Novelas Cortas de Pedro de Alarcón

130. Analogías

130.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

130.2. Ningún tiempo es igual a otro tiempo, y sin embargo sí hay semejanzas entre los tiempos. Nuestro Señor Jesucristo aludió a este hecho que no deja de ser sorprendente cuando habló así: «Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre… Lo mismo, como sucedió en los días de Lot…» (Lc 17,26.28; Mt 24,37).

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Quantum Mechanics for Dummies

The City of God, book 3 of 22

Book 3 - As in book 2 Augustine has proved regarding moral and spiritual calamities, so in this book he proves regarding external and bodily disasters, that since the foundation of the city the Romans have been continually subject to them; and that even when the false gods were worshipped without a rival, before the advent of Christ, they afforded no relief from such calamities.

Ejercicios sobre el perdón, 40

EL PERDÓN SANA Y LIBERA: Reflexionemos sobre la acción poderosa del perdón en nuestra vida. Si el amor moviliza el poder de Dios sobre nosotros, el perdón, la otra cara del amor, destapa, desbloquea la entrada para que una corriente sanadora entre en toda la persona y el bienestar fluya por toda la vida. Por eso a un verdadero perdón sigue siempre la sanación. Dios nos quiere felices y sabe que cuando estamos en pecado, cuando necesitamos su perdón, cuando no perdonamos, nos sentimos tristes, traumatizados, incapaces de amar. Necesitamos, por tanto recibir el perdón y perdonarnos a nosotros mismos y a nuestro prójimo. Y al perdonar, disculpamos completamente, no volvemos a recordar la ofensa.

Una señora llevaba varios años sufriendo de jaqueca e insomnio. Se acercó a pedir que oraran por ella. Después de orar por unos minutos su dolor de cabeza se agravó. Uno de los que oraban por ella le dijo: “El Señor te llama a perdonar a una persona que te hirió hace mucho tiempo, a la que nunca has perdonado”. Ella preguntó sorprendida: ¿Cómo lo sabe, si a nadie le he dicho esto? Y el que oraba insistió: para sanarte es preciso que perdones a esa persona, y la perdones incondicionalmente”. “Es tan difícil, pero lo intentaré con la ayuda de Dios, dijo la aludida”. Y así lo hizo. Continuaron la oración de intercesión, y a los pocos minutos la señora sorprendió a todos echándose a reír. Luego explicó entre lágrimas:”me sentía oprimida por un peso enorme, que no me dejaba dormir en paz. Y de pronto siento que ha desaparecido. Y sé que no volverá, pues el Señor se lo ha llevado”. Desde entonces esa señora pudo perdonar, se liberó de su peso y se convirtió en un apóstol del perdón con su testimonio. Su receta, desde entonces, para muchos males y tensiones es “perdón incondicional”. Si esta receta es costosa, mucho más es la enfermedad. Jesús Salvador vino a salvarnos, a perdonarnos. Perdonar es otra forma de decir que Jesús vino a llenarnos de su amor, porque perdonar es amar. Se perdona porque se ama, y cuando no se quiere perdonar es porque la persona se niega a amar. Dar el perdón es hundirnos en el mar insondable del amor, de la sanación de todo nuestro ser. El perdón moviliza el poder sanador del Señor y desbloquea la entrada por donde pasa la corriente sanadora del amor.

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Moros y Cristianos, por Pedro Antonio de Alarcón

129. La Cruz y Pentecostés

129.1. El momento más grande, es decir, el de la revelación fundamental de Jesucristo, fue la hora de la Cruz. Y el momento más grande y el de la gran revelación del Espíritu fue Pentecostés. Serás cristiano cuando percibas la grandeza del Espíritu en el terrible oprobio de la Cruz, y cuando descubras la humillación del Crucificado como manantial de Pentecostés.

129.2. Hay cristianos que quisieran quedarse con la Cruz, y otros cristianos que quisieran vivir sólo en Pentecostés. Estos son dos errores, y tú debes evitarlos y ayudar a que otros los eviten. La Cruz es como la excavación profunda en el cieno de la miseria humana, y por eso mismo como una fuente de la que han brotado las fuentes de la salvación en ese maravilloso surtidor del Espíritu que salta hasta la vida eterna. Pentecostés es como la descripción más honda de todo aquello que palpitaba en el corazón del Crucificado. Juan, el evangelista, ha querido condensar preciosamente estos dos misterios cuando ha escrito que en el momento final de su donación de amor hasta la muerte Jesús “entregó el Espíritu” (Jn 19,30).

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Las otras cuestiones morales

Está visto que los temas de sexualidad despiertan un interés inmenso, que puede crear la falsa idea de que la moral es solo y siempre moral sexual. La verdad es que, como bien indica Santo Tomás en su prólogo a la Segunda Parte de la Suma, es moral todo aquello que hace relación a nuestro avance (o retroceso) en el camino de retorno a Dios. Y eso incluye muchas cosas.

Pienso por ejemplo en el asunto de los impuestos. Somalia es lo que en inglés llaman una “failed republic.” Tu sabes que el dinero se lo van a robar los del gobierno de turno. ¿Cuánto es obligatorio dar al fisco? ¿Qué tan grave es la falta de quien se decide a vivir sin pagar impuestos? Algo parecido, con algunas diferencias, sé yo que sucede en Paraguay, como me lo han dicho paraguayos mismos.

Otro ejemplo: la piratería. Una compañía gigante, digamos Microsoft, decide que no te vende sus productos sino que solo compras licencias para usarlos. Como el producto por el que pagas–y es bastante lo que pagas–no es tuyo, legalmente no puedes darlo a nadie: cada quien debe comprar su propia licencia, dice Microsoft. El problema está en que el precio de esa licencia lo determina unilateralmente quien diseña los programas, de modo que los márgenes de ganancia quedan también en el solo arbitrio, o casi en el solo arbitrio de ellos. Este modo de hacer las cosas priva automáticamente a millones de personas del acceso a esa tecnología. ¿Qué tan grave es tratar de romper sus mecanismos de control para que otros accedan a bajo precio, o gratis, a los mismos programas? Y el que tenga su ordenador libre de programas piratas, que tire la primera piedra.

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Tu cara es la interface, con este sistema

The City of God, book 2 of 22

Book 2 - In this book Augustine reviews those calamities which the Romans suffered before the time of Christ, and while the worship of the false gods was universally practised; and demonstrates that, far from being preserved from misfortune by the gods, the Romans have been by them overwhelmed with the only, or at least the greatest, of all calamities— the corruption of manners, and the vices of the soul.

Filosofía, Teología, Ciencia y Sociedad… en diálogo