Breve selección de textos de un libro que marcó época, y que tiene mucho que decirnos hoy.
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Alimento del Alma: Textos, Homilias, Conferencias de Fray Nelson Medina, O.P.
Zacarías quedó no sólo mudo sino también sordo: ninguna palabra entraba ni sale de él. Él se queda a solas con la palabra del ángel, hasta que esa palabra crezca en él y dé fruto.
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La fe no nace ya perfecta sino que debe crecer por lo menos en dos direcciones: (1) Centrarse cada vez más en lo que Dios puede y no en lo que nosotros no hemos podido; (2) Pasar del simple pensar correcto al obrar coherente.
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Atheists will regard the idea that religion can make a difference to outcomes in sport as fanciful. But it is possible to put aside the issue of whether or not God exists and just examine the impact of faith on performance.
This is what Jeong-Keun Park of Seoul University did in 2000 by studying the performances of Korean athletes. He found that prayer was not only a key factor in coping with anxiety but also in attaining peak performance.
A quote from a participant in Park’s study encapsulates the findings: “I always prepared my game with prayer. I committed all things to God, without worry. These prayers make me calmer and more secure and I forget the fear of losing. It resulted in good play.”
This echoes extraordinary research about the power of faith from the world of medicine. In the 1960s, a series of studies found that heart disease is far less common among the religious than in the general population, even after controlling for different lifestyles. Later studies extended this finding, including a paper in 1996 which found that mortality rates in secular kibbutzim are nearly twice that of their religious counterparts.
It seemed that religious beliefs conferred real health benefits.
Publicado via email a partir de Palabras de camino
La fe permite que las cosas sucedan en nuestra vida a la escala y la manera de Dios, que son más altas y mejores que las nuestras.
En el evangelio según San Juan más que hablar de “milagros” se habla de “señales” porque los prodigios de Dios son ante todo eso: señales que apuntan hacia la abundancia de su amor sabio y poderoso.
[Predicación en el encuentro de los Misioneros de Jesús en Ciudad de Panamá.]
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Lectio Divina sobre la historia de un lisiado que es también limosnero, y prisionero de un mundo pequeño y atrapado en un lenguaje de una sola dimensión. Cristo será su liberador.
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Comunion y comunidad en Cristo. Retiro espiritual en el Monasterio de las Dominicas de Lerma. Tema 10 de 10: Virtudes teologales y vida de comunidad.
FE
– Según la Biblia, la fe no es autosugestión, “energía positiva,” o hacer de cuenta que las cosas son lo que no son. La fe no consiste en cerrar los ojos y concentrarse en convicciones interiores sino en abrir los ojos hasta ver, en profundidad, lo que no resulta aparente.
– Así entendidos, los “ojos” de la fe nos invitan a ver al hermano en su realidad de necesidad ante Dios. La Biblia no paga homenaje al hombre sino a la obra que Dios realiza en él. Así también nosotros, movidos por la fe, vemos al mismo tiempo la necesidad y la posibilidad en el hermano.
ESPERANZA
– Esta virtud no alude sólo al “más allá;” se practica ya en esta tierra cuando acometemos (virtud de la fortaleza) caminos nuevos, como por ejemplo, al responder a una vocación.
– En lo cotidiano, la esperanza nos invita a mirar por encima de nuestras barreras y prejuicios, y a preguntarnos qué NO hemos visto en aquellas personas que hemos etiquetado.
AMOR
– La clave para amar está siempre en que “Dios nos amó primero” como dice la Primera Carta de Juan. El amor fraterno en comunidad no es, pues, asunto de solas relaciones humanas, simpatía, o tolerancia estoica.
– Sabiéndonos acogidos en Cristo, nos entregamos mutuamente a su poder, para que Él haga en nosotros como se cuenta en la Carta a los Efesios: derribando el muro de odio que separaba a judíos y gentiles. El es nuestra unidad; El es nuestra paz.
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Creer y Amar – Enseñanzas en la Asamblea Regional de Levante, España, 2011. Tema 4: Una relación de fe que lleva a la unión en el amor. La cruz es la ignominia más grande y la esperanza más sublime. Revelando la miseria y necesidad de todos, nos muestra nuestra solidaridad en el pecado, y por lo mismo el llamado único del amor en que se vence toda barrera.
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Creer y Amar – Enseñanzas en la Asamblea Regional de Levante, España, 2011. Tema 2: Llegar a creer y confiar en Cristo. Exteriormente, el proceso va de la extrañeza y la admiración, al gusto por saber de él; luego, sentirlo próximo, relacionarlo con cosas de la propia vida; y luego rendirse a él. Mientras tanto, es el Espíritu Santo quien hace posible el asentimiento de corazón.
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Isaías anuncia un nuevo paraíso, propio de la nueva creación. La fe nos abre acceso a esa realidad no desde la ilusión sino desde la cruz gloriosa.
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Retiro de Cuaresma 2011. Predicación en la parroquia de St. Patrick, en Miami. Tema 2 de 6: Juan Pablo II, un hombre de fe. Memoria de dos de los grandes regalos que el papa polaco dejó a nuestra Iglesia: el catecismo, compendio de la fe, y el Código de Derecho Canónico. Además, testimonios de personas que se convirtieron a la fe de manera repentina e inexplicable con la sola presencia del Papa.
[podcast]http://fraynelson.com/conferencias/madurez/cuaresma2011_02_fe_02.mp3[/podcast]
Retiro de Cuaresma 2011. Predicación en la parroquia de St. Patrick, en Miami. Tema 1 de 6: La fe – Una reflexión bíblica. Del ejemplo de Abraham aprendemos: (1) La fe muchas veces implica una lucha en solitario. (2) La fe se cultiva y crece en familia. (3) Los padres deben ser patri-arcas, es decir “padre y principio” de vida, orientación y luz en la familia.
[podcast]http://fraynelson.com/conferencias/madurez/cuaresma2011_01_fe_01.mp3[/podcast]
Lenten Spiritual Retreat 2011, Talk 2 of 6: Faith as visible in the life and works of Pope John Paul II. True witness to faith in his way of enduring all kind of suffering and overcoming so many obstacles, pope John Paul has also underlined particular aspects of Christian faith, chiefly, that faith is an encounter and not simply a beautiful set of interlocking ideas. His theology of the body and the way he insisted in the role of the Church in order to keep and transmit the true faith remain current and most remarkable.
[podcast]http://fraynelson.com/conferencias/conferencias_mp3/lent_with_jp2_02_faith_2_of_2.mp3[/podcast]
“Soy un extranjero para la policía, para Dios, para mí mismo”. Este es quizá el lapidario y fulgurante carnet de identidad de Emil Cioran, nacido hace cien años, el 8 de abril de 1911 en Rasinari, en la Transilvania rumana. Este inclasificable escritor-pensador, en 1937, a los 26 años, emigró a París, donde vivió hasta su muerte, en 1995. Extranjero, por tanto, por su patria de origen, que había cancelado de su registro civil personal, abandonando incluso su idioma. Fue extranjero en la nación que le había acogido, a causa de su constante aislamiento: “Eliminaba de mi vocabulario una palabra tras otra. Acabada la masacre, solo una sobrevivió: soledad. Me desperté satisfecho”.
Extranjero, por último, para Dios, a pesar de que era hijo de un sacerdote ortodoxo. Tan extranjero que se inscribió en la “raza de los ateos”, y sin embargo, vivió con el ansia insomne del seguimiento del misterio divino. “Siempre he dado vueltas alrededor de Dios como un delator: al no ser capaz de invocarle, le he espiado”. Por este motivo querría hablar brevemente de él, sin la pretensión de superar mi recinto de teólogo adentrándome en el análisis crítico literario , que otros harán en este centenario. Cioran, de hecho, se puso al acecho en varias ocasiones para tender una emboscada a Dios, obligándole a reaccionar y, por tanto, a mostrarse.
Es emblemático el diálogo que entabló a distancia con el teólogo Petre Tutea. Éste no había abandonado su tierra, a pesar de haber pasado 13 años en las cárceles de Ceausescu, ni mucho menos su fe, hasta el punto de que replicó así a Cioran: “Sin Dios, el hombre no es más que un pobre animal, racional y hablante, que no viene de ninguna parte, y que no sabe adónde va”. En realidad, su interlocutor no era ateo ni agnóstico, pues había llegado a sugerir a los teólogos su particular camino “estético” para demostrar la existencia de Dios. De hecho, en “De lágrimas y santos” (Tusquets Editores, 1988), escribía: “Cuando escucháis a Bach, veis nacer a Dios… Después de un oratorio, una cantata, o una ‘Pasión’, Dios debe existir… ¡Y pensar que tantos teólogos y filósofos han derrochado noches y días buscando pruebas de la existencia de Dios, olvidando la única!”.
Cioran acusa a Occidente de un delito extremo, el de haber extenuado y disecado la potencia regeneradora del Evangelio: “Consumado hasta los huesos, el cristianismo ha dejado de ser una fuente de maravilla y de escándalo, ha dejado de desencadenar vicios y fecundar inteligencias y amores”. Este Qohelet-Ecclesiastés moderno se transforma, entonces, en una especie de “místico de la Nada”, dejando entrever el escalofrío de las “noches del alma” de ciertos grandes místicos, como Juan de la Cruz o Angelus Silesius, remontando hasta el desconcertante cantor del nexo Dios-Nada, el famoso Maestro Eckhart de la Edad Media. “Era todavía niño, cuando conocí por primera vez el sentimiento de la nada, tras una iluminación que no lograría definir”. Una epifanía de luz obscura, podríamos decir, utilizando un oxímoron del Job bíblico.
“Siempre hay alguien por encima de uno mismo –seguía diciendo–; más allá del mismo Dios se eleva la Nada”. Aquí está la paradoja: “El panorama del corazón es: el mundo, más Dios, más la Nada. Es decir, todo”. Y, por tanto, esta es su conclusión: “¿Y si la existencia fuera para nosotros un exilio y la Nada una patria?”. La Nada, siempre según este oxímoron, se convierte en el nombre de un Dios, ciertamente muy diferente al Dios cristiano, y sin embargo dispuesto como él a recoger el malestar existencial de la humanidad. Escribía Cioran, evocando la “psicostasía” del antiguo Egipto, es decir, el momento en el que se pesaban las almas de los difuntos para verificar la gravedad de sus culpas: “En el día del juicio sólo se pesarán las lágrimas”. En el tiempo de la desesperación, de hecho, ciertas blasfemias –declaraba Cioran siguiendo a Job– son “oraciones negativas”, cuya virulencia es más acogida por Dios que la acompasada alabanza teológica (la idea ya había sido formulada por Lutero).
Por tanto, Cioran es un ateo-creyente sui generis. Su pesimismo, es más, su negacionismo se debe más bien a la humanidad: “¡Si Noé hubiera recibido el don de leer en el futuro, no cabe duda de que él mismo hubiera provocado el hundimiento!”. Y aquí la Nada se convierte en la mera nada, un vacío de aniquilamiento: adorar la tierra y decirse que en ésta está el fin y la esperanza de nuestros afanes, y que sería inútil buscar algo mejor para descansar y disolverse”. El hombre hace que pierdas toda fe, es una especie de demostración de la no existencia de Dios y desde esta perspectiva se explica el pesimismo radical de Cioran, que brilla ya en los títulos de sus libros: “Del inconveniente de haber nacido”, “La tentación de existir”, “En las cimas de la desesperación”, “Desgarradura”, “Silogismos de la amargura”, etc. Y en ocasiones es difícil no darle la razón, al mirar no sólo la historia de la humanidad, sino también el vacío de tantos individuos que no tiene nada de la trágica Nada trascendente: “De muchas personas se puede decir lo que se dice en el caso de algunas pinturas, es decir, que la parte más preciosa es el marco”. Pero, por suerte, y esta es la gran contradicción, también existe, como antes decíamos, Bach…
Publicado via email a partir de Palabras de camino
Acercarse a Jesús, creer en Jesús, y dejar obrar a Jesús: tal es el itinerario de la fe.
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La fe empieza en el orden de lo imposible porque para lo posible no se necesita creer. Y la fe da victoria, o a lo menos la fuerza para no vender lo que creemos por el precio de lo que deseamos.
[podcast]http://fraynelson.com/homilias_mp3/i041004a.mp3[/podcast]