Un compañero de camino

Fray Stephen Peterson, O.P., es un joven estudiante dominico, natural de las islas de Trinidad y Tobago donde la Provincia Dominicana de Irlanda ha estado en servicio de predicación y misión muchos años.

Fr. Stephen terminó su noviciado en la ciudad de Limerick, en Irlanda, ahora va a hacer un año, y ha estado estudiando en este convento de St. Saviour’s desde entonces. Volverá al Caribe hacia julio o agosto. Ha sido un gran hermano que ha expresado espíritu de solidaridad, fraternidad y alma genuinamente joven. Dios te bendiga Stephen; ¡te vamos a echar de menos!

¡Por cierto! El hombre tiene su página.

Una Carta Llena de Preguntas

“Nuestro Dios es amor, pero ha creado un infierno eterno para sus hijos que no le piden perdón o que no quieren estar con Él, allí echará a sus hijos por toda la eternidad, aún habiendo dado la vida de su Hijo para salvar a sus hijos, el que no lo reconoce irá al infierno para siempre, vaya amor el de nuestro Dios. ¿Tenemos que perdonar a los que nos traicionan? ¿Por qué Él no perdono a Judas que lo traicionó? ¿Por qué Él no perdona a los que no lo aman? ¿Por qué Él le da la paz a los que lo aman solamente, por qué no se la da también a los que lo rechazan? ¿Nosotros para seguirle sí tenemos que hacerlo, aún sin el buen ejemplo que Él no nos da?”

Sobre lo de que Dios no perdona a los que no lo aman, ya hemos hablado antes: su perdón está ofrecido y el castigo, y el infierno mismo no es otra cosa que rechazar ese perdón, rechazar la oferta del amor de Dios. En cuanto creaturas libres puede decirse que nosotros construimos el infierno en la medida en que nos cerramos a la gracia que Dios ofrece. Es lo mismo que una persona que en día soleado se encierra en su cabaña, tapa todas las ventanas y agujeros y luego maldice la oscuridad.

También hemos hablado sobre la diferencia entre perdonar nosotros y el perdón de Dios. Lo de nosotros es casi más un acto de sensatez y de sanidad mental y emocional; lo de Dios es la generosidad de su amor que se ofrece pero que no siempre es aceptado. Y precisamente: la vida que el Hijo dio para que todos fuéramos hijos es la mejor prueba de que Dios tiende la mano, pero no la impone, pues Él mismo dice: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo” (Ap 3,20).

¿Perdonó Jesús a Judas, el traidor? La Biblia no dice que lo haya condenado al infierno. Muestra además que Cristo perdonó a Pedro y a los demás que también lo negaron. La Iglesia tampoco ha declarado nunca la condenación eterna de Judas ni de ningún otro ser humano así como con nombre y apellido. Sabemos que existe la posibilidad espantosa de cerrarse al amor de Dios y sabemos que una persona podría perseverar en esa negativa hasta el final, encerrándose en su odio y soberbia. Esa situación, que no puede ser violentada en todos los casos sin quitarle la libertad a la persona, es lo que desemboca en lo que la Iglesia llama “infierno.” ¿Le ha sucedido eso a Judas? No lo sabemos. La terrible expresión de Cristo, “más le valiera no haber nacido” (Mc 14,21), no implica forzosamente que se condenó. No se nos olvide que Job, a quien suele llamarse “el santo Job,” en un cierto momento consideró que era mejor no haber nacido, pues a tanto llegaba su dolor y su situación de angustia (Job 3,1-26). Así que no podemos considerar “mejor no haber nacido” como sinónimo de “condenarse.”

Una última palabra sobre lo de la paz. Tú dices: “¿Por qué Él le da la paz a los que lo aman solamente, por qué no se la da también a los que lo rechazan?” Ya hemos aclarado un poco sobre el sentido de la paz, aplicado a la obra de Cristo en esta tierra. Pero quisiera añadir algo que dijo Santa Catalina de Siena. Enseñó esta Santa que Dios, en su misericordia, sabe a menudo “intranquilizar” a quienes andan errados, para despertar de algún modo su conciencia y hacerles ver a qué destino se aproximan.

Así que, muy al contrario de lo que tú dices, yo pienso que Dios, especialmente en su revelación en Cristo, nos ha dado ejemplo, según aquello del apóstol Pedro:

Porque para este propósito habéis sido llamados, pues también Cristo sufrió por vosotros, dejándoos ejemplo para que sigáis sus pisadas, el cual no cometió pecado, ni engaño alguno se halló en su boca; y quien cuando le ultrajaban, no respondía ultrajando; cuando padecía, no amenazaba, sino que se encomendaba a aquel que juzga con justicia; y El mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz, a fin de que muramos al pecado y vivamos a la justicia, porque por sus heridas fuisteis sanados. Pues vosotros andabais descarriados como ovejas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Guardián de vuestras almas. (1 Pe 2,21-25)

A la hora de mi muerte, llámame

Esta plegaria la escribí hace unos años y la siento hoy tan actual como el primer día.

Oración al dejar esta tierra

¡Oh Señor Jesucristo!

Llegado el momento de partir de esta tierra hacia tu cielo, recuerdo y bendigo el día glorioso en que quisiste venir del cielo a la tierra, a recorrer nuestros caminos para hacerte Camino nuestro, a sanar nuestras heridas con óleo de tu Santo Espíritu, a rescatarnos de la ceguera con la luz del padre Eterno, y a cantar el sublime canto de la redención desde el altar augusto de la Cruz.

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El día que me muera

Yo estoy de acuerdo –¡cómo no estarlo!– con aquella piadosa súplica de los devocionales católicos clásicos: “¡Líbranos, Señor, de la muerte repentina!

Si place a Dios, yo no quisiera una muerte repentina; quisiera estar preparado y tener tiempo y conciencia para arrepentirme, y sobre todo para confiar más en el Señor, darle gracias y más gracias por todos sus bienes y ofrecer también ese momento último por la Santa Iglesia.

Si estar así consciente me lo permite Dios, sé que cuando llegue esa hora me sentiré triste por el bien omitido, incompleto; por el amor que no se dio y las oportunidades de gracia que se desperdiciaron. Sin embargo, pienso que va a primar la alegría y que será más fuerte la gratitud.

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Pascua Florida

Se utiliza esta expresión en España y en otros lugares, añadiendo el adjetivo “florida” para señalar a esta pascua, la de resurrección, porque ha existido la costumbre (que en el fondo es errónea) de decir “Felices Pascuas!” también para Navidad. Entonces, para diferenciar una de otra, a esta, que es la verdadera Pascua, ciertamente, se la llama Pascua Florida.

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Canción de antaño

Esta pascua he recordado con un amor especial las celebraciones de Pascua de tiempos idos, sobre todo de la época de fraile estudiante. Me parece hermoso evocar a Fr. Orlando Rueda, en aquella época cantor del convento de Santo Domingo, tocando el órgano y ensayándonos los cantos del tiempo pascual, y Fr. José Gabriel Mesa, tantas veces sustentor del coro. Hoy Orlando es rector del Colegio Lacordaire en Cali y Gabriel es nuestro Provincial. ¿Cómo no recordar esos ensayos y aquel canto: “Como el grano de trigo…“? Me puse a buscarlo en Internet y lo pude localizar. ¡Vaya aquí para gloria de mi Dios!

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¿Qué cosa es la Pascua?

Es normal por estos días un tema de conversación con los padres de mi convento, aquí en Dublín: ¿Qué Semana Santa recuerda Ud. más? Al recibirla la primera vez no supe qué responder, y apenas evoqué el año 2000, cuando tuve ocasión de concelebrar con el Papa. Algo notable en la memoria de cualquier sacerdote católico, desde luego, pero por dentro de mí yo sentía que eso no era todo lo que tenía que decir.

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Saludo de Pascua

Todo empezó en la soledad y el frío, en la oscuridad amenazante de un sepulcro. Todo empezó allí precisamente, allí donde la muerte reinaba como señora y donde el vacío se burlaba con altanería de nuestros mejores sueños. Todo empezó allí donde el cuerpo destrozado de Cristo debía convertirse en el recordatorio perpetuo del mandato del demonio, que quería repetir desde esa piel destrozada su consigna perversa: �No quieras ser bueno, porque mira cómo acaban los buenos.�

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Good Friday

En español hablamos de Viernes Santo; el término común en inglés es Good Friday.

Y esa expresión, Good Friday tiene un sabor único en el contexto de Irlanda, porque, como es sabido, hace seis años, un Viernes Santo, que en aquella ocasión fue el 10 de abril de 1998, se firmó el acuerdo por el que los seis condados de la provincia del Ulster que en 1920 tuvieron que mantener su vinculación con Gran Bretaña reformaban su gobierno en proceso de retorno a la República de Irlanda (lo que usualmente llamamos “Irlanda del Sur,” donde yo me encuentro).

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La Pasión

Esta Semana Santa vi la película The Passion of the Christ, dirigida por Mel Gibson, con subtítulos en inglés (el dato importa, como se verá más adelante (3.3), porque no sé si haya diferencia en otras subtitulaciones, ya que las lenguas habladas son latín y arameo). Quiero compartir algunas impresiones y algunas reflexiones, divididas en tres partes: aspectos polémicos, puntos para destacar y puntos para mejorar. Continuar leyendo “La Pasión”

Una viva compasión por los que han muerto

La Semana Santa nos ofrece multitud de textos y celebraciones que invitan a la reflexión y la oración. El Cuerpo injuriado de Jesús, su Alma atribulada más allá de todo límite, su ser entero sometido a la afrenta y, a la vez, convertido en manantial de piedad y salvación para todos… ¿quién, que piense un momento en estas verdades, no se sentirá movido a profundas consideraciones sobre el rumbo que lleva en la propia vida? ¿Quién, si medita estas cosas, no dedicará un pensamiento a los que hoy siguen siendo el espejo vivo del dolor o del amor de Cristo, especialmente quienes sufren siendo inocentes o quienes sufren por amor y por amar?

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Ante el luto

Hace unos días falleció la mamá de uno de los padres de mi convento. Comento impresiones:

1. Sentí solidaridad. Todos nos hicimos presentes en alguna de las fases de la despedida a este venerable señora (tenía algo más de 90 años).

2. La solidaridad resulta poco emotiva, comparada con el estilo latino. Los hombres no lloran, por lo menos, no en público. Las mujeres, poco. Sólo se dan algunos abrazos entre la familia inmediata, y algunas señoras a los hijos de la difunta.

3. El respeto es inmenso. Hay un aire muy hermoso y muy discreto a la vez, que se convierte en delicadeza para quien se sabe que está sufriendo.

4. Las cosas suceden de modo discreto. Hay reemplazos que hacer, tareas que cubrir. Todo se hace con discreción y eficiencia. Prácticamente no hay perturbación en el orden diario.

5. La persona afectada vive su luto en un inmenso silencio, que uno puede suponer que se rompe con algunos más cercanos. A los demás, se supone que nos corresponde entender, acompañar, respetar, orar, callar, apoyar. Son roles muy claros; muy establecidos. Uno no se siente mal, pero sí es un poco extraño.