidad en su propio camino.

* Conviene sin embargo destacar algunas de esas virtudes, bien porque la Biblia les ha dado un lugar particular, bien porque parecen más necesarias hoy en día. En esta meditación y las siguientes nos fijaremos especialmente en las virtudes de la humildad, la fe, la esperanza y la caridad.

* Para comprender la importancia de la humildad hay que asomarse al daño que causa el pecado opuesto, que es la soberbia, y para ello nos guía un buen número de textos de la Escritura. Por ejemplo:

Salmo 138,6 : Porque el SEÑOR es excelso, y atiende al humilde, mas al altivo conoce de lejos.

Proverbios 8,13 : El temor del SEÑOR es aborrecer el mal. El orgullo, la arrogancia, el mal camino y la boca perversa, yo aborrezco.

Jeremías 50,31 : He aquí, estoy contra ti, arrogante, –declara el Señor, DIOS de los ejércitos– porque ha llegado tu día, la hora en que te castigaré.

Amós 6,8 : El Señor DIOS ha jurado por sí mismo, ha declarado el Señor, Dios de los ejércitos, Aborrezco la arrogancia de Jacob, y detesto sus palacios; por tanto entregaré la ciudad y cuanto hay en ella.

Isaías 2,12 : Porque el día del SEÑOR de los ejércitos {vendrá} contra todo el que es soberbio y altivo, contra todo el que se ha ensalzado, y será abatido.

2 Samuel 22,28 : Salvas al pueblo afligido, pero tus ojos están sobre los altivos {a quienes} tú humillas.

Salmo 18,27 : Porque tú salvas al pueblo afligido, pero humillas los ojos altivos.

Salmo 119,21 : Tú reprendes a los soberbios… que se desvían de tus mandamientos.

Salmo 94,2 : Levántate, Juez de la tierra; da {su} merecido a los soberbios.

Jeremías 13,9 : Así dice el SEÑOR: De la misma manera haré que se pudra la soberbia de Judá y la gran soberbia de Jerusalén.

Santiago 4,6 : Pero El da mayor gracia. Por eso dice, DIOS RESISTE A LOS SOBERBIOS PERO DA GRACIA A LOS HUMILDES.

1 Pedro 5,5 : Asimismo, {vosotros} los más jóvenes, estad sujetos a los mayores; y todos, revestíos de humildad en vuestro trato mutuo, porque DIOS RESISTE A LOS SOBERBIOS, PERO DA GRACIA A LOS HUMILDES.

* No extraña entonces que María Virgen, una hija de Israel, eleve su canta diciendo en Lucas 1,51 : Ha hecho proezas con su brazo; dispersa a los soberbios y enaltece a los humildes.

* ¿Cuál es el daño tan grave que causa la soberbia, y que hace que sea tan severamente denunciada y castigada en la Escritura? Su gran daño es que cierra el corazón al plan de Dios; vuelve sordos los oídos a su Palabra; enceguece la mirada, que no reconoce ya sus señales.

* Perdido de Dios, el hombre pierde la capacidad de reconocer luego su propia dignidad. Se le dirá que se contente con lo que ve, lo que huele, lo que palpa. Los profetas del inmanentismo, que es idolatría, le repetirán lo de Nietzsche: “Permaneced fieles a la tierra.” Pero con ello no habrán respondido a su necesidad sino que la habrán esquivado y engañado.

* Perdido de Dios, el ser humano no tiene ojos para su prójimo. El ateo Sartre decía: “el infierno son los otros.” Y Santo Tomás decía: “el malvado no tiene amigos; tiene cómplices.” A medida que el mal se asienta en el corazón, la soledad aprisiona el alma, engañándonos con la fantasía de que son palacios las prisiones de altos muros con que encerramos nuestro ego.

* La humildad, en cambio, abre el corazón desde su única puerta, que es la de la verdad y al realidad. La soberbia empieza por hacernos creer que somos dioses (Génesis 3); la humildad nos recuerda oportuna y saludablemente que somos creaturas, y desde ahí, todo lo demás adquiere su lugar y sus sentido.

Ser cristianos en una sociedad postcristiana

1. La idea de que el cristianismo es como una especie de etapa y que pronto puede ser superada ha estado presente en la historia desde el siglo I.

2. Cristo anunció claramente la oposición entre su Evangelio y la lógica de este mundo. El centro del odio a la fe cristiana está en el primer mandamiento: aquello de que Dios es el Señor.

3. Principales fuentes de conflicto: no a la idolatría; no al uso del ser humano; no a la instrumentalización del odio (caso del marximos y del neomarxismo).

4. Opciones necesarias:

* Tomar conciencia del tiempo presente
* No fiarse de la sola cultura, o la inercia
* Fortalecer la familia
* Pertenecer a una comunidad
* Formación permanente
* La fe si no se da se pierde
* Sembrar a largo plazo
* No imponer pero sí ofrecer
* Oportunas expresiones públicas: la fe a la calle
* Orar, orar, orar

Así nos quieren nuestros gobiernos: atontados, esclavizados, drogados

Si alguien se pregunta por qué tantos Estados modernos favorecen los consumos “recreativos” de sustancias psicotrópicas, como la marihuana, la respuesta puede ser muy sencilla: se trata de una doble ganancia. Por un lado, ganancia de popularidad al favorecer los caprichos–mal llamadas aquí “libertades”–individuales, en épocas de tanto egoísmo y sobrecentramiento en el yo acariciado e idolatrado. Por otro lado, neutralización masiva de cualquier conato de genuina capacidad de crítica o de reacción por parte de una amplia porción de la sociedad, atontada y bien amarrada a sus placeres efímeros y solitarios. Prueba de lo dicho encontramos ya en lugares como Madrid, España.

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Espero que sientas indignación al leer lo que sigue

Colegios vascos eliminan a “Jesús” de los villancicos para no molestar a los alumnos musulmanes: Cantan villacincos en euskera pero donde decía “Jesús”, los niños dicen “Perú”. La escuela pública vasca no quiere ni oir mentar a Jesucristo en las aulas, ni siquiera en los villancicos. ¿Motivo? Podrían herir la sensibilidad de alumnos musulmanes o de otras religiones. Ya lo ves: cristianos que van de primeros en negarle un puesto a su fe. Más información aquí.

Nueve meditaciones sobre la Virgen Inmaculada, 5 de 9: María, Espejo del Evangelio

María, Espejo del Evangelio

* Dios ha querido verse reflejado en su imagen, que es el ser humano. Cada uno de nosotros está llamado y destinado a ser una obra maestra del más sabio, bondadoso y diestro Artista: Dios mismo. En ese sentido, bien puede decirse que todos estamos llamados a ser bellos con esa belleza que es interior pero que también se refleja en nuestra mira, talante, actitud y cuerpo.

* El estorbo de esa belleza es el pecado, en sus diversas formas. Es cierto: la palabra “pecado” fastidia pero quitar la palabra no quita la realidad.

* El pecado causa deficiencias nutricionales serias, en nuestro esfera emocional. Así por ejemplo, un papá egoísta deja sin provisiones importantes de amor y recuerdos bellos a sus hijos. O también: unos hijos egoístas son una tortura de ingratitud para sus padres.

* El pecado causa heridas y deja espantosas cicatrices. Así por ejemplo, la persona que ha sido abusada, o el que ha sido traicionado, o aquel a quien le han mentido por largo tiempo. Este tipo de daños envenenan el corazón, alteran la salud y oscurecen el semblante.

* El pecado asfixia preciosas esperanzas. A medida que se impone la cultura de lo provisional, esa cultura que proclama “de momento te quiero y te deseo… mañana, no sé,” la inestabilidad nos encierra a todos en inseguridad y egoísmo. Nuestros ojos se vuelven astutos y escépticos, incapaces de confiar o de engendrar confianza.

* El pecado aturde, desorienta, oscurece, confunde. Y a medida que estamos más confundidos somos más manipulables, más dependientes, y en el fondo, más esclavos.

* La Biblia griega llama “hamartía” a eso que hemos mencionado. La traducción primera es la de una “mancha.” Por eso la vida sin-mancha es la vida inmaculada. Y eso es lo que vemos en el rostro y especialmente en la mirada de la Virgen Santa.

* En Ella se reflejan los rasgos principales del Evangelio: la acogida al Reino de Dios; la relación de confianza con Dios Padre; la caridad con todos, incluyendo a los enemigos; la esperanza firme de vida eterna.

Inmortalidad del alma espiritual humana

“La «metaantropología» –tal como denomina Abelardo Lobato a la doctrina del hombre del Aquinate– prueba la existencia y naturaleza de una unión de lo espiritual, de un ente substancial, subsistente o con un ser propio como toda substancia, con una parte substancial incompleta, como es la materia. Además, que el espíritu humano es el alma de la materia o forma del cuerpo, y, que ello constituye la unidad del compuesto, La misma naturaleza del espíritu humano requiere informar al cuerpo. La unión substancial o en el único ser del alma y del cuerpo del hombre, que se sigue de este peculiar hilemorfismo explica porqué los dos constitutivos del hombre estén referidos mutuamente. El alma espiritual lo es de un cuerpo y el cuerpo material lo es de un espíritu. El uno es para el otro en la unidad del compuesto humano. Por separado, ni el cuerpo ni el alma constituyen al hombre. El cadáver no es el hombre, ni el alma separada tampoco…”

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Orígenes cristianos y católicos de la ciudad de San Francisco

Los santos preferidos de fray Junípero eran sin duda San Francisco y Santa Clara. Y así, cuando al comenzar sus aventuras californianas, hacía planes con su amigo el Visitador Gálvez, en una ocasión le dijo: «Señor mío, ¿y para nuestro Padre San Francisco no hay Misión?»…

Él siempre soñó con dedicar a sus amados San Francisco y Santa Clara de Asís unas misiones hermosas, dignas de ellos. Por eso su alegría fue inmensa cuando, en 1774, después de hartas gestiones suyas, llegó la ansiada autorización del Virrey Bucarelli, que destinaba en principio treinta soldados, con sus familias, para la fundación de San Francisco.

El sitio y el nombre ya estaban elegidos hacía tiempo, a unos 250 kilómetros al norte de Monterrey, en una inmensa bahía capaz de albergar varias escuadras. A mediados de 1776, la expedición enviada, a la que estaban asignados los padres Palou y Cambón, plantó quince tiendas cerca de la bahía, y poco después fue construyendo la iglesia y los edificaciones fundamentales.

Finalmente, el 17 de setiembre fue el día en que se inauguró el humilde núcleo de la que iba a ser una de las ciudades más grandes del mundo. Se siguió el rito acostumbrado: alzamiento de la cruz, Te Deum, misa, acta correspondiente -«nada sin el escribano», parecía ser el lema de España en América-, aclamaciones, vítores y ondear de banderas, disparo de mosquetones, y también salvas desde los cañones del San Carlos, fondeado en el puerto… Los indios, a todo esto, permanecieron ausentes, cosa rara en ellos, pues solían gustar mucho de estos alardes. Y la razón era que acababan de sufrir un ataque de los indios solsona.

Pero no tardó mucho aquella misión en tener su floreciente núcleo de catecúmenos y bautizados. Cuando fray Junípero pudo celebrar en aquella misión la misa de San Francisco de Asís, el 4 de octubre, tenía el corazón encendido y alegre, y decía con entusiasmo: «Esta procesión de Misiones está muy trunca; es preciso que sea vistosa a Dios y a los hombres, que corra seguida; ya tengo pedida la fundación de tres en el canal de Santa Bárbara. Ayúdenme a pedir a Dios se consiga, y después trabajaremos para llenar los otros huecos».

En efecto, como «el Señor está cerca de los que le invocan sinceramente» (Sal 145,18), en la misma bahía inmensa de San Francisco nacían en 1777 la misión de Santa Clara de Asís, y junto a ella, la de un pueblo de españoles, que se llamó San José de Guadalupe.

En ese año, Monterrey se convirtió en capital de California, y sede del nuevo Gobernador, don Felipe de Neve. Así sería posible controlar más de cerca la actividad misionera del padre Serra… Y en 1779 las dos Californias quedaron sustraídas del Virreinato de Nueva España, y puestas bajo un Comandante o Gobernador General, don Teodoro de Croix, con residencia en Sonora. El Virrey tuvo la delicadeza de informarle de lo que el padre Serra significaba en aquellas regiones, y el Gobernador General le escribió a éste: «Hallará en mí cuanto pueda desear para la propagación de la fe y gloria de la religión». Pero eran solo palabras.


El autor de esta obra es el sacerdote español José Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aquí la obra se publica íntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse aquí.