¿Pecados con estatuto especial?

Al parecer cada época tiene sus vicios favoritos así como sus virtudes emblemáticas. En los distintos tiempos y lugares hay cosas que se puede saber que están mal pero que son toleradas socialmente con tanta frecuencia que su malignidad prácticamente desaparece del lenguaje cotidiano. A lo sumo sirve de motivo para algún chiste, caricatura o anécdota. Por ejemplo: se sabe que el alcoholismo es una plaga pero no faltan los chistes de borrachos–todo un género literario–con lo cual la gravedad del exceso al beber queda sepultada entre sonrisas y carcajadas.

Es un buen ejercicio preguntarse qué vicios o pecados van adquiriendo carta de ciudadanía en cada época. A través de un proceso que empieza de modo muy gradual pero que luego invariablemente se acelera, ciertos comportamientos se van rodeando de una aureola de respetabilidad hasta el punto de ganar un “estatuto especial”: ya no se puede criticarlos sin más. A menudo, este proceso queda sancionado como admisible por razones de tipo político, a saber, porque gente en el gobierno, o gente con gran influencia económica practica con descaro tales costumbres. Continuar leyendo “¿Pecados con estatuto especial?”

Vida Consagrada, Vida en el Espíritu, 6 de 12: Espíritu de humildad y conversión

[Retiro espiritual para un grupo de Dominicas de la Inmaculada en Lima, Perú. Octubre-Noviembre de 2014.]

Tema 6 de 12: Espíritu de humildad y conversión

* El Espíritu libera del Pecado
Nos permite reconocerlo y encararlo
Le quita poder de seducción en nosotros

* El Espíritu libera de la Ley:
Cuál es el bien de la Ley
El drama de la “Ley”: contradicciones internas, querer y no poder

* Notas sobre sanación
No es sólo física
Es un acto de honestidad
Se requiere varias veces en la vida
Es un bien estable

Reconocer el pecado

“No es fácil especialmente en el mundo moderno, dominado por la ciencia, el racionalismo, las corrientes psicológicas, las “espiritualidades” tipo New Age. Un mundo en el que queda muy poco espacio para Dios, y casi nada para el pecado…”

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Testigos de una fe total, 1 de 2, Los peligros de las conversiones a medias

[Retiro con ocasión del séptimo aniversario de Radio Kerigma, en Washington, DC. Agosto de 2014.]

Tema 1 de 2: Los peligros de las conversiones a medias

* Cuando una persona padece una infección es frecuente que se le receten dosis de antibióticos que debe tomar con regularidad durante un cierto número de días.En ocasiones la gente es desobediente, de manera que, en cuanto desaparecen los síntomas, dejan ya de tomar los antibióticos. El efecto es desastroso: la infección, a la que hay que considerar el enemigo, vuelve con más fuerza.

* El pecado obra como esas bacterias invasoras: un pecado medio vencido es un pecado que en realidad está retomando fuerzas para lanzar un nuevo y más vigoroso ataque. Y ese es el problema de una fe a medias: que en realidad no elimina la causa de nuestras desgracias sino que nos engaña con la desaparición temporal de los síntomas.

* Con frecuencia esos pecados vencidos apenas a medias nos someten a ciclos de frustración como el que se describe en el Libro de los Jueces, en el Antiguo Testamento: los israelitas acudían a Dios cuando se veían agobiados por los ataques filisteos pero en cuanto el peligro desaparecía, precisamente por la ayuda de Dios, de nuevo coqueteaban con los dioses filisteos. De semejante ciclo absurdo sólo puede rescatarnos la acción renovadora del Espíritu.

Mira de otro modo tus faltas

Ese descorazonamiento que te producen tus faltas de generosidad, tu caídas, tus retrocesos -quizá sólo aparentes- te da la impresión muchas veces de que has roto algo de subido valor (tu santificación). No te apures: lleva a la vida sobrenatural el modo discreto que para resolver conflicto semejante emplean los niños sencillos. Han roto -por fragilidad, casi siempre- un objeto muy estimado por su padre. -Lo sienten, quizá lloran, pero van a consolar su pena con el dueño de la cosa inutilizada por su torpeza…, y el padre olvida el valor -aunque sea grande- del objeto destruido, y, lleno de ternura, no sólo perdona, sino que consuela y anima al chiquitín. -Aprende.

Más pensamientos de San Josemaría.