¿Oran por nosotros los santos del cielo?

Que, como escribe San Jerónimo, el error de Vigilancio consistió en pensar que mientras vivimos podemos orar los unos por los otros; pero que, después de la muerte, no será escuchada a favor de otro ninguna de nuestras oraciones, como no lo fueron ni siquiera las de los mártires para poder impetrar la venganza de su sangre. Pero esto es del todo falso. Porque, proviniendo de la caridad la oración por los demás, conforme a lo dicho (a.7.8), los santos que están en el cielo tanto más oran por los viadores, a quienes pueden ayudar con sus oraciones, cuanto más perfecta es su caridad; y sus oraciones son tanto más eficaces cuanto mayor es su unión con Dios. Pues lo normal, según el orden establecido por Dios, es que la excelencia de los superiores redunde en los inferiores, al igual que sobre el aire el resplandor que procede de la claridad del sol. Tal es también la razón por la que se dice de Cristo (Heb 7,25): El cual se acerca por sí mismo a Dios para rogar por nosotros. Y es por lo que San Jerónimo, Contra Vigilantium, dice: Si los apóstoles y los mártires, en su vida corporal, cuando aún debían preocuparse por sí mismos, podían orar por los demás, cuánto más después de haber alcanzado la corona, la victoria y el triunfo. (S. Th., II-II, q.83, a.11 resp.)


[Estos fragmentos han sido tomados de la Suma Teológica de Santo Tomás, en la segunda sección de la segunda parte. Pueden leerse en orden los fragmentos publicados haciendo clic aquí.]

Breve ordo para la semana del 6 al 12 de Marzo de 2022

Homilías breves para esta semana:


Lectura Espiritual para esta semana:


Liturgia de las Horas para esta semana:

6 de Marzo de 2022: Domingo I de Cuaresma, ciclo C

Lunes 7:

Martes 8:

Miércoles 9:

Jueves 10:

Viernes 11:

Sábado 12:



Antigua entrevista a Fray Nelson en Infocatólica

(Bruno Moreno/InfoCatólica) -Fray Nelson, ¿cuánto tiempo hace que es dominico? ¿Cómo descubrió su vocación?

Ingresé a la Orden hace casi veintiocho años. Si se cuenta desde que soy profeso, ello fue el 2 de Febrero de 1986. Si hablamos de ordenación sacerdotal, estoy por cumplir veinte años, desde el 21 de Marzo de 1992.

La vocación la descubrí en el contexto de los Grupos de oración de la Renovación Carismática Católica, en mi país, Colombia. Eso fue cuando tenía unos quince años. Pero no fui dócil a ese primer llamado. Vino uno segundo, esta vez irresistible, y que yo atribuyo a la Virgen María. También en la segunda ocasión la oración en grupo fue fundamental. Las bases, sin embargo, estaban dadas por una familia de firme convicción católica, sobre todo en mi madre.

-¿Qué significa el “fray”?

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«Derramado en libación» (2 Tim. 4,6)

«Derramado en libación» (2 Tim. 4,6)

Cuando pocas semanas antes de su muerte Pablo escriba a Timoteo, le dirá: «yo estoy a punto de ser derramado en libación» (2 Tim. 4,6). Se realizaba así de hecho aquello a lo que se había mostrado dispuesto desde mucho antes, como manifestaba escribiendo a los filipenses: «aun cuando mi sangre fuera derramada como libación sobre el sacrificio y la ofrenda de vuestra fe, me alegraría y congratularía con vosotros» (Fil. 2,17).

En la cárcel y a la espera de la sentencia, Pablo sabe que esta puede conducirle al martirio. Pues bien, ante esa posibilidad se muestra disponible y manifiesta su intensa alegría. Toda su vida de evangelizador ha sido como un gran sacrificio, pues mediante su predicación ha logrado que los gentiles sean convertidos en ofrenda para Dios (Rom. 15,16); pues bien, Pablo se muestra dispuesto a completar ese sacrificio y a perfeccionar esa ofrenda regándola con su propia sangre. Pablo contempla la muerte martirial como sello de todo su apostolado.

Y un sello ciertamente coherente. Pues Pablo sabía que Dios mismo había reconciliado al mundo consigo por medio de su Hijo, al cual había constituido víctima por los pecados de los hombres (2 Cor. 5, 18-21); ahora bien, si a él se le había confiado el ministerio de la reconciliación (v. 18), no podía colaborar eficazmente en la reconciliación de los hombres con Dios sino mediante la ofrenda de la propia vida. De hecho, él no existía más que para el Evangelio; lo había entregado todo (tiempo, energías, inteligencia, salud…) sin reservarse nada; ahora -en absoluta coherencia- se disponía a derramar sacrificialmente su sangre para completar la reconciliación de los hombres con Dios y llevar a término la misión que Cristo le había encomendado.


El autor de esta obra es el sacerdote español Julio Alonso Ampuero, a quien expresamos nuestra gratitud. Aquí la obra se publica íntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse aquí.

Por sus frutos los conoceréis

«No hay árbol sano que dé fruto dañado, ni árbol dañado que dé fruto sano. Cada árbol se conoce por su fruto» (Lc 6, 43), nos enseña Jesús en el Evangelio de este domingo. La vida cristiana es la vida de Dios en nosotros, es la vida de Cristo como vid fecunda, cuya sabia corre por los sarmientos hasta dar fruto abundante.

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