Dios que hizo maravillas en la conversión de San Pablo, quiere también obrar en nosotros para que desde nuestra propia vocación sirvamos de forma fecunda en la evangelización.
Cristo nos muestra el camino del retorno al Señor, haciendo la voluntad de Él. Recibamos a Jesús con humildad y bendigamos al Padre quien nos lo entregó para nuestra salvación.
Aprovechemos este tiempo de Adviento para confiar plenamente en Dios y disponer el corazón para recibir nuestro verdadero gozo y verdadera luz, a Jesús el Señor.
Este es el tiempo de volverse a Dios y decirle: “si muchas veces perdí mi tiempo y tu visita, perdóname Señor pero no me abandones, quiero ser verdadera obra y visión de paz para ti”.
* Hay procesos de conversión que nos llenan de alegría y admiración por su profundidad y agilidad; porque hay convicción y compromiso. Hay en cambio otros procesos que en su lentitud o inconstancia llaman al desaliento. ¿Por qué sucede esto?
* Claramente es el Espíritu de Dios quien está al frente del camino de nuestra conversión pero ello no disminuye la importancia que debemos dar a los varios “aceleradores” que pueden quitar obstáculos al trabajo de la gracia. Con ello en mente, revisamos brevemente experiencias claves en las vidas de algunos sanotos:
(1) Decepción (muerte de Isabel de Portugal) – Búsqueda de Eternidad – San Francisco de Borja
(2) Duda – Anhelo de verdad – San Justino
(3) Futilidad – Búsqueda de verdadera victoria – San Bruno
(4) Fragilidad – Anhelo de firmeza – Santa Catalina de Siena
(5) Fractura – Búsqueda de la gracia de la coherencia – San Agustín de Hipona
Cristo es severo y tierno a la vez, nos dice: “si no hay conversión lo que te espera es la muerte eterna”; pero a la vez nos da nuevas oportunidades con su infinita misericordia y paciencia.