#LaudesFrayNelson para el Viernes IV de Pascua
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Alimento del Alma: Textos, Homilias, Conferencias de Fray Nelson Medina, O.P.
#LaudesFrayNelson para el Viernes IV de Pascua
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LECTURA ESPIRITUAL.
#LectioFrayNelson para el Viernes IV de Pascua
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MEMORIA SAN JOSÉ OBRERO
Los padres de familia no solo deben dar el sustento económico a sus hijos, sino también el moral inculcando principios que fundamenten la vida y el emocional que les dé estabilidad.
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“Ante todo, hay que decir que entre todas las reglas fundamentales de las asociaciones masónicas existe la creencia en la existencia de Dios como Gran Arquitecto del Universo. Ahora bien, el Gran Arquitecto del Universo no se identifica con el Dios-persona de los cristianos, sino que se refiere a una inteligencia divina no necesariamente distinta del cosmos y de la humanidad, o sea, es “la colectividad de estos seres individuales, considerada en su conjunto”. La visión masónica del Gran Arquitecto del Universo es irreconciliable con el Dios-persona de la revelación cristiana…”
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Preludio de aleluya universal
en el Verbo que anuncia salvación,
se encarnará la Voz, vendrá el perdón,
en tu seno de esposa virginal.
Naciste, por merced, glorioso umbral,
aurora de la humana redención,
estela de final resurrección,
reina del paraíso celestial.
Entregarás al mundo tu dolor,
aceptarás ser madre mediadora,
esclava de divina voluntad.
Brotaste en la fontana del Amor,
sacias la sed del alma pecadora,
y eres remanso azul de la verdad.
Autora: Emma Margarita R. A.-Valdés
#VisperasFrayNelson para la Memoria de Santa Catalina de Siena, OP, virgen y doctora de la Iglesia
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#RosarioFrayNelson para el Jueves:
Contemplamos los Misterios de la vida pública del Señor
Usamos esta versión de las oraciones.
[REPRODUCCIÓN PERMITIDA – Este es un ejercicio privado de devoción “ad experimentum” en proceso de aprobación oficial. Puede divulgarse en las redes sociales, blogs, emisoras de radio, y otros medios siempre que al mismo tiempo se haga la presente advertencia.]
#LaudesFrayNelson para la Memoria de Santa Catalina de Siena, OP, virgen y doctora de la Iglesia
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LECTURA ESPIRITUAL.
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Si realmente estamos unidos en fe y amor a Cristo nuestro paso a la eternidad está determinado fundamentalmente por la misericordia con la que Él quiere llevarnos a donde se encuentra.
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Santos mártires Renato Goupil (+1642), Isaac Jogues y Juan de La Lande (+1646)
En la expedición de 1636, llegó a estas misiones el padre Isaac Jogues, nacido en 1607 en Orleans, educado en los jesuitas de esa ciudad, que a los 17 años entró en el noviciado de la Compañía en Rouen. Él siempre quiso sufrir por Cristo, y así lo pedía una y otra vez en la oración. Aunque de constitución más bien débil, se ofreció para ir a misiones. Destinado a las de Nueva Francia, permaneció en ellas once años. Y desde que llegó a Quebec, empleándose en expediciones sumamente peligrosas entre indios hostiles, mostró la valentía que nacía de su amor al Crucificado y a los indios.
Una vez al año acostumbraban los jesuitas enviar desde sus puestos misionales algún misionero a Quebec, donde informaba acerca de la misión y compraba provisiones. En 1642, estando el padre Jogues en una misión pacífica establecida entre hurones, se ofreció para hacer él ese viaje, que en aquel momento era muy peligroso. Partió acompañado del hermano Renato Goupil, en una expedición de veintidós personas. Apresados por los iroqueses, y conducidos durante trece días a sus territorios, sufrieron terribles padecimientos, que él mismo contó después: «Entonces padecí dolores casi insoportables en el cuerpo y al mismo tiempo mortales angustias en el alma. Me arrancaron las uñas con sus agudos dientes y después, a bocados, me destrozaron varios dedos, hasta deshacer el último huesecillo».
Así llegaron a la aldea iroquesa de Ossernenon, donde estuvieron cautivos un año. Un día los iroqueses ordenaron a una algonquina cristiana prisionera que con un cuchillo embotado cortase el pulgar izquierdo del padre Jogues. «Cuando la pobre mujer arrojó mi pulgar sobre el tablado, lo levanté del suelo y te lo ofrecí a ti, Dios mío, y tomé esta tortura como castigo amorosísimo por las faltas de caridad y reverencia cometidas al tratar tu sagrado cuerpo en la Eucaristía».
El hermano donado Renato Goupil, quizá presintiendo su muerte, pidió al padre Jogues hacer sus votos para unirse más a la Compañía de Jesús, y los hizo. Enfermero y cirujano, era muy amigo de los niños, y en aquella aldea iroquesa les enseñaba a hacer la señal de la cruz sobre la frente. Dos indios, recelando del significado de aquel signo, le acecharon un día en las afueras del poblado, donde solía retirarse a orar, y allí lo mataron de un hachazo en la cabeza. Era el 29 de setiembre de 1642.
Bosques majestuosos, nieve, silencio, frío… El padre Jogues, medio desnudo, sólo entre los indios, en aquel invierno interminable, hubo de servirles como esclavo, acompañándoles en sus cacerías. Finalmente, en agosto de 1643 pudo escapar, con ocasión de una expedición de holandeses que pasó donde él estaba y puso en fuga a los indios.
Volvió a Francia el padre Jogues, y allí con sus narraciones encendió en muchos el espíritu misionero. El papa Urbano VIII le concedió licencia especial para que pudiera seguir celebrando la misa, a pesar de las terribles mutilaciones de sus manos. No quedó el ánimo del misionero traumatizado con las pasadas pruebas, y a los tres meses, a petición propia, regresó a las misiones. Dos años estuvo en Montreal, y en 1646, a sus 39 años, el superior le encargó nada menos que ir como legado de paz a los iroqueses, ya que conocía bien su lengua. Él aceptó sin dudar la misión, y la desempeñó con éxito.
A su regreso, el superior -que, al parecer, también tenía una idea bastante clara acerca del significado de la cruz de Cristo en la tarea misionera-, le mandó pasar el invierno con los iroqueses, a ver si se podía iniciar alguna evangelización entre ellos… Después de los horrores sufridos, una misión así, en los mismos lugares de su pasión anterior, sólo podía ser aceptada con el valor de un amor sobrehumano, es decir, con el amor del Corazón de Cristo.
El padre Jogues, antes de partir, afirmó: «Me tendría por feliz si el Señor quisiera completar mi sacrificio en el mismo sitio en que lo comenzó». Esta vez le acompañaba otro hermano donado, Juan de La Lande. Llegaron entre los iroqueses justamente cuando éstos se habían alzado contra los franceses y hostilizaban el fuerte Richelieu. Una mala cosecha y una epidemia les fueron atribuídos como efectos de sus maleficios. Apresados, fueron conducidos a la aldea iroquesa de Andagoron. Las torturas fueron horribles: les cortaron carne de hombros y brazos, y la comieron ante ellos, les quemaron los pies… El 18 de octubre de 1646, a golpes de hacha, mataron a San Isaac Jogues, y al día siguiente, del mismo modo, a San Juan de La Lande.
El autor de esta obra es el sacerdote español José Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aquí la obra se publica íntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse aquí.
“El cardenal Gerhard Ludwig Müller ha concedido una larga entrevista a Lothar C. Rilinger para Kat.net, en la que aborda de lleno la crisis de la Iglesia en Alemania, reconociendo que hay en ella obispos y teólogos que pretenden con prepotencia marcar el camino al resto de la Iglesia. Además recuerda que la fe no se puede alterar por mayorías democráticas, ni de obispos ni mucho menos de laicos. Y pide a los fieles resistir a los obispos heterodoxos, como en tiempos del arrianismo y el donatismo…”
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