Llegados al final del año litúrgico nos quedamos con dos certezas: (1) El poder se deshumaniza sin Dios: perder a Dios es perder al hombre. (2) Hay que vigilar porque lo vigilado, que somos nosotros mismos, es precioso ante Dios.
[podcast]http://fraynelson.com/homilias_mp3/i346004a.mp3[/podcast]
