[Predicación en la Parroquia de la Inmaculada Concepción, en Hialeah, Florida. Julio de 2014.]
Victoria sobre los obstáculos a la sanación
(Apuntes de Semper Fiat)
1. Fray Nelson enfocó su primera predicación a 5 de los muchos obstáculos que no nos permiten abrirnos a la acción sanadora y liberadora de DIOS.
2. En la segunda charla dio el “antídoto” para que se rompan dichos obstáculos, y que resumió en la palabra “Rendirse”.
Es ese acto humilde de mi libertad de reconocerme enfermo, pero también incapaz de sanar por mis propias fuerzas.
Es el hermoso movimiento de mi voluntad que le dice a DIOS:
¡¡¡Tú ganas, haz de mí lo que quieras, cuando quieras, y como quieras!!!
3. Aplicó ese “rendirse” a cada uno de los 5 obstáculos, pero por espacio les resumo el contenido:
– Muchos creen que se han rendido a DIOS, y lo han hecho, pero con la “fotocopia” de su enfermedad. Y las fotocopias siguen siendo soberbia. Él quiere que te rindas con total transparencia y confianza en Él.
– Rendirse es reconocer que para DIOS no hay imposibles.
– Rendirse implica “nacer de nuevo”, es decir, ser “paridos” por la gracia que DIOS da principalmente en los sacramentos.
– El que se rinde deja trabajar al alfarero, por tanto está dispuesto a ser ablandado y moldeado por sus manos.
– El que se rinde no condiciona, no pone tiempos límite, ni depende de la reacción de otros.
1. La soberbia es un obstáculo para la sanación que da DIOS, porque el soberbio apela a sí mismo como su propio médico. Algunos ejemplos sencillos de soberbia:
– El varón que siempre quiere tener el control, y nadie le puede decir que algo hace mal. Y si por acaso reconoce el mal, él dice que él lo arregla. Es decir, se cree en cierto modo omnipotente.
– La mujer que viendo la cantidad de vicios y pecados de su novio, piensa que en el matrimonio lo va a cambiar. Es decir, también se siente en cierta manera omnipotente.
¡Evidentemente quien se siente omnipotente coloca la acción del verdaderamente omnipotente, es decir, de DIOS, en segundo plano!
3. El poder de la soberbia está en que se adhiere al bien. Ejemplos:
– Eres inteligente (es algo bueno)… luego la soberbia hace creerte que tu inteligencia lo puede todo.
– Eres bella (es algo bueno)… luego la soberbia hace creerte que tu belleza lo puede todo.
4. Finalmente, la soberbia te impermeabiliza contra la acción de DIOS. De ahí vienen frases como:
“Yo esos de los retiros no los necesito” [Como si ya conocieras todo lo que DIOS es capaz de dar]
“Yo no necesito que me sanen de nada porque no estoy enfermo” [Como si conocieras todas tus heridas emocionales y espirituales]
“Yo no me confieso con un sacerdote que es igual o más pecador que yo” [Como si el perdón que DIOS da en el sacramento dependiera de la dignidad del sacerdote, y no de su gracia y misericordia], etc…
5. El soberbio no sana porque no reconoce la enfermedad, o reconociéndola no se deja ayudar.
II. La vanidad
La Vanidad es la hija mayor de la soberbia porque también nos retiene ante la ayuda que necesitamos, pero la diferencia está en que la Vanidad lo hace por vía de comparación. Ejemplo: Un matrimonio que participa de una oración de sanación y de liberación. Los dos los toca profundamente el ESPÍRITU SANTO, al grado que la mujer comienza a derramar abundantes lágrimas. El esposo, está a punto de lo mismo, pero al ver que su esposa -¡una mujer!- llora, y ser un machista, retiene las lágrimas por vanidad, porque no quiere hacer el “ridículo”. Y es precisamente mediante ese llanto humilde y totalmente rendido al poder de la gracia, que DIOS quería sanarle. Recomiendo hacer la oración de Santa Catalina de Siena: “¡Señor, dame la gracia del conocimiento de mí misma!” Porque la Vanidad por vía de comparación, siempre termina dándonos una definición falsa de nosotros mismos.
III. El soborno del pecado
1. El tercer obstáculo que impide la sanación de DIOS es nosotros es ¡el soborno!
2. Fray Nelson explica cómo el primero en sobornar es el pecado a través de ciertas ventajas que nos mantienen ciegos a nuestra realidad. Efectivamente el pecado ofrece ciertad ventajas, especialmente al principio, pero sus deseventajas y sus frutos son infinitamente más grandes y terribles. Cuando decía esto me recordaba de la frase de San Juan de Ávila: “¡Oh, pecado! ¿por qué nunca nos dices en qué vamos a terminar?”
3. Uno de los ejemplos que puso Fray Nelson: Sin mencionar su nombre, y pidiendo que no se mencione, hizo referencia a una cantante compatriota suya, es decir, colombiana, que para no dejar de ser relevante cada vez se degrada más en sus letras, vídeos y producciones. Es decir, por mantenerse relevante para que nadie le quite el puesto de fama que ha logrado al principio de forma decente, se deja sobornar y cae en la indecencia del pecado, y termina ciega ante la realidad de su enfermedad.
4. Finalmente mencionaba Fray Nelson que el que se deja sobornar por el pecado al final cae en la prostitución, porque se vende por unas ventajas temporales y engañosas, no sólo por dinero, sino por fama, aprecio, compañía, etc… Y esto le impide escuchar las ventajas de la gracia y sanación de DIOS.
IV. La venganza
1. El cuarto obstáculo que evita que recibamos cualquier tipo de sanación de DIOS es: ¡La venganza o el ajuste de cuentas!
2. Fray Nelson hacía notar que muchos son conscientes de que deben sanar, pero están dispuestos a ser sanados después de saldar cuentas pendientes. El peligro de este comportamiento, es que se condiciona el proceso de sanación a una voluntad ajena, que puede cambiar o no, y que no sólo puede retardar el comienzo de mi sanación, sino hasta puede definitivamente truncar mi sanación porque yo no sé cuánto tiempo más de vida me queda.
3. También Fray Nelson tocó brevemente el dato de cómo este tipo de comportamiento hasta puede ser causa de enfermedades físicas.
4. En conclusión, el que condiciona su conversión a la conversión del otro, ya no se mira así mismo, y terminará ignorando o justificando las propias faltas.
V. La autocompasión
1. El quinto y último obstáculo que mencionó Fray Nelson para evitar recibir cualquier tipo de sanación por parte de DIOS es: ¡La Autocompasión!
2. Hay gente que no sólo no quiere sanar, sino le gusta estar enfermo, porque así recibe un régimen especial, llama la atención y sobretodo, se quita de la responsabilidad de ser un miembro activo de la sanación de DIOS para otros, pues al final se autoconvence de que no hay nadie que sufra más que él; es la víctima por excelencia.
3. En conclusión, el autocompasivo reconoce su enfermedad [aunque algunas las inventa] pero no sale al encuentro de la sanación de DIOS, y mucho menos se pone a disposición de ella, pues le conviene ser el centro de atención y vivir ensimismado.
La renuencia de Cristo en atender a la cananea enseña la diferencia entre la salvación “barata” en que uno sigue a cargo de la vida, y la salvación real.
[Predicación en el “Domingo de Milagros” de los Misioneros de Jesús en el Bronx, NY, Agosto de 2014.]
* Que se abran las puertas; queden abiertas de par en par: Va a entrar el Rey de la Gloria. ¿Quién es el Rey de la Gloria? Es el Señor, fuerte y valiente; es el Señor Héroe valeroso de la guerra. (Véase Salmo 24).
* Nadie está lejos de la misericordia, del amor, de la sabiduría de Dios, porque Dios es grande.
* El Señor te lleva a una luz nueva. Dale un nombre a tu pozo: hasta allá puede llegar Dios, y de ahí te puede sacar.
* La fuerza de Espíritu es la que nos levanta. El que entra en combate ya empezó a entrar en victoria.
* Tu no puedes decir que Dios no puede hacer nada contigo, porque los mejores años de tu vida están por comenzar. ¡Gloria a Dios!
Un hombre que viajaba en avión hacia Singapur, cuando faltaban pocos minutos para aterrizar, se dio cuenta de que el joven que viajaba a su lado se estaba poniendo muy nervioso.
Pensó que posiblemente no estaba muy acostumbrado a viajar y que tenía cierto temor al aterrizaje. Pero de pronto el joven se dirigió a él y le preguntó: –¿Es cierto que en este país las personas que son descubiertas pasando droga las ahorcan? –¡Efectivamente! le respondió, en este país si encuentran a alguien con droga, la pena que les imponen es morir ahorcado.
El muchacho se calló durante unos segundos. De pronto se levantó y se fue al servicio. Después de unos minutos, regresó a su asiento, pero tenía una mirada distinta, una mirada de alivio.
El hombre, suponiendo lo que había ocurrido, le preguntó: –¿Te has deshecho de todo lo que llevabas encima y que te ponía en peligro? El joven lo miró avergonzado y dijo: -Sí Señor, pero por favor, no se lo diga a nadie.
Al llegar a Singapur la policía retuvo al joven para inspeccionarle el equipaje y hacerle un control rutinario. Afortunadamente para él, ya se había deshecho con anterioridad de todo el equipaje no permitido en ese país.
Durante nuestra vida vamos llenando nuestro equipaje de hábitos, costumbres, creencias, valores y fundamentos que, además de cargarnos en exceso, son peligrosos y contrarios a la voluntad de Dios. Eso nos pone muchas veces en aprietos, nos causa vergüenza, confusión y siempre acaba por afectar nuestra vida y la de los que nos rodean de una manera negativa y casi siempre destructiva.
¿Estás llevando algún equipaje del que necesitas deshacerte antes de que te cause más problemas?
Muchas veces sabemos que llevamos algo prohibido en nuestro corazón y otras veces no somos muy conscientes y necesitamos identificarlo. Quizás pienses que, en el fondo, todos somos humanos y que es normal tener algún fallo. Incluso es posible que pienses que forma parte de ti, que es imposible arrancarlo de tu vida y te resignas diciendo, «yo soy así»
Bueno, esos pensamientos son normales, pero también nos indican cuál es el grado de religiosidad y conformismo en el que muchas veces estamos atrapados.
Al hablar de «Religiosidad» me refiero a que, a veces, somos capaces de ir los domingos a la iglesia y vivir una vida más o menos correcta y aceptable cuando estamos con nuestra familia, y al mismo tiempo de vivir de una forma totalmente distinta cuando estamos en el trabajo, con las amistades o solo.
Al hablar de «Conformismo» me refiero a esa actitud pasiva que hace que no tomemos la decisión ni demos los pasos concretos para solucionar o poner fin a un problema conocido.
El conformista lo que hace es todo lo contrario, utiliza todos sus esfuerzos en buscar formas de justificar sus errores y pecados.
La diferencia entre la mochila del joven del avión y nuestro equipaje, es que a nosotros no nos resulta tan fácil deshacernos del equipaje autodestructivo. Sería fantástico poder tirarlo a la basura, pero no, porque nuestro exceso de equipaje no es externo, sino interno.
Es imposible hacerlo por nosotros mismos. Esa es la razón por la que Jesucristo murió en la cruz. Si nosotros fuéramos capaces de tratar con nuestro propio pecado, su muerte no hubiera sido necesaria.
[Predicación para la Comunidad Horeb del Minuto de Dios, en Bogotá. Mayo 31 de 2014.]
* Al utilizar la expresión: “el” corazón, tenemos un recordatorio del ideal familiar de unidad y de un sólo amor, en el amor de Dios.
* Por contraste, vivimos tiempos de división: a menudo cada cónyuge intenta asegurar “su” espacio, “sus” derechos, “sus” amistades. Pasa también que los hijos hacen de sus alcobas pequeños imperios en donde se supone que nadie tiene derecho a entrar sin permiso.
* Manejamos muchas máscaras y muchas imágenes falsas: queremos presentarnos como “el hombre de acero,” o como “la eterna víctima.” Otras imágenes frecuentes pero no menos falsas son la del sabelotodo y la de la impecable.
* ¿Por qué usamos esas imágenes y máscaras? Básicamente porque tienen ventajas en términos de controlar situaciones y de manipular personas. Pero esas falsedades son una trampa que nos deja prisioneros de lo que pretendemos ser. Sucede a veces que, cuando se acerca la hora de la muerte, unos y otros sienten que queda muy poco tiempo para decir las palabras sinceras y para reconstruir puentes que derribamos hace mucho tiempo.
* Jesucristo es experto en quitarnos esas máscaras, sobre todo a través de tres caminos:
(1) Hay poder de sanación en su voz, en sus manos, en el fuego de su Amor. En general, los enfermos se arriesgan a mostrar sus heridas si saben que van a ser curadas.
(2) Su palabra y su ejemplo nos atraen a la santidad (en la verdad) y nos llaman a la conversión de nuestros pecados.
(3) A menudo, Él mismo nos interpela y denuncia nuestras incongruencias, arrogancias y mentiras. No confundamos sin embargo la acusación, que es lo propio del diablo, y que pretende hundirlo a uno en la culpa, con la denuncia, que es lo propio de Cristo y los profetas, y que quiere liberarlo a uno del lastre del pecado.
[Serie de catequesis para las Monjas Dominicas del Monasterio de la Madre de Dios, en Baeron, Jenchen, Corea del Sur. Cada predicación fue traducida del español al coreano frase por frase, lo cual da un ritmo diferente a esta serie.]
Tema 9 de 16: Convertirse de corazón
* La misericordia sin arrepentimiento se vuelve complicidad. Pero arrepentirse es algo que nuestra sociedad rechaza, porque lo asocia con debilidad, que produce descrédito.
* El cristianismo predica el arrepentimiento no para hundirnos en la desesperación sino para abrirnos desde la verdad de lo que somos al amor que Dios nos ha dado en su Hijo.
* Aunque la vida tiene numerosos condicionamientos y los márgenes de la libertad humana a veces son muy estrechos, en esa rendija de libertad se juega nuestra posibilidad de abrirnos al amor que transforma.
[Serie de catequesis para las Monjas Dominicas del Monasterio de la Madre de Dios, en Baeron, Jenchen, Corea del Sur. Cada predicación fue traducida del español al coreano frase por frase, lo cual da un ritmo diferente a esta serie.]
Tema 8 de 16: Conversión
* Cristo dijo en primer lugar a aquel paralítico: “Tus pecados son perdonados;” esto lo dijo antes de sanar su cuerpo. Ese orden en el actuar de Cristo nos enseña algo importante sobre el lugar central de la conversión en la predicación del Evangelio.
* La propuesta de Cristo en su Evangelio no puede reducirse a la serenidad, la armonía o la tranquilidad que pueden hallarse incluso en otras religiones y filosofías. Muchos misioneros en Oriente, como Anthony De Mello, se han confundido en este tema.
* El Evangelio no es un simple mejoramiento del tejido social ni tampoco un recurso terapéutico para lograr vencer algunos vicios o para alcanzar una cierta paz interior.
* Evangelizar no es simplemente dar una perspectiva nueva y positiva sobre la vida humana, es decir, no se reduce a una “iluminación.” Muchas cosas brillantes puede uno conocer sin que eso implique que uno ha acogido el Evangelio de Jesús.
* Cristo describe bien su misión en Lucas 4,16ss. Su obra es liberación y anuncio de gracia. Pero no debemos olvidar que esa misión se apoya y ratifica la misión del Precursor, Juan Bautista.
* La gran sanación del tejido social es la capacidad de volverse a Dios y reconocerle como Señor de todo cuanto somos: esto, por supuesto, implica abandonar el pecado y sobre todo: mirar hacia la necesidad del hermano.
[Serie de catequesis para las Monjas Dominicas del Monasterio de la Madre de Dios, en Baeron, Jenchen, Corea del Sur. Cada predicación fue traducida del español al coreano frase por frase, lo cual da un ritmo diferente a esta serie.]
Tema 5 de 16: El Conocimiento de sí en el encuentro con Cristo
* La Biblia nos habla de personas concretas. En aquello que vivieron leemos el actuar de Dios.
* La lectura de la propia vida es el mejor camino del conocimiento de sí. Tomemos como ejemplo al apóstol Pedro.
* En la pesca milagrosa, Pedro se da cuenta que toda su capacidad de experto tiene un límite, y aprende que Cristo es Señor de lo conocido y de lo desconocido. Al encuentro con el Señor, más allá de sí mismo, Pedro se ve a sí mismo.
* En la multiplicación de los panes, no sólo Pedro, sino también los demás apóstoles llegan a verse en su realidad de egoísmo: si despedían a la gente, parece que no era por compasión sino por propia conveniencia, para consumir lo que tenían para sí. El milagro de Cristo revela bondad divina, pero deja también a la luz la mezquindad humana, la de aquellos apóstoles, por lo menos.
* En la transfiguración, Pedro se descubre como capaz de salir de sí mismo. por un instante, su centro no es él, ni lo que le pase a él, sino Cristo, y la sublime belleza de su gloria.
* En la hora de la Cruz, Pedro se descubre incapaz de alcanzar el nivel de sus propias palabras, por más coherentes y generosas que estas sean.
* Es así que el encuentro con Cristo siempre nos remite a una verdad profunda sobre nuestra propia indigencia, con lo cual una puerta se abre, para que el regalo de la gracia divina se haga realidad en nosotros.