Catheriniana – 08, Teología del Amor, parte 4

[Catheriniana es una serie de reflexiones sobre aspectos de la enseñanza de Santa Catalina de Siena. Para sacar mayor provecho de estas conferencias es muy recomendable revisar primero la serie sobre su vida, y después la serie sobre los fundamentos de su doctrina espiritual. Si se quiere acceder a todas las publicaciones de este blog sobre la Santa Doctora, hacer click aquí.]

Tema 8: Amar al prójimo

* Testimonios sobre el camino del amor al prójimo en Catalina de Siena

+ En su tiempo de ermitaña en casa, conciencia de unidad con la Iglesia (uniéndose a la vida de oración de los frailes dominicos de Siena) y de unidad orgánica con la sociedad de su tiempo (penitencias que hace en tiempo de carnaval).
+ Caridad en casa: espíritu de servicio, discreción, disponibilidad.
+ Servicio a los pobres y amor al despojarse de todo para dar.
+ Servicio a los enfermos, siguiendo el ejemplo de Cristo, que no tuvo asco de nuestra condición.
+ Predicación: palabra encendida en fuego de caridad, que ofrece consejos, llamados a la conversión, doctrina.

* ¿Cómo definir propiamente el amor al prójimo?

+ Buscar el bien (implica discernimiento, sabiduría, lucidez)
+ que Dios pensó (implica humildad, oración, anhelo del Reino de Dios)
+ y es más necesario al prójimo (implica cercanía, capacidad de priorización)
+ en su circunstancia presente (implica capacidad, deseo y eficacia al actuar).

* Pasos:

+ Orar
+ Reconocer la propia nada
+ Unir lo masculino (valentía) y lo femenino (compasión)
+ Recordar nuestra limitación en la virtud y en el tiempo
+ ¡Volver a orar!

¿Y si no llega la pareja adecuada?

Fray Nelson, le quería pedir un consejo mi vida es un caos no he podido casarme el amor nunca llega para quedarse conmigo solo lo veo pasar a otras mejores; no viene al caso entrar en detalles le aburriría pero quisiera saber que opina Ud de que Dios nos hace sus esposas y no quiere que estemos con nadie es quien se ocupa de quitarnos de nuestro camino… o es el mal que destruye las relaciones porque odia y no puede ver el amor de pareja. Uno crece con las muñecas pensando en ser madre; ya llego a 50 y me duele pensar que estaré sola; todos me dicen es Jesús su esposo, cosas así siempre… pero yo no siento nada de ser monja… ando muy triste. -E.

No necesariamente hay que buscar una explicación sobrenatural. Las simples estadísticas muestran que siempre hay un número de mujeres que no tendrán pareja. por supuesto, para quienes no desean ese estado de vida, es muy triste ser parte de una estadística fría. Y esa tristeza no se va simplemente con una espiritualización apresurada del tipo: “Cristo es mi esposo.” Es verdad que hay personas que por vocación sienten así sobre Cristo pero esa es una decisión que han tomado libremente, no una condición que la vida les ha puesto encima.

¿Qué hacer entonces? Propongo tres puntos:

1. Darse cuenta que es una parte de la vida humana que no siempre se cumplen nuestros sueños. Hay gente que siempre quiso tener una casa propia, o siempre quiso tener un determinado trabajo, o siempre quiso viajar a algún sitio, o siempre quiso tener un hijo, o suiempre quiso casarse. No hay una explicación general de por qué tantos sueños que parecen legítimos y razonables no se realizan. En algún caso uno puede pensar que Dios podría estar preservando a una persona de algún tipo de daño o desengaño pero eso si acaso puede servir en unas cuantas historias. De nuevo, lo único que tenemos son las duras estadísticas que muestran que muchas personas no tendrán algunas alegrías particulares que hubieran querido tener. Y si las cosas les pueden suceder a algunos, ¿por qué no a nosotros?

Este tipo de dolor se parece mucho a un duelo. Uno puede disgustarse, enloquecerse, deprimirse o tratar de disimular pero la ausencia permanente del ser amado no cambia con nada de eso.

¿Qué hace una persona en un duelo? Toma las enseñanzas, atesora los buenos recuerdos, agradece lo que hay que agradecer y poco a poco va enfocándose en nuevas metas. En vez de llorar ante una puerta cerrada hay que ver qué puertas están abiertas.

2. Enfocarse en lo que sí es posible hacer y si trae satisfacción personal profunda. Uno no debe estar comparando alegrías. Lo que no se pudo, no se pudo. Pero el hecho de que una alegría no haya podido ser no quita que haya otras alegrías que sí pueden llegar a nuestra vida; alegrías y bienes que quizás han estado tocando a nuestra puerta. Por dar un ejemplo de algo distinto: hay personas que cuando terminan su época laboral y se jubilan (retiran) entran en depresión porque no pueden hacer lo que les gustaba. Pero también hay personas que empiezan a descubrir otro tipo de actividades que de hecho quedaban siempre pospuestas o incompletas debido al mucho trabajo.

Además de pensar en cómo hubiera sido su vida si hubiera estado casada, ¿qué más puede hacer una mujer? ¿Va a pasarse el día pensando sus pensamientos? Algunas toman ese camino que por supuesto les enferma el cuerpo y el alma. Otras van descubriendo que hay muchas fuentes de satisfacción, trabajo y alegría que no están ligadas al matrimonio. No todo en la vida debe definirse por “me casé” o “no me casé.” Ese es un descubrimiento fundamental. El valor integral de la vida no proviene de un solo aspecto o dimensión. Las personas con una fe viva en Cristo descubren esto más pronto porque Él nos pone en la ruta para sabernos y sentirnos amados por Dios Padre, y ese amor no se limite a “Tuve el trabajo que quería” “Me casé con el hombre que quería” o cosas parecidas. Además, la ruta de la fe nos ayuda a ver que todas esas alegrías, aunque sean grandes y legítimas, terminan con la hora de la muerte. Jesucristo en cambio nos invita: “Atesorad tesoros en el cielo…”

3. Por último, y puede ser lo más importante, es necesario ser miembros vivos de comunidades de fe en nuestras parroquias o en movimientos católicos reconocidos y autorizados. Al demonio le encanta vernos obsesionados con “algo” porque ese deseo concentrado pronto hace que caigamos en idolatría, y a la vez nos vuelve ciegos a los demás bienes que quizás Dios quiere otorgarnos.

Una comunidad de fe, donde haya oración, formación y evangelización, o sea, servicio de la Buena Nueva a otras personas, nos saca de las trampas en las que es tan fácil caer. Pronto nos damos cuenta que los demás no están necesitándonos únicamente ni principalmente por el trabajo que tengamos, el dinero que ganemos o la persona con la que nos hayamos casado. Esas cosas no necesariamente nos hacen buenos servidores de nuestros hermanos. En cambio, sí hay algo que mejora todo en nosotros: una vida de oración, no para ganar favores de Cristo sino porque Él es bueno y de su bondad nos hace partícipes.

Urgencia mundial, enseñar a amar

“El comportamiento de mañana depende de lo que hoy cada hijo respira en medio de las caricias o de las discusiones de sus padres. El niño aprende a pensar en casa que los vecinos son amigos o son enemigos, que los niños y las niñas merecen el mismo respeto o si es mejor ser chico que chica (o al revés), que hay que respetar o despreciar a los que son de religión distinta de la propia. Seguir las reglas de tráfico, respetar los juguetes que se encuentran en una tienda, ayudar a un anciano a cruzar la calle: todo eso será posible si en casa Chava o Lupita ven que sus padres les dan ejemplo y les enseñan las normas fundamentales de educación y de respeto…”

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Catheriniana – 07, Teología del Amor, parte 3

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Tema 7: Amar a Dios

* Nuestro amor hacia Dios es como el reflejo de la luz del sol sobre la luna; ella no tiene luz propia pero sí puede reflejar y dar de lo que recibe.

(1) Lo primero es conocer porque del conocimiento brota el amor. San Juan dice: “Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él” (1 Juan 4, 16).

(2) El amor divino es creador, redentor y santificador. Como creador lo conocemos en la naturaleza y en nuestro propio ser; como redentor lo conocemos en nuestra historia; como santificador en los frutos y dones del Espíritu.

(3) Del conocimiento se pasa al agradecimiento y la alabanza. La alegría, la paz, el hambre de Dios son señales muy propias de esta etapa, y señales muy visibles en la vida de Catalina.

(4) Viene luego el deseo de unión, que conlleva la voluntad resuelta de evitar lo que le disgusta a él, y el deseo de semejanza.

(5) La unión se convierte así en ofrenda de sí mismo, del propio tiempo, los intereses, los recursos, y hasta la propia vida.

(6) La unión nos hace cercanos a los intereses de Dios: el amor hacia él se convierte en ardiente deseo de que su causa triunfe: que él sea conocido, amado y obedecido en todas partes. El amor de Dios deviene amor al prójimo.

(7) Al comprender que el gran “proyecto” de Dios es la Iglesia, nos hace vivos amadores de la Iglesia, queriendo sanarla, restaurarla, dotarla de los dones y gracias necesarios para su vida y misión.

Audacia del amor

¿Has visto? -¡Con El, has podido! ¿De qué te asombras? -Convéncete: no tienes de qué maravillarte. Confiando en Dios -¡confiando de veras!-, las cosas resultan fáciles. Y, además, se sobrepasa siempre el límite de lo imaginado.

¿Quieres vivir la audacia santa, para conseguir que Dios actúe a través de ti? -Recurre a María, y Ella te acompañará por el camino de la humildad, de modo que, ante los imposibles para la mente humana, sepas responder con un «fiat!» -¡hágase!, que una la tierra al Cielo.

Más pensamientos de San Josemaría.

Así habla un santo

“Te doy mi voluntad. Con ella te amo, te amo, te amo. Quiero vivir repitiendo siempre lo mismo, y así quiero morir, diciendo: Dios mío, te amo.”

San Alfonso María de Ligorio

Conocer y amar la Iglesia, 1 de 2

[Predicación en la Parroquia de la Inmaculada Concepción en San Luis Potosí, México.]

Parte 1 de 2: Relación entre el amor a Dios y el amor al prójimo

* Cuando uno habla de Jesucristo es fácil quererlo , pero al hablar de la Iglesia, no es tan fácil quererla. El papa Francisco habla de la necesidad de mantener unidos el amor a Cristo y el amor a la Iglesia porque “no se puede amar a Cristo si no se ama a la Iglesia.” Nosotros somos los hijos de la Iglesia. Su realidad es misteriosa porque en ella están presentes lo humano y lo divino pero tiene llagas que son sobretodo nuestros pecados y como hijos debemos amarla, cuidarla y curarla.

* Se tocarán tres temas:

– RELACIÓN ENTRE EL AMOR A DIOS Y EL AMOR AL PROJIMO
– PROPÓSITO DE CRISTO CON LA IGLESIA
– COMO PODEMOS AYUDAR EN LOS MOMENTOS DIFICILES DE LA IGLESIA

I. RELACIÓN ENTRE EL AMOR A DIOS Y EL AMOR AL PRÓJIMO:

* En la Escritura aparece que apenas se rompe el vinculo de amor y de unidad entre el hombre y Dios, de inmediato se rompe también el vínculo entre nosotros los seres humanos, es decir que apenas se daña el amor a Dios, se daña el amor al prójimo. Amar a Dios es amar lo mas perfecto en cambio amar al prójimo es amar las imperfecciones que cada uno de nosotros tiene.

* Nosotros como humanidad somos como un poema que pronuncia y crea Dios, por eso cada una de sus sílabas tiene que ser perfecta, y esa perfección es lo que se llama la santidad. Si una de ellas estuviera borrosa, no se vería tan claro el mensaje. Dios ha expresado su ser, gloria y bondad en un poema que es la creación y en esa creación las siglas mas significativas somos nosotros los seres humanos y es el pecado el manchón que no deja ver la gloria de Dios de modo que siguiendo la analogía, el manchón deja entrever a medias el poema de Dios.

* Así el demonio tiene enemistad con la mujer y quiere destruir el plan que Dios tiene para ella empezando por el encargo en el que nada y nadie puede reemplazarla que es dar humanidad, es por eso que el demonio la detesta. Pero también a todo ser humano, porque el demonio quiere destruir el poema de Dios. De aquí se pueden entender 3 cosas importantes:

(1) El pecado que cada uno de nosotros comete, no se queda únicamente en sí mismo, sino que atenta contra la gloria de Dios.

(2) Dios siente dolor por la pérdida de un hijo, lo pierde cuando esta en el pecado.

(3) Cuando se le enseña a un ser humano de quién es hijo y quién le ha amado, se esta limpiando lo que estaba manchado.

* La irrompible relación del amor a Dios y al prójimo es esta: PORQUE AMO A DIOS, QUIERO QUE BRILLE LA GLORIA DE DIOS EN LA VIDA DEL PRÓJIMO. El amor al prójimo no es un asunto de simpatía, es el deseo de que aparezca la luz y el amor de Dios en él.

¿Qué es el amor?

En una de las salas de un colegio habían varios niños. Uno de ellos preguntó:

Maestra… ¿qué es el amor?

La maestra sintió que la criatura merecía una respuesta que estuviese a la altura de la pregunta inteligente que había formulado. Como ya estaban en hora de recreo, pidió a sus alumnos que dieran una vuelta por el patio de la escuela y trajesen lo que más despertase en ellos el sentimiento del amor.

Los chicos salieron apresurados y, cuando volvieron, la maestra les dijo:

Quiero que cada uno muestre lo que trajo consigo.

El primer alumno respondió: Yo traje esta flor, ¿no es linda?

Cuando llegó su turno, el segundo alumno dijo: Yo traje esta mariposa. Vea el colorido de sus alas; la voy a colocar en mi colección.

El tercer alumno completó: Yo traje este pichón de pajarito que se cayó del nido, hermano: ¿no es gracioso?

Y así los chicos, uno a uno, fueron colocando lo que habían recogido en el patio.

Terminada la exposición, la maestra notó que una de las niñas no había traído nada y que había permanecido quieta durante todo el tiempo. Se sentía avergonzada porque no había traído nada.

La maestra se dirigió a ella y le preguntó:

Muy bien: ¿y tú? ¿no has encontrado nada?

La criatura, tímidamente, respondió: Disculpe, maestra. Vi la flor y sentí su perfume; pensé en arrancarla pero preferí dejarla para que exhalase su aroma por más tiempo. Vi también la mariposa, suave, colorida, pero parecía tan feliz que no tuve el coraje de aprisionarla. Vi también el pichoncito caído entre las hojas, pero… al subir al árbol, noté la mirada triste de su madre y preferí devolverlo al nido.

Por lo tanto, maestra, traigo conmigo el perfume de la flor, la libertad de la mariposa y la gratitud que observé en los ojos de la madre del pajarito. ¿Cómo puedo mostrar lo que traje?

La maestra agradeció a la alumna y le dio la nota máxima, considerando que había sido la única que logró percibir que sólo podemos traer el amor en el corazón.