Lugar de la fortaleza y la templanza en el camino de construcción de la fraternidad

La virtud de la FORTALEZA nos llama a emprender el camino, muchas veces arduo, de construir comunidad. En efecto, no es este un camino que se dé espontáneamente y como por sí mismo, ni tampoco le faltan los obstáculos. Necesitaremos de esta virtud para mantener el saludable equilibrio emocional, así como para resistir a las presiones del miedo o de la manipulación, incluso por parte de la propia familia. La TEMPLANZA regula nuestros apetitos y deseos tanto en los alimentos como en la afectividad y la sexualidad. La práctica de esta virtud nos lleva por un camino de discreta penitencia y abnegación que no da paso fácilmente al orgullo y que nos educa para llegar a virtudes más altas. Además, la templanza tiene que ver con salir de nuestra comodidad y carnalidad, es decir, aquella zona de confort en la que estamos a gustó pero no avanzamos.

El teólogo en la Iglesia

“La figura del teólogo emerge dentro del pueblo de Dios, distinguiéndose del mismo por su conocimiento religioso más organizado. No raras veces en el pasado y el presente tales pensadores cristianos han hecho avanzar considerablemente a la sabiduría eclesial, aportando soluciones a zonas intrincadas u oscurecidas por mala interpretación de algunos, en lo referente a la fe. Baste el incompleto recuento de los Santos Ireneo de Lyon, Atanasio, Cirilo, Agustín, Tomás de Aquino… Pero, no en menor grado, provocaron igualmente conflictos y desorientación en la inmensa grey del pueblo de Dios. Repasemos, también brevemente, a Arrio, Nestorio, Eutiques, Pelagio, Lutero…”

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LA GRACIA del Martes 2 de Enero de 2018

¡En medio de nosotros hay Uno que no reconocemos! Contemplemos la presencia viva de Cristo en la Eucaristía, en los pobres, en la Sagrada Escritura, en la comunidad creyente.

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Santidad en familia: ¿es posible?

Cuatro rasgos destacan en las virtudes domésticas, las propias de la “domus,” la casa: la verdad propia de lo auténtico; la constancia propia de lo cotidiano; la sencillez propia de lo humilde; y la amplitud propia de lo que a todos concierne y a todos beneficia y bendice.

ROSARIO de las Semanas 20171231

#RosarioFrayNelson para el Domingo:
Contemplamos los Misterios de la Gloria del Señor

Usamos esta versión de las oraciones.

  1. En el primer misterio glorioso contemplamos la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.
  2. En el segundo misterio glorioso contemplamos la Ascensión de Cristo a los Cielos.
  3. En el tercer misterio glorioso contemplamos el día de Pentecostés: la efusión del Espíritu Santo da nacimiento a la Iglesia.
  4. En el cuarto misterio glorioso contemplamos la santidad de la Iglesia, especialmente visible en sus mártires, ya desde los primeros tiempos.
  5. En el quinto misterio glorioso contemplamos la Asunción de la Virgen María y el poder singular de su intercesión por la Iglesia que peregrina.
  6. En el sexto misterio glorioso contemplamos la segunda venida de Cristo, y que de su Reinado han de participar para siempre la Virgen María y todos los santos.
  7. En el séptimo misterio glorioso contemplamos que la muerte misma morirá, y que Dios será todo en todos.

[REPRODUCCIÓN PERMITIDA – Este es un ejercicio privado de devoción “ad experimentum” en proceso de aprobación oficial. Puede divulgarse en las redes sociales, blogs, emisoras de radio, y otros medios siempre que al mismo tiempo se haga la presente advertencia.]

Para bien del amor y de la pureza

Un matrimonio cristiano no puede desear cegar las fuentes de la vida. Porque su amor se funda en el Amor de Cristo, que es entrega y sacrificio… Además, como recordaba Tobías a Sara, los esposos saben que “nosotros somos hijos de santos, y no podemos juntarnos a manera de los gentiles, que no conocen a Dios”.

Cuando éramos pequeños, nos pegábamos a nuestra madre, al pasar por caminos oscuros o por donde había perros. Ahora, al sentir las tentaciones de la carne, debemos juntarnos estrechamente a Nuestra Madre del Cielo, por medio de su presencia bien cercana y por medio de las jaculatorias. -Ella nos defenderá y nos llevará a la luz.

Permíteme un consejo, para que lo pongas en práctica a diario. Cuando el corazón te haga notar sus bajas tendencias, reza despacio a la Virgen Inmaculada: ¡mírame con compasión, no me dejes, Madre mía! -Y aconséjalo a otros.

Más pensamientos de San Josemaría.

Claves de fidelidad

La FIDELIDAD está enraizada, por etimología y por realidad, en la FIDES, en la fe. En efecto, los dos grandes atributos de Dios en el Antiguo Testamento son: que es fiel y misericordioso. Dios es el que permanece, el estable, el que es de fiar. El hombre, en cambio, es variable, según el ritmo de sus conveniencias, intereses o miedos. Y solo cuando el hombre descubre su fragilidad y se vuelve hacia el que es fuerte puede llegar a ser fiel. Por eso decimos que la armadura de la fidelidad es el humilde conocimiento de sí mismo porque Cristo mismo nos ha advertido que para el hombre es imposible salvarse, a la vez que afirma que Dios “todo lo puede.” Ahora bien, la fidelidad requiere también del fuego interior para no quedarse sin alma y reducirse así a mero cumplimiento exterior. Esa alma es el amor. La fidelidad exquisita y perfecta va siempre de la mano del don del Espíritu Santo llamado “temor de Dios” porque la genuina fidelidad sencillamente no quiere ofender, y en todo quiere agradar, como una esposa enamorada.

Espíritu Santo, Fuego de Dios

Cinco verbos nos ayudan a descubrir la obra del Espíritu en nosotros. ILUMINAR para que conozcamos quién es Dios y quiénes somos nosotros. Saber de Él sin conocer uno su necesidad, lleva a arrogancia. Saber de las propias necesidades y miserias sin reconocer presente su misericordia lleva a desesperación. El verbo PURIFICAR nos recuerda que no somos nuestro pecado. La escoria no estaba en el plan de Dios y, si estuvo en el pasado, no debe tener derecho sobre nuestro futuro. TRANSFORMAR es lo propio del Espíritu que hace de nosotros creaturas nuevas. El Espíritu también logra ENCENDER su fuego en nosotros, de modo que no dependamos de su la gente nos acoge, nos agradece o nos toma en cuenta. Solo entonces el verbo HACER BRILLAR se cumplirá en nosotros, de modo que contagiemos a muchos más en seguimiento del Evangelio de Cristo.