61.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
61.2. Muchas veces te he visto meditar sobre aquel extraño pasaje del libro de los Jueces, allí donde el Ángel se negó a dar su nombre: «Manóaj dijo entonces al Ángel de Yahveh: “Permítenos retenerte y prepararte un cabrito.” Pero el Ángel de Yahveh dijo a Manóaj: “Aunque me obligues a quedarme no probaré tu comida. Pero si quieres preparar un holocausto, ofréceselo a Yahveh.” Porque Manóaj no sabía que era el Ángel de Yahveh. Manóaj dijo entonces al Ángel de Yahveh: “¿Cuál es tu nombre para que, cuando se cumpla tu palabra, te podamos honrar?” El Ángel de Yahveh le respondió: “¿Por qué me preguntas el nombre, si es maravilloso?”» (Jue 13,15-18).
