Perseverancia, perseverancia y más perseverancia

Tú -como todos los hijos de Dios- necesitas también de la oración personal: de esa intimidad, de ese trato directo con Nuestro Señor -diálogo de dos, cara a cara-, sin esconderte en el anonimato.

La primera condición de la oración es la perseverancia; la segunda, la humildad. -Sé santamente tozudo, con confianza. ¡Insiste!…, pero insiste siempre con más confianza.

Persevera en la oración, como aconseja el Maestro. Este punto de partida será el origen de tu paz, de tu alegría, de tu serenidad y, por tanto, de tu eficacia sobrenatural y humana.

Tu vida ha de ser oración constante, diálogo continuo con el Señor: ante lo agradable y lo desagradable, ante lo fácil y lo difícil, ante lo ordinario y lo extraordinario… En todas las ocasiones, ha de venir a tu cabeza, enseguida, la charla con tu Padre Dios, buscándole en el centro de tu alma.

Más pensamientos de San Josemaría.

Nuestra época solo usa la razón para el cálculo, todo lo demás se deja a la emoción

“En este momento, el nihilismo es lo más extendido en el mundo. No debemos presentar el nihilismo como el de la Rusia del siglo XIX, como el rebelde Bazarov en Padres e hijos de Turguénev, y a los nihilistas como personajes barbudos y enmascarados con una gran bomba en las manos. Hoy domina un nihilismo suave, no violento, que consiste en reducir el mundo a la experiencia inmediata que tenemos de él en el momento…”

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Breve ordo para la semana
del 24 al 30 de Octubre de 2021

Homilías breves para esta semana:


Lectura Espiritual para esta semana:


Liturgia de las Horas para esta semana:

24 de Octubre de 2021: Domingo XXX del Tiempo Ordinario, Ciclo B

Lunes 25:

Martes 26:

Miércoles 27:

Jueves 28: Fiesta de los Santos Apóstoles Simón y Judas Tadeo

Viernes 29:

Sábado 30:



La huella de un Papa grande – Un testimonio

El 22 de Octubre de 1978 resonó con fuerza la voz del recién elegido Papa Juan Pablo II: “¡No tengáis miedo!” En sus primeras palabras como sumo pontífice explicó por qué se podía y debía vencer el miedo: “¡Abrid las puertas a Jesucristo!”

Yo era un adolescente medianamente interesado en cosas de la Iglesia y en realidad extrañado por que hubiera que elegir otro Papa tan pronto, después de la repentina partida de Juan Pablo I. El hecho de que este nuevo Papa mostrara desde el principio su “programa de gobierno”, que no era otro sino proclamar la absoluta centralidad de la redención de Cristo, me impactó positivamente. me hizo sentir que uno podía confiar en una institución que tiene claro su mensaje.

Poco a poco me fui dando cuenta que eso que me había cautivado tanto del papa polaco había tenido también un impacto muy grande en millones y millones de personas. Muchos sentíamos y sentimos que, en la medida en que Cristo sea anunciado hacia adentro y hacia afuera de la Iglesia, la misma Iglesia encontrará caminos para renovarse y para mejor servir al mundo. Juan Pablo II hizo que muchos sintiéramos la Iglesia como una realidad viva y vivificante: una fuerza que puede hacer algo por el mundo precisamente porque puede darle al mundo algo que el mundo no puede darse, esto es, el mensaje potente de Cristo.

No dudo que la figura santa y valiente de Juan Pablo II influyó en mí y me empujó con amor a tomar la decisión de entregarme a Cristo y a su Cuerpo, que es la Iglesia. Lo vi en persona en Chiquinquirá, en 1986, hace 35 años, y su cayado de pastor ha sido una referencia permanente en mi vida de cristiano y de sacerdote.