EL DIFÍCIL ARTE DE PERDONAR: El perdón es una necesidad de nuestro tiempo. Esa imperiosa necesidad surge del hecho de que nadie está libre de heridas, como consecuencia de frustraciones, decepciones, penas de amor, traiciones. Las dificultadas de vivir en sociedad se encuentran por doquier. Conflictos en las comunidades religiosas, en la familia, personas divorciadas, en las parejas, entre patrones y empleados, entre compañeros. Todos tienen algún día necesidad de perdonar para restablecer la paz y seguridad viviendo juntos. Para descubrir la plena importancia del perdón en las relaciones humanas, intentemos imaginar cómo sería un mundo sin él. Estaríamos condenados a perpetuar en nosotros mismos y en los demás el daño sufrido. Cuando lesionan nuestra integridad física, moral o espiritual, algo sustancial que ocurre en nosotros: una parte de nuestro ser se ve afectada, lastimada, incluso mancillada, como si la maldad del agresor hubiera alcanzado nuestro yo íntimo. Nos sentimos inclinados a imitar a nuestro agresor como si un virus contagioso nos hubiese infectado. Quién ha sido maltratado buscará maltratar, determinará no dejarse maltratar más. Estará a la defensiva y con todos tendrá desconfianza.
Si perdonar significa olvidar, ¿qué ocurriría con las personas dotas de una excelente memoria? El perdón les sería inaccesible. Por lo tanto, el proceso del perdón exige una memoria y una conciencia lúcida de las ofensa; si no, no es posible la cirugía del corazón. La prueba del perdón no es el olvido; el perdón ayuda a la memoria a sanar; la herida poco a poco va cicatrizando; el recuerdo de la ofensa ya no inflige dolor. Una memoria curada se libera y puede emplearse en actividades distintas del recuerdo deprimente de la ofensa. Las personas que afirman “Perdono pero no olvido”, han comprendido que el perdón no exige amnesia.

“¡Vuelve y juega!,” decimos en algunos países. Ya lo hicieron con Juan Pablo II; ahora ya empezaron a hacerlo con Benedicto XVI. Prepararse todos para el estribillo in crescendo: “el Papa está cansado; el Papa está débil; el Papa está enfermo; el Papa ya no gobierna; el Papa debería renunciar, porque quien manda es la Curia…” Con motivo de la
Voy a hablar de los comentaristas. Todos estarán de acuerdo en que es justo: ellos hablan de los bloggers; ha llegado la hora de nosotros hablar de ellos. Por lo menos, de clasificarlos, porque es un hecho que los hay de todos los pelambres. He aquí las principales especies:
El periódico EL TIEMPO 