To the best of my knowledge there is no such a title officially given to the Blessed Virgin. Yet I claim we duly may call her Our Lady of Good Repentance, and surely there is no better time to reflect on Mary and repentance than the Lenten season.
For a start, let us remember that in every Hail Mary we acknowledge our sinfulness in a most humble way, asking her powerful and efficacious intercession: Pray for us, sinners, now and at the hour of our death. In recognizing that we have sinned we remind ourselves the need of conversion; in asking for help, we admit that such a transformation is beyond the scope of our own strength, and thus we ask for God’s mercy and grace.
Since the Catholic faith holds that Mary was conceived without sin and that she led a sinless life, one may wonder why we recourse to her and how such a pure creature could sympathize with our soiled and even polluted condition. If she had nothing to be repented of, how might she lead me in my way towards contrition and then righteousness?

103.2. Una palabra; sólo hay una palabra que podré decirte siempre, cuando me atiendas y cuando no me atiendas, cuando me esperes y cuando no me esperes: es verdad que Dios te ama. Y en esa verdad está tu gozo, si la acoges; y tu juicio, si la rechazas. Ella es tu esperanza y tu fortaleza, si quieres luchar por el Reino de Dios; ella es tu baldón y tu vergüenza si renuncias el combate.
Les invito a reflexionar sobre un sentimiento que está en la raíz de toda vida humana, que acompaña a todo mortal, la violencia. No es algo nuevo para la humanidad e irrumpe en la vida humana desde el paraíso terrenal, acompañando al hombre desde entonces. En la sociedad actual, la violencia se ha convertido en una epidemia. Hay naciones donde los asesinatos, las violaciones, los robos, los asaltos violentos y los allanamientos han alcanzado niveles alarmantes en las últimas dos décadas. Elementos de formación humana tan poderosos como el cine y la TV se han convertido en maestros insuperables de la violencia, llegando hasta el hogar. Nos hemos convertido en volcanes de impaciencia, violencia y terrorismo. Y no fue así desde el principio.
Lo que yo he aprendido es que hay solamente dos errores que no se deben cometer cuando se trata de la Divina Providencia: 1. Desconfiar. 2. Imponer un camino. Si en algún caso uno materialmente no puede ayudar lo que ha de hacer es subir a la cruz con Jesús y desde allí clamar a Papá Dios que abra otro camino para que la ayuda de algún modo llegue.
102.2. En cada virtud hay un aspecto externo y uno interno. Pertenece al aspecto externo todo aquello que puedes describir sobre alguien cuando ves que tiene tal o cual virtud, especialmente en lo que respecta a su relación con las otras personas. Corresponde, en cambio, a la dimensión interna todo el ámbito de las intenciones y la disposición particular de alma que hace que la persona obre del modo virtuoso como obra.

Respiro profundamente, despacio. Ojalá viendo entrar y salir el aire de mis pulmones: el que sale es oscuro, el que entra es claro.