“Dulce remedio: Oración, limosna y ayuno…”
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Alimento del Alma: Textos, Homilias, Conferencias de Fray Nelson Medina, O.P.
La palabra menos simpática pero más necesaria en todo el Evangelio es la que nos saluda y abre la cuaresma: CONVERTÍOS.
Si tan solo recordáramos esa palabra con la frecuencia necesaria, casi todos los males retrocederían y casi todos los bienes abundarían entre nosotros.
Corrupción, injusticia, abuso, bullying, pornografía, violencia… ¿qué son, sino imperio del pecado? ¿Y qué es la conversión sino resolución firme, inspirada y sostenida por Dios, para dejar nuestros caminos retorcidos?
La predicación debe anunciarlo y la vida debe hacerlo patente: solo la conversión trae novedad. Cambiar el nombre al pecado para que no parezca pecado no cambia la realidad ni la crueldad del fruto ponzoñoso que trae inevitablemente el pecado.
Así por ejemplo: llamar “interrupción voluntaria del embarazo” al aborto no ha impedido sino facilitado que se asesinen millones de inocentes. Y ese lenguaje, engañosamente dulce, no ha resucitado a ninguno de los asesinados.
Llamar las cosas por su nombre, y luego: arrepentirnos de nuestras culpas. Ese es el camino. Lo demás es estrategia del demonio. Desventurados los que le hagan caso. felices los que obedezcan en cambio al llamado del amor de Dios.
La clave para los Evangelios que la Iglesia nos ofrece en el ciclo A de la Cuaresma es identificarnos con las personas que tuvieron su encuentro profundo y personal con Cristo: la samaritana, el ciego, Lázaro.
DOMINGO IV DEL TIEMPO DE CUARESMA, CICLO A
Evalúa lo que has recorrido en la Cuaresma y pregúntate: ¿Qué me estoy perdiendo? ¿Qué es lo que no he visto en mi vida? ¿A qué he permanecido ciego?.
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DOMINGO III DEL TIEMPO DE CUARESMA, CICLO A
La Cuaresma es un itinerario de encuentro con la verdad de Cristo, haciendo que por la fuerza de su amor deje mi idolatría y sane mis frustraciones, errores y caídas.
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La Cuaresma nos lleva a tener más conciencia de que somos hijos de la gracia, que todo lo que tenemos es un don; invitándonos a dejar la idolatría.
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DOMINGO II DEL TIEMPO DE CUARESMA, CICLO A
La Iglesia con su pedagogía durante Cuaresma nos va mostrando quién es Jesucristo, cuánto lo necesitamos y qué grandes bienes nos trae.
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DOMINGO I DEL TIEMPO DE CUARESMA, CICLO A
La huella del pecado original permanece al querer imponer nuestro criterio sobre qué es el bien y qué es el mal, porque sólo llegamos a este conocimiento escuchando la Palabra del Señor.
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Dentro del camino de cuaresma los días viernes tienen un lugar único. Es la razón por la que esos días la Iglesia nos llama al ayuno y la abstinencia.
¿Por qué en particular los viernes? Porque cada viernes de cada semana de cuaresma es un paso que damos hacia el gran VIERNES, aquel día dramático pero bendito y santo, en que Cristo entregó su vida por nosotros en la Cruz.
Por eso debemos dar especial atención a las lecturas de esos viernes, que nos van mostrando la grandeza misteriosa del amor que redime, por ejemplo, a través de los rechazos que sufrieron los profetas, o al comprobar la dureza del corazón humano, que se endurece en su arrogancia.
Es importante que los viernes no sean solo días en que HACEMOS cosas, ciertamente necesarias y santas, como el ayuno y la abstinencia, sino días en que Dios HACE cosas en nosotros, transformando nuestra dureza y conduciéndonos por la humildad, la sabiduría y finalmente, la conversión.
Con el ejercicio espiritual del ayuno en Cuaresma experimentamos que no lo podemos todo y que nuestros recursos y nuestras fuerzas tienen un límite.
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MIÉRCOLES DE CENIZA
Oremos para que todos y empezando por los sacerdotes, en la Cuaresma seamos conscientes de las traiciones contra el amor de Dios, pidiendo a Él fervorosamente por la conversión de todos.
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En breves días tenemos el Miércoles de Ceniza y con él, por supuesto, el comienzo de la cuaresma. Quisiera que esta vez fuera algo distinto.
Las prácticas de la cuaresma a todos nos invitan a revisar nuestra forma de vida y reformar lo que somos y hacemos, volviendo nuestro corazón hacia Dios. Es un ejercicio saludable y siempre necesario.
Existe el peligro de ver el camino cuaresmal como algo tan personal que llega a volverse individual e incluso individualista. Y si bien es cierto que la conversión implica siempre un sí profundamente personal, sería interesante que esta vez viviéramos la cuaresma no sólo como individuos sino ante todo como miembros de un solo Cuerpo, que es la Iglesia.
Si es verdad que cada uno necesita purificarse también la Iglesia necesita purificarse. Y en esa línea propongo que esta cuaresma oremos con mucha fuerza y a la vez con mucha fe y humildad:
La cuaresma es DESIERTO:
es sequedad, soledad, ayuno, austeridad,
rigor, esfuerzo, penitencia, peligro, tentación.
La cuaresma es PERDÓN:
Las historias bíblicas de Jonás y de Nínive
y la parábola del hijo pródigo, son ejemplos de ello.
La cuaresma es ENCUENTRO:
es abrazo de reconciliación como en la parábola
del hijo pródigo o en la conversión de Zaqueo
o en el diálogo de Jesucristo con la mujer adúltera.
La cuaresma es LUZ:
como se pone de evidencia, por ejemplo,
en el evangelio del ciego de nacimiento.
Es el tránsito de las tinieblas a la luz.
Jesucristo es la luz del mundo.
La cuaresma es SALUD:
símbolo manifestado en textos como la curación
del paralítico o la sanación del hijo del centurión.
La cuaresma es AGUA:
es el tránsito de la sed de nuestra insatisfacción
al agua viva, el agua de Moisés al pueblo de Israel
en el desierto o de Jesús a la mujer samaritana.
La cuaresma es LIBERACIÓN, TRIUNFO:
es superación victoriosa de las pruebas y dificultades.
Algunas figuras bíblicas, que sufren graves peligros
y vencen en la prueba, son José hijo de Jacob,
la casta Susana, Ester, el profeta Jeremías y,
sobre todo, Jesús, tentado y transfigurado.
La cuaresma es CRUZ:
signo y presencia permanente durante toda
la cuaresma. Prefigurada en el Antiguo Testamento
y patentizada con el ejemplo de Jesucristo y como
su llamada cargar con ella como condición
para el seguimiento.
La cuaresma es TRANSFIGURACIÓN:
es la luz definitiva del camino cuaresmal,
preanunciada y pregustada en la escena
de la transfiguración de Jesús.
“Por la cruz a la luz”.
La cuaresma es el ESFUERZO
por retirar el fermento viejo e incorporar la
levadura nueva de la PASCUA RESUCITADA
Y RESUCITADORA, ahora y para siempre.
P. Javier Leoz
Busquemos ser realmente fieles a Cristo siguiendo el ejemplo del Padre celestial, quien es rico en misericordia, dejando que Él cautive nuestro corazón y saque de ahí a los falsos ídolos.
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La transfiguración no es una alteración de lo que Cristo era sino un momento de revelación de lo que siempre fue.