Curso de Sacramentos II, parte 05 de 13: Evolución del Sacerdocio en la Sagrada Escritura

Evolución del Sacerdocio en la Sagrada Escritura.

1. Rasgos generales de la religiosidad en la Ley de Moisés.

Pedagogía de distinción entre lo sagrado y lo profano.

Aparecen una serie de tabúes (distinción entre lo puro e impuro) que en principio parecen caprichosos, pero que en realidad pretenden poner límites a la curiosidad, al apetito y al orgullo del propio yo (hybris). Los límites educan.

Singularidad de la tribu de Leví.

Única tribu que no tiene tierra.
Tienen ciudades pero no tienen el medio de subsistencia que es la tierra. Los levitas han de ser mantenidos. El sacerdote vive del Señor. Dios sostiene a Israel.

Los levitas son los que explican la ley.
No solo sacrifican sino que sobre todo son maestros que enseñan la ley.

Los levitas tienen grados.
La tribu de Levi son levitas, a los descendientes de Aarón son los sacerdotes, a los que se suman el Sumo sacerdote.

Las fiestas en honor de Yahvé.
Estas festividades son umbrales que nos acercan a Dios. La Pascua es una memoria/anuncio y el Sábado es un grito de libertad que rompe la rueda del producir-consumir-entretenerse.

2. Límites de la religiosidad en el sacerdocio del AT.

  • Ritualismo: honran con los labios, pero el corazón lejos de Dios.
  • Egoísmo de clase: los sacerdotes velan solo por sus intereses.
  • Idolatría: ofrecían sacrificios pero su vida era gobernada por la astrología cayendo en el escepticismo.

3. Relación con el poder (con los reyes y los profetas).

Denuncia donde se ve cómo los sacerdotes se alían con los poderosos. Intento de manipular el sacerdocio para convertirlo en oficio (funcionario). Hay peligro de que el sacerdocio quede subsidiado por el poder. Se cae en la cobardía y en la incoherencia dentro del sacerdocio. El sacerdocio queda marginado y a disposición del poder civil.

4. Relación entre profetas y sacerdotes.

Los profetas denuncian los límites del sacerdocio de su tiempo. Anuncian que tiene que haber un cambio. El conocimiento tiene que tener una ruta diferente y no puede quedarse en la casta sacerdotal. El conocimiento quedará abierto a todos.

5. El Día del Señor.

Los sacerdotes son llamados al arrepentimiento. Tanta corrupción tiene que traer el Día del Señor. Separar sacrificio y sacrificador es la raíz del problema. El sacerdote como funcionario mata toda devoción y llega la mediocridad.

6. Novedad en Cristo y su sacerdocio.

Lo que hace distinto al sacerdote es que él no es distinto de su sacrificio. Lo vemos en Jesucristo. Cuando el sacerdote es un alter Christus entonces se convierte en sacerdote y víctima a la vez. El sacerdote funcionario termina traicionando su vocación porque lo único que busca es sus intereses. Sin embargo, el sacerdote que no se reserva nada, según el NT reúne las siguientes características: pleno, perfecto, único, suficiente e irrepetible. La unión entre sacrificador y sacrificio es lo que hace nuevo el sacerdocio en el NT. Es el Espíritu Santo el que hace que Dios esté a los dos lados del puente (sacerdote).

LA GRACIA del Sábado 16 de Julio de 2016

MEMORIA DE NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN

Que el amor y la devoción a nuestra madre María Santísima, quien conservó la fe verdadera, nos preserve al pueblo de Dios hoy y siempre. Amén.

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VÍSPERAS 20160714

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Aunque parezca que estás perdiendo el tiempo

De esto hace mucho tiempo. Época en la que todavía todo oficio era un arte y una herencia. El hijo aprendía de su padre, lo que éste había sabido por su abuelo. El trabajo heredado terminaba por dar un apellido a la familia. Existían así los Herrero, los Barrero, la familia de Tejedor, etcétera.

Bueno, en aquella época y en un pueblito perdido en la montaña, pasaba más o menos lo mismo que sucedía en todas las otras poblaciones. Las necesidades de la gente eran satisfechas por las diferentes familias que con sus oficios heredados se preocupaban de solucionar todos los problemas. Cada día, el aguatero con su familia traía desde el río cercano toda el agua que el pueblito necesitaba. El cantero hacía lo mismo con respecto a las piedras y lajas necesarias para la construcción o reparación de las viviendas. El panadero se ocupaba con los suyos de amasar la harina y hornear el pan que se consumiría. Y así pasaba con el carnicero, el zapatero, el relojero. Cada uno se sentía útil y necesario al aportar lo suyo a las necesidades comunes. Nadie se sentía más que los otros, porque todos eran necesarios.

Pero un día algo vino a turbar la tranquila vida de los pobladores de aquella aldea perdida en la montaña. En un amanecer se sintió a lo lejos el clarín del heraldo que hacía de postillón o correo. El retumbo de los cascos de caballo se fue acercando y finalmente se lo vio doblar la calle que daba entrada al pueblito: un caballo sudoroso que fue frenado justo delante de la puerta de la casa del relojero. El heraldo le entregó un grueso sobre que traía noticias de la capital. Toda la gente se mantuvo a la expectativa a la puerta de sus casas a fin de conocer la importante noticia que seguramente se sabría de un momento al otro.

Y así fue efectivamente. Pronto corrió por todo el pueblo la voz de que desde la capital lo llamaban al relojero para que se hiciera cargo de una enorme herencia que un pariente le había legado. Toda la población quedó consternada. El pueblito se quedaría sin relojero. Todos se sintieron turbados frente a la idea de que desde aquel día, algo faltaría al irse quien se ocupaba de atender los relojes con los que podían conocer la hora exacta.Al día siguiente una pesada carreta cargada con todas las pertenencias de la familia, cruzaba lentamente el poblado, alejándose quizás para siempre rumbo a la ciudad capital. En ella se marchaba el relojero con toda su gente: el viejo abuelo y los hijos pequeños. Nadie quedaba en el lugar que pudiera entender de relojes.

La gente se sintió huérfana, y comenzó a mirar ansiosamente y a cada rato el reloj de la torre de la Iglesia. Otro tanto hacía cada uno con su propio reloj de bolsillo. Con el pasar de los días el sentimiento comenzó a cambiar. El relojero se había ido y nada había cambiado. Todo seguía en plena normalidad. El aparato de la torre y los de cada uno seguía rítmicamente funcionando y dando la hora sin contratiempo alguno.

-¡Caramba!- se decía la gente. Nos hemos asustado de gusto. Después de todo, el relojero no era una persona indispensable entre nosotros. Se ha marchado y todo sigue en orden y bien como cuando él estaba aquí. Otra cosa muy distinta hubiera sido sin el panadero. No había porqué preocuparse. Bien se podía vivir sin el ausente.

Y los días fueron pasando, haciéndose meses. De pronto a alguien se le cayó el reloj, y aunque al sacudirlo comenzó a funcionar, desde ese día su manera de señalar la hora ya no era de fiar. Adelantaba o atrasaba sin motivo aparente. Fue inútil sacudirlo o darle cuerda. La cosa no parecía tener solución. De manera que el propietario del aparato decidió guardarlo en su mesita de luz, y bien pronto lo olvidó al ir amontonando sobre él otras cosas que también iban a para al mismo lugar de descanso.

Y lo que le pasó a esta persona, le fue sucediendo más o menos al resto de los pobladores. En pocos años todos los relojes, por una causa o por otra, dejaron de funcionar normalmente, y con ello ya no fueron de fiar. Recién entonces se comenzó a notar la ausencia del relojero. Pero era inútil lamentarlo. Ya no estaba, y esto sucedía desde hacía varios años. Por ello cada uno guardó su reloj en el cajón de la mesa de luz, y poco a poco lo fue olvidando y arrinconando.

Digo mal al decir que todos hacían esto. Porque hubo alguien que obró de una manera extraña. Su reloj también se descompuso. Dejó de marcar la hora correcta, y ya fue poco menos que inútil. Pero esta persona tenía cariño por aquel objeto que recibiera de sus antepasados, y que lo acompañara cada día con sus exigencias de darle cuerda por la noche, y de marcarle el ritmo de las horas durante la jornada. Por ello no lo abandonó al olvido de las cosas inútiles. Cierto: no le servía de gran cosa. Pero lo mismo, cada noche, antes de acostarse cumplía con el rito de sacar el reloj del cajón, para darle fielmente cuerda a fin de que se mantuviera funcionando. Le corregía la hora más o menos intuitivamente recordando las últimas campanadas del reloj de la iglesia. Luego lo volvía a guardar hasta la noche siguiente en que repetía religiosamente el gesto.

Un buen día, la población fue nuevamente sacudida por una noticia. ¡Retornaba el relojero! Se armó un enorme revuelo. Cada uno comenzó a buscar ansiosamente entre sus cosas olvidadas el reloj abandonado por inútil a fin de hacerlo llegar lo antes posible al que podría arreglárselo. En esta búsqueda aparecieron cartas no contestadas, facturas no pagadas, junto al reloj ya medio oxidado.

Fue inútil. Los viejos engranajes tanto tiempo olvidados, estaban trabados por el óxido y el aceite endurecido. Apenas puestos en funcionamiento, comenzaron a descomponerse nuevamente: a uno se le quebraba la cuerda, a otro se le rompía un eje, al de más allá se le partía un engranaje. No había compostura posible para objetos tanto tiempo detenidos. Se habían definitiva e irremediablemente deteriorado.

Solamente uno de los relojes pudo ser reparado con relativa facilidad. El que se había mantenido en funcionamiento aunque no marcara correctamente la hora. La fidelidad de su dueño que cada noche le diera cuerda, había mantenido su maquinaria lubricada y en buen estado. Bastó con enderezarle el eje torcido y colocar sus piezas en la posición debida, y todo volvió a andar como en sus mejores tiempos.

La fidelidad a un cariño había hecho superar la utilidad, y había mantenido la realidad en espera de tiempos mejores. Ello había posibilitado la recuperación.

La oración pertenece a este tipo de realidades. Tiene mucho de herencia, poco de utilidad a corta distancia, necesidad de fidelidad constante, y capacidad de recuperación plena cuando regrese el relojero.

LAUDES 20160714

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LECTIO 20160714

LECTURA ESPIRITUAL.

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LA GRACIA del Viernes 15 de Julio de 2016

Entreguemosle a Dios el señorío de toda nuestra vida para que desde la eternidad Él visite y sane lo que hemos sido, lo que somos y lo que seremos.

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VÍSPERAS 20160713

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