Una voluntad formada para AMAR

Persevera, voluntariamente y con amor -aunque estés seco-, en tu vida de piedad. Y no te importe si te sorprendes contando los minutos o los días que faltan para acabar esa norma de piedad o ese trabajo, con el turbio regocijo que pone, en semejante operación, el chico mal estudiante, que sueña con que se termine el curso… Persevera -insisto- con eficaz y actual voluntad, sin dejar ni un instante de querer hacer y aprovechar esos medios de piedad.

Vive la fe, alegre, pegado a Jesucristo. -Amale de verdad -¡de verdad, de verdad!-, y serás protagonista de la gran Aventura del Amor, porque estarás cada día más enamorado.

Dile despacio al Maestro: ¡Señor, sólo quiero servirte! ¡Sólo quiero cumplir mis deberes, y amarte con alma enamorada! Hazme sentir tu paso firme a mi lado. Sé Tú mi único apoyo. -Díselo despacio…, ¡y díselo de veras!

Más pensamientos de San Josemaría.

Breve ordo para la semana
del 18 al 24 de Abril de 2021

Homilías breves para esta semana:


Lectura Espiritual para esta semana:


Liturgia de las Horas para esta semana:

18 de Abril de 2020: Domingo III de Pascua, ciclo B

Lunes 19:

Martes 20:

Miércoles 21:

Jueves 22:

Viernes 23:

Sábado 24:



Desde ya hay que prepararse para las difíciles conversaciones post-pandemia

La pandemia de COVID-19 está todavía lejos de terminar. Tristemente. Sabemos, sin embargo, que en algún punto, dentro de los próximos 48 meses, podrá decirse que se ha superado. Y confiamos en Dios que muchos de nosotros estaremos ahí para alegrarnos, dar gracias a Dios, y recordar entre lágrimas a quienes nos dejaron. Propongo que desde ya nos preparemos para las difíciles conversaciones que inevitablemente tendremos en aquel futuro, que no es remoto pero tampoco tan cercano.

La pandemia no sólo ha herido cuerpos: ha lastimado también relaciones de amistad; ha fracturado familias; ha causado perplejidad en fieles católicos, obligados a escoger entre las opiniones, muchas veces rígidas, de algún sacerdote, en contraste con las opiniones, también rígidas, de algún otro sacerdote. Que si había que vacunarse o no; que si los confinamientos servían o no servían; que si el Apocalipsis estalló o no estalló o qué lo detuvo; que si el virus fue hecho por orden del Nuevo orden Mundial o no; que si las cifras eran reales o eran medio de manipulación… Todas o muchas de esas conversaciones aparecerán en el momento menos esperado y creo que en ese sentido es bueno preparar el corazón con grandes dosis de serenidad, humildad, acogida, comprensión y búsqueda de unidad.

¿Lo habías pensado?

¿Es posible un concierto global de grandes potencias?

“Richard N. Haass, expresidente del Council for Foreign Relations, y Charles A. Kupchan, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad de Georgetown, han publicado un artículo conjunto sobre la necesidad de restaurar en el mundo del siglo XXI el concierto de las grandes potencias, que ocupó un lugar destacado en la política internacional entre el Congreso de Viena (1815) y el estallido de la Primera Guerra Mundial (1914)…”

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La justicia es la mayor de las virtudes morales

Si hablamos de la justicia legal, es claro que ésta es la más preclara entre todas las virtudes morales, en cuanto que el bien común es preeminente sobre el bien singular de una persona. Y según esto, el Filósofo, en V Ethic., afirma que la más preclara de las virtudes parece ser la justicia, y no son tan admirables como ella ni el Héspero ni Lucifer.

Pero, aun refiriéndose a la justicia particular, también ésta sobresale entre las otras virtudes morales por doble razón: la primera de las cuales puede tomarse por parte del sujeto, es decir, porque se halla en la parte más noble del alma, en el apetito racional, esto es, en la voluntad, mientras que las otras virtudes morales radican en el apetito sensitivo, al que pertenecen las pasiones, que son materia de las otras virtudes morales. La segunda razón deriva de parte del objeto, pues las otras virtudes son alabadas solamente en atención al bien del hombre virtuoso en sí mismo. En cambio, la justicia es alabada en la medida en que el virtuoso se comporta bien con respecto al otro; y así, la justicia es, en cierto modo, un bien de otro, como se dice en V Ethic. Y por esto el Filósofo, en I Rhet., afirma: Las virtudes más grandes son necesariamente aquellas que son más útiles a otros, ya que la virtud es una potencia bienhechora. Por eso son honrados preferentemente los fuertes y los justos, porque la fortaleza es útil a otros en la guerra; en cambio, la justicia lo es en la guerra y en la paz. (S. Th., II-II, q.58, a.12 resp.)


[Estos fragmentos han sido tomados de la Suma Teológica de Santo Tomás, en la segunda sección de la segunda parte. Pueden leerse en orden los fragmentos publicados haciendo clic aquí.]