En el primer misterio del silencio contemplamos que del costado de Cristo en la Cruz brotaron sangre y agua.
En el segundo misterio del silencio contemplamos el valor de aquellos que no eran apóstoles y sí permanecieron junto a la Cruz y cuidaron del cuerpo de Cristo muerto.
En el tercer misterio del silencio contemplamos a Jesucristo, puesto en un sepulcro nuevo.
En el cuarto misterio del silencio contemplamos a Jesús, que baja hasta el fondo del reino de la muerte, para que los justos que de antiguo esperaron en él encuentren a su Redentor.
En el quinto misterio del silencio contemplamos el anonadamiento de Cristo, que siendo Hijo aprendió sufriendo a obedecer.
En el sexto misterio del silencio contemplamos la soledad llena de fe de la Santísima Virgen María.
En el séptimo misterio del silencio contemplamos la inmensa compasión de Dios Padre, que tanto amó al mundo que le dio a su único Hijo para que todo el que cree en él no perezca.
[REPRODUCCIÓN PERMITIDA – Este es un ejercicio privado de devoción “ad experimentum” en proceso de aprobación oficial. Puede divulgarse en las redes sociales, blogs, emisoras de radio, y otros medios siempre que al mismo tiempo se haga la presente advertencia.]
La obra de Jesucristo es plenitud de la ley de Moisés porque, aunque buscamos lo mismo que la ley, entendemos ahora que con nuestras solas fuerzas no podemos; Jesús viene a darnos un corazón nuevo para cumplirla y estar en perfecta unión con Dios.
Recientes propuestas en el Sínodo General de los Anglicanos apuntan hacia un lenguaje neutro (gender-neutral) para referirse a Dios. La idea central de esta propuesta parece ser que se evite que Dios quede asociado al género masculino, lo cual, según su criterio, supondría una especie de discriminación sexista contra las mujeres. Es un tema que hace años ha aparecido con particular fuerza en el contexto de la llamada “teología feminista” y de un modo más amplio en las corrientes teológicas de reivindicación de minorías y personas marginadas. Continuar leyendo “¿Dios es padre, madre, neutro…?”
En el primer misterio de la Dolorosa Pasión contemplamos a Jesús, que vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron.
En el segundo misterio de la Dolorosa Pasión contemplamos la agonía de Jesús en el huerto de Getsemaní intercediendo por nosotros los pecadores.
En el tercer misterio de la Dolorosa Pasión contemplamos a Jesús, juzgado por el sanedrín, y luego por la autoridad romana, y así condenado a muerte.
En el cuarto misterio de la Dolorosa Pasión contemplamos la flagelación de Nuestro Señor Jesucristo, porque sus heridas nos han curado.
En el quinto misterio de la Dolorosa Pasión contemplamos a Jesús coronado de espinas: Rey humilde y Príncipe de Paz.
En el sexto misterio de la Dolorosa Pasión contemplamos a Jesús que carga con su cruz.
En el séptimo misterio de la Dolorosa Pasión contemplamos a Jesús que muere en la Cruz.
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En Lourdes Nuestra Señora nos invita a la oración para conectarnos a la fuente de la vida, a desacomplejarnos y no dejar que el mundo nos gane, a reunirnos en comunidad y asamblea y a peregrinar como pueblo que lleva luz, antorchas para vencer las tinieblas.