El Perdón Alivia Transtornos Físicos

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La vida no es fácil para nadie, si bien algunos tenemos pruebas menos fuertes que otros. Ante acontecimientos difíciles, muchos de nosotros nos aferramos al dolor, a la rabia, la ira, al resentimiento; sin darnos cuenta que esos sentimientos son como cáncer que corroe nuestra alma y nuestra vitalidad. ¿Quién no ha sentido la punzada de la traición, un trato injusto o algo más gravoso? Muchos nos aferramos a la rabia y al dolor que nos causa, pero otros deciden no hacerlo. Las investigaciones más recientes muestran que aprender a perdonar puede reportarnos enormes beneficios. Es una eficaz manera de aplacar la ira, reducir el estrés y, quizá lo más importante, mejorar nuestra salud física, psicológica y espiritual.
Cada vez hay más pruebas de que perdonar a quien nos ha lastimado u ofendido produce efectos curativos muy profundos, no solo en el campo emocional, sino en nuestro mismo cuerpo. Así que la próxima vez que sientas el deseo de cargar con el pesado fardo del rencor y la amargura, el odio o la indiferencia, regálese el don del perdón.
También es importante perdonarnos a nosotros mismos nuestras deficiencias, errores y fallas. Sólo así podemos dejar atrás esos fantasmas que nos impiden vivir plenamente. La fuerza del perdón hace olvidar las ofensas, alivia el resentimiento y nos preserva de muchas enfermedades emocionales y cardiovasculares.

Alfonso Llano Escobar es un jesuita colombiano, algo más que octogenario, especialista en bioética, escritor asiduo del periódico EL TIEMPO de circulación nacional. Teniendo tan alta tribuna, el ilustre sacerdote ha decidido exponer sus opiniones no tanto sobre bioética, de la que poco escribe, sino sobre teología, pastoral o más o menos lo que quiera. Uno de sus últimos escritos lleva un título rotundo, que tiene carácter de testamento:
Cuando estamos haciendo un trabajo sobre el perdón, puede suceder que descubramos en nuestro interior una herida antigua que aún sigue viva, aunque de manera inconsciente. Esta herida es capaz de bloquear nuestro proceso de perdón. Por eso es necesario hacerla consciente y someterla a un proceso de curación. Un sacerdote psicoterapeuta nos propone hacer la siguiente
¡Gloria a Dios! Según
111.2. Las escalas que llevan a las profundas estancias del alma están hechas de palabras. La palabra es el sentido desgranado, así como el tiempo es la vida en sus migajas. Ningún momento será para ti tan bienaventurado como aquel en que oyes al Verbo: con sus palabras te ofrece escalas y caminos para que ingreses en su misterio y al calor de su fuego descanses tu cuerpo peregrino.